Una devaluación implícita que vuelve a poner el foco en los precios



Bienaventurados los argentinos que consigan acceder al dólar sin impuestos porque de ellos será el reino de las ganancias. Al menos, por un tiempo.

Así se podría resumir el anuncio de la devaluación implícita que acaba de anunciar el ministro de Economía, Martín Guzmán, que, como al pasar, dijo que las compras para atesorar moneda extranjera empezarían a pagar un impuesto de 30%.

Sólo esas palabras llevaron el dólar a $83 para el argentino de a pie que, lejos de ser rico, intenta guardar su capacidad de ahorro en alguna moneda que no pierda ceros y valor con el correr de los días. Ni siquiera los US$200 por mes que autoriza el cepo eleccionario del 27 de octubre tendrán ese precio.

La Argentina genera maravillas únicas en materia cambiaria. Este tipo de sistemas premian al importador que, si es que hay más pesos en la economía, puede trasladar el tipo de cambio de atesoramiento al precio. Por caso, ¿no es más negocio importar con un dólar de $63 e intentar pasar algo de la diferencia cambiara a precio que exportar a ese valor menos las retenciones? Por ahora, preguntas.

Empezará a diseñarse el nombre de este nuevo dólar. Ya está el blue, el oficial, el turista y llegará la hora del “dólar impuesto”: oficial más un tercio. Se regresa así, nuevamente, a un esquema de un dólar para actividad. Por caso, el sojero tendrá una cotización de $63 pesos menos 33% para vender sus productos al mundo, pero tendrá que comprar un dólar de $63 más 30% si quiere recorrerlo en busca de negocios o turismo, lo mismo da. Las puntas se escapan.

¿Qué precio tendrá la moneda de referencia para la política de precios? Esa es la gran pregunta. La nafta, por caso, tiene un precio muy por debajo del que se paga en el surtidor, prácticamente la mitad. El resto, son impuestos. Pero claro, nadie explica que el combustible tiene aquel valor sino el que se estampa en la factura. Con este dólar pasará lo mismo. Sólo unos pocos accederán a él. Según el Gobierno, los importadores podrán comprarlo, ya que no afecta al comercio internacional.

Ahora bien, el ejercicio de cobertura cambiaria o inflacionaria está, como pocas cosas, tatuado en el ADN del comercio argentino. ¿Habrá cobertura cambiaria a la hora de importar, vender y reponer ese bien? El ministro contestó que no considera que habrá pasaje a precios. Confían en que la caída de la actividad es tan alta y que la capacidad instalada de toda la economía tiene tanto por crecer que no habrá pasaje a precios. La teoría puede darle la razón, pero este tipo de cuestiones tienen una dinámica muy por encima del voluntarismo. La Argentina tiene necesidad de que Guzmán tenga razón.

Las dudas aparecen por varios lados. Además de la dinámica de cobertura en los precios de la economía hay que ver qué sucede con más pesos en la plaza. Si aumenta la emisión, esos pesos podrían convalidar aquellos valores. Por ahora, no hay demasiadas pistas sobre la intensidad de la emisión monetaria.

Varios agentes económicos en minutos se dieron vuelta y empezaron a mirar el mundo de la importación. Semejante brecha, que al menos será de 30%, va a necesitar nuevamente de la mano dura en las licencias de importados. Podrían volver aquellas épocas de Guillermo Moreno, esta vez con Paula Español a la cabeza.

Y finalmente algo más de ese impuesto. El 70% de lo recaudado, según el anuncio, se irá a solventar el sistema previsional. El otro 30% a la obra pública. Ese dinero lo administrará un gobierno que se fundó sobre las bases de las investigaciones sobre corrupción en la construcción estatal más impresionante de la historia argentina. No será fácil digerir que casi un tercio del impuesto termine en contratos de empresas que, con los cambios de vientos políticos. ahora cuentan que ellos fueron inocentes de los delitos que hace poco tiempo, confesaban.

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