Un discurso sin definiciones económicas y a la espera de refinanciar la deuda



El presidente le dedicó varios p´´arrafos a la economía, sin embargo no hubo grandes anuncios Crédito: Senado

El presidente Alberto Fernández llegó puntual y ocupó el lugar central en el escritorio principal del Congreso. Y entonces sí se conformó la trilogía de poder, rodeado a cada lado por la vicepresidenta, Cristina Kirchner, y por el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Justamente, la composición de ese trinomio le quita cierta pátina a las palabras del mundo de la economía que el Presidente dedicó en el inicio de sesiones ordinarias. El motivo es simple, los actores económicos necesitan mucho de confianza, medida concreta y sendero a mediano plazo. Y la pregunta que aún flota es si varios de las ideas enumeradas podrán concretarse con actores que ya pasaron por puestos similares y diagramaron políticas públicas contrarias.

El presidente le dedicó varios párrafos a la economía. Sin embargo, amén de un glosario de números de herencia, no hubo grandes anuncios. No es ilógico. Es posible que de haber podido hacerlo, hubiese dejado el capítulo economía en blanco parara completarlo y leerlo en unos meses. Sin decirlo, dejó entrever que su gestión tendrá definitivamente claro el panorama de cuánto gastar y en qué una vez que se acuerde la renegociación de la deuda pública. Y eso, por ahora, está lejos de concretarse.

Pero más allá de que esa piedra basal del presupuesto está con puntos suspensivos, dio algunas precisiones. Primero habló de tres sectores claves para reactivar la economía: el campo, la minería y el petróleo.

Para el primero un anuncio que se preveía. Las retenciones de soja subirán. No lo dijo abiertamente, pero se infiere de la mención de que subirán las retenciones para uno de los 25 cultivos que las tienen. Será la soja.

Para los petroleros, la afirmación del envío de un nuevo marco regulatorio sobre el que se especula mucho y se sabe poco. Para los mineros, no demasiado. Sin embargo, estas dos actividades requieren de un elemento central para que cualquier marco regulatorio sea la pista de aterrizaje de inversiones fuertes: que se cumpla en un lapso de tiempo prolongado. Y justamente, cuando se habla de estabilidad de normas, la palabra queda chica y la foto de la trilogía Massa-Fernández-Kirchner refleja otras épocas de inestabilidad regulatoria. Ese es, quizás, el desafío económico más importante del Presidente: lograr que le crean que lo que hoy se acuerda es palabra final. Por ahora, abundan los voluntarismos.

Hubo algunos datos más. Sobre inflación, apenas algún reto a los formadores de precios. Les reprochó que con tarifas y combustibles congelados suben igual los precios. Y les advirtió que irá por ello con las normas de defensa al consumidor y competencia desleal. Casi que se podía escuchar, remixadas, las viejas palabras de Guillermo Moreno. “Debemos terminar con la argentina de los vivos que se enriquecen de los bobos que no tenemos opción que pagar”, arengó.

Sobre gasto publico tampoco demasiado, aunque sí una definición: “Algunos nos piden más ajuste. No perdamos de vista que no hay peor cosa que el ajuste fiscal en plena recesión”.

Luego llegó el tema de la deuda. Claramente, y no le falta razón en eso, es el tema central que determinará las posibilidades de gestión. “El acuerdo al que lleguemos deberá ser sostenible. Debemos ponernos de pie y no volvernos a caer. Debemos tomar compromisos que sí podemos cumplir. Esa será la base de las ofertas que la haremos a los acreedores en las próximas semanas”, finalizó.

Lo demás vino por la conformación de un Consejo Asesor Económico del que nada se puede aventurar sin conocer funciones y nombres. Apenas repasar que la Argentina, entre ministerios, legisladores y funcionarios varios, tiene asesores para elegir. Sin embargo, parecen ser pocos a la luz de los dichos del Presidente.

Así pasó el capítulo económico, con poco de anuncio y mucho de expresiones con las que es difícil estar en desacuerdo. Desarrollar la economía, apuntar la economía 4.0, potenciar las pymes y generar confianza a los inversores. El cómo es el tema. Allí vale mucho la palabra y la verdad, dos cosas con las que el Presidente abrió el discurso. “La mentira es la peor perversión en política”, dijo. Muchas de esas directrices podrán empezar a encausarse si aquella trilogía del poder que se vio en la Asamblea Legislativa logra devolverle a la palabra el significado que verdaderamente tiene en el mundo de la economía. Porque si bien la Argentina no puede digerir bien el exceso de planillas de cálculo tampoco puede el de palabras que se reescriben una y otra vez.

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