Talento argentino. El secreto cordobés para desarrollar un negocio clave



Hay 550 empresas de software en Córdoba. Fuente: Archivo

CORDOBA.- Córdoba fue la primera provincia que consideró al software como industria -incluso antes de que saliera la ley nacional- y a partir de entonces, en 2001, se fue generando un ecosistema que se amplió en los últimos tiempos a la economía del conocimiento. De la construcción participan el sector empresarial, el Gobierno provincial y el mundo académico. Según datos oficiales, hay 3.000 empresas del rubro y 66.000 empleos directos.

En Córdoba hay 12 universidades, 86 centros tecnológicos, 190 entes y grupos de investigación y unas 20 estaciones experimentales. El “unicornio” Globant tiene 600 empleados en su sede local y Mercado Libre, la empresa más valiosa de la Argentina, con casi 700 personas, tiene su segundo centro de tecnología mundial en esta ciudad.

En la economía del conocimiento, “el capital es la persona y por la cantidad de universidades y calidad de la formación” Córdoba es un polo de atracción importante, dice Pablo de Chiara, ministro de Ciencias y Tecnología provincial. “A eso se le agrega el dinamismo del sector empresario que se animó a apostar; al comienzo las multinacionales que se instalaron parecían amenazas, pero al final pusieron la vara más alta, impulsaron a levantar la calidad general, fueron contratando a empresas chicas y las políticas públicas fueron acompañando”, resume. La provincia cuenta con la Agencia Innovar Emprender que apunta a acelerar los procesos, a ser un puente entre las áreas privada, pública y académica.

Cuando por ley se reconoció al software como industria y se le otorgaron los mismos beneficios fiscales, Motorola se radicó y allí empezó una tendencia que se fue profundizando. Después de su retiro del mercado (fue dividiéndose y vendiéndose por partes hasta que en 2016 Arris, la dueña de la marca, cerró las oficinas), varios de sus exempleados crearon otras empresas y llegaron nuevas firmas internacionales. “Lo que quedó fue un ecosistema que se va regenerando y creciendo”, apunta De Chiara.

Daniel Gándara es vicepresidente de Tecnología de Mercado Libre y está orgulloso que desde Córdoba se lideren proyectos de diferentes puntos de la región. “Las condiciones son muchas; hay universidades con carreras tecnológicas; talento; años de políticas públicas que apoyan al sector y al que se suman las nacionales”, dice y agrega que hay un ecosistema emprendedor que “fue madurando, evolucionó y colabora en el desarrollo”. Está integrado por fundaciones que sostienen y promueven el emprendedurismo e incubadoras en las universidades. “Todos esos condimentos posicionaron a la provincia”, resume.

RECURSOS HUMANOS

Hay unos 250.000 estudiantes universitarios, 10.000 egresados anuales y el 12,3% están ligados a Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, según números de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) proyectados al global; además, hay 8.100 Investigadores, becarios, técnicos y personal de apoyo.

Tanto desde el Estado como desde las empresas se ejecutan acciones -ahora condicionadas por las restricciones que impone la pandemia- para despertar vocaciones y formar recursos humanos calificados, elaborar mapeos y observatorios actualizados de los sectores que conforman la economía del conocimiento y vincular a sus referentes para sistematizar la oferta. Sólo en la industria del software -son unas 550 firmas que exportan US$195 millones al año- se estima que faltan unos 3500 empleados.

Los referentes de diferentes rubros de la economía del conocimiento valorizan el paso “adelante” que dio la provincia en 2001, cuando caratuló al software como industria cuando en el país era visto como un servicio. “A partir de ahí se accedió a beneficios fiscales que fueron un impulso; es un antecedente para lo que terminó siendo la promoción a nivel nacional; contribuyó a la profesionalización de los recursos humanos y a avanzar en procesos certificados”, sintetiza Pablo Gigy, presidente del Córdoba Technology Cluster (CTC).

Señala que la economía del conocimiento puede seguir el camino que se hizo en ese sector, sumando a los servicios audiovisuales, arquitectura, ingeniería, idiomas, biotecnología, centros de contacto: “El desafío es la formación de recursos humanos para que no sean un cuello de botella; las oportunidades son muchas. Los vaivenes de la macroeconomía generan dificultades, pero estamos llamados a ser un motor de salida de la crisis. La demanda en la post pandemia será más grande y hay que estar preparados”.

“Es importante que lo que se logró con el software se haga con otros rubros que también son exportables, todos potenciados por la digitalización que aceleró los tiempos y deslocalizó la producción”, sostiene Mario Barra, presidente de Vates y pionero en el sector tecnológico. Añade que se trabaja con Cámara de Comercio Exterior para consolidar la ley de economía del conocimiento local, para insertar a más gente de la que ya está trabajando con proyección externa. “La meta es armar un plan y focalizarse para generar más puestos y dar la posibilidad incluso a jóvenes que no la tienen”.

Diego Casali, expresidente del CTC, ratifica que haber trabajado la tecnología como un eje estratégico de desarrollo y haber logrado una tarea asociada entre públicos y privados “hace atractiva” a Córdoba: “Es todo un ecosistema, que incluye emprendedores con ganas, que buscan atraer inversiones. Hay un caldo de cultivo que alimenta el modelo y ahora avanzamos en una ley más amplia. Apostamos a la internacionalización con valor agregado y servicios diferenciados. Los clientes, en la pandemia, se acostumbraron a la virtualidad”.

El Ministerio de Tecnología cordobés relevó 5000 proyectos de investigación en todas las disciplinas que se pondrán al alcance de las empresas para que puedan interactuar. “La innovación es un camino a recorrer y podemos demostrar que es errada la idea de que los investigadores no quieren relacionarse con el mundo productivo; están motivados para que el conocimiento pueda ser aprovechado. Nuestros ejes son transferencia, vinculación y democratización de la ciencia y la tecnología; no hay compartimentos estancos”.”La vinculación entre el mundo académico y la producción lleva tiempo la construcción; es un desafío entender y conocer las partes, tienen que poder convivir”, añade Gándara.

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