Sustentablidad: la coexistencia de distintos modelos de pensamiento y sociales es el futuro



“La sustentabilidad es el alma de las organizaciones. Junto con la mirada de largo plazo permite la convergencia de tres variables importantes: la rentabilidad, que garantiza una continuidad en inversiones en tecnología e innovación; la inclusión social que atraiga más y mejores talentos que se sientan inspirados por el propósito de la organización; y el ambiente que permita asegurar un mundo más vivible a las futuras generaciones”, define Antonio Aracre, director General de Syngenta para Latinoamérica Sur.

En esta conjunción de factores están las claves de cara al futuro y la concreción de objetivos fijados para 2030, como la descarbonización de las economías. Una tarea que se concentra, principalmente, en las responsabilidades del ser humano para con el ambiente, evitando generar un impacto negativo o desatender las necesidades de las personas excluidas.

Este preciado equilibrio entre ambiente, inclusión social, tecnologías y diversidad de miradas es el foco del cuarto capítulo sobre sustentabilidad, “La agenda que cambiará al mundo”, evento digital de LA NACION llevado a cabo el pasado 4 de noviembre.

Para Aracre, la sustentabilidad, es un proceso que apunta a un ideal común y siempre debe contemplarse desde tres frentes bien definidos: lo económico, lo ambiental y lo social y una mirada a largo plazo. De lo que, justamente, tratamos de escapar en el día a día, es de la urgencia”. Lo importante, a la hora de las resoluciones, es tener en cuenta todos los factores, como él mismo se pregunta: “¿Será que a nivel social se puede sustentar? ¿Será que económicamente estamos midiendo todas las variables? ¿Será que desde el punto de vista del impacto ambiental no estaremos tomando una decisión errada?”.

Este enfoque sustentable sólo es posible si se piensa como un todo -esquivando la mirada sesgada- donde cada uno de estos factores (económico, social, ambiental) se interrelaciona.

Antonio Aracre, director General de Syngenta para Latinoamérica Sur

La tecnología como respuesta a la crisis climática y la sustentabilidad a largo plazo

Según cuenta Aracre, países vinculados a la agricultura como Brasil , Estados Unidos y Argentina solían atravesar severos cambios climáticos -sequías profundas, inundaciones- cada diez o quince años. Estos procesos que afectan directamente las cosechas comenzaron a mutar una década atrás, mostrando una tendencia creciente que, ahora, se repite cada dos o tres años. “Es preocupante, no sólo desde la cuestión del cambio climático en sí, sino también en el impacto en la economía”.

La tecnología juega un papel fundamental a la hora de hacerles frente a estos desafíos: “La tecnología, la digitalización te permite abordar una problemática compleja y, a través de inversión en investigación y desarrollo, lanzar productos que tengan la misma eficiencia utilizando menos recursos”, asegura el director de Syngenta, citando ejemplos como eventos biotecnológicos que optimizan el consumo del agua de las plantas o la utilización de drones que logran identificar sólo aquellas zonas que requieren un control de malezas, plagas y enfermedades.

La solución ambiental y la inclusión social deben ir de la mano

“La pandemia puso de manifiesto muchas de las miserias por las que atraviesa la humanidad, y una cosa que está bastante clara y bastante aceptada es que la innovación es casi la única respuesta que te permite acelerar el proceso de encontrar una salida a esa crisis”, afirma Aracre, convencido de que el mejor resultado siempre se logra cuando hay diversidad en el pensamiento y la reflexión de los involucrados.

Las ONG ambientalistas, por ejemplo, tienen buenas intenciones, pero muchas veces se olvidan del aspecto socioeconómico. Por eso, el tema debe abordarse desde la sustentabilidad: “No podemos, solamente, ver la cuestión climática o la cuestión ambiental, destruyendo puestos de trabajo y sin pensar cómo vamos a crear otros”.

El ejecutivo entiende que hay industrias que se acomodan mucho mejor al cambio climático que otras, y que sectores como el agro pueden tomar la delantera en cuanto a las oportunidades que se presentan en medio de la crisis. La creación de nuevos puestos de trabajo, las inversiones y las exportaciones no se pueden generar en detrimento del ambiente, pero tampoco puede ser a la inversa. Un buen abordaje hacia el cambio climático no puede implicar una mayor pobreza o una mayor desocupación. Hay que abordar la temática en su conjunto y ver cómo se resuelve la cuestión del cambio climático sin generar un impacto negativo en la economía.

Antonio concluye con una reflexión acertada: “La coexistencia de distintos modelos funcionales, de pensamiento, sociales, es el futuro. Es por ahí, pero implica un esfuerzo, sentarse juntos y dialogar.”

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