Sin lugar para bloqueos: Las marcas de los Estados Unidos no detienen su avance en el mercado chino



La guerra comercial entre los dos países no alcanzó para frenar la expansión de las compañías norteamericanas, que igual enfrentan otras amenazas, que pasan por el campo político y social Crédito: Express News

Hace cuatro décadas la China comunista abrió oficialmente sus puertas a los Estados Unidos y sus firmas capitalistas. La política, que en un tiempo aparentemente se dejó de lado en favor del comercio, recientemente ha vuelto por sus fueros. El presidente Xi Jinping ha promovido el nacionalismo como parte de su esfuerzo por consolidar su poder, lo que es preocupante para las compañías estadounidenses que se ven como insuficientemente aquiescentes a la línea de China respecto de Hong Kong, entre otros temas políticos sensibles. La guerra comercial del presidente Donald Trump contra China y su ataque a Huawei, un gigante local de los equipos de telecomunicaciones, han provocado aún más sentimientos antiamericanos.

El 31 de diciembre Trump tuiteó que pronto firmará un acuerdo comercial de “fase uno” con China. Eso llevará a algunas reducciones de aranceles sobre importaciones chinas y un viaje presidencial a Pekín para continuar con el chalaneo. Cuando visite, Trump seguramente escuchará quejas de las firmas de su país acerca de sus problemas en China. Es probable que hagan menos alharaca de lo sorprendentemente bien que les sigue yendo allí.

Algunas firmas están sufriendo por las reacciones que provoca la guerra comercial. Pero sus efectos sobre las empresas estadounidenses han sido exagerados.

Por empezar, las compañías estadounidenses en promedio obtienen sólo alrededor del 5% de sus ingresos de China, según un estudio del banco Morgan Stanley.

Aunque las industrias de tecnología, automotriz y productos de consumo masivo tienen mayor exposición, para otras China cuenta poco.

Un tercio de los que respondieron a una encuesta del Consejo de Negocios de Estados Unidos y China, una cámara comercial, sostienen que han sido sometidos a “mayor escudriño por parte de los entes reguladores chinos como resultado de las tensiones comerciales bilaterales”.

Sin embargo, gobiernos municipales que tienen sus propias metas de crecimiento han estado tendiéndoles la alfombra roja este año, dicen ejecutivos extranjeros. Gracias en parte a tales esfuerzos, el porcentaje de firmas estadounidenses que sostienen que sus operaciones locales se han visto perjudicadas por “Made in China 2025”, un esquema local de innovación del que Estados Unidos desconfía, cayó del 20% en 2017 al 12% en 2019.

Nacionalismo en ascenso

El nacionalismo en ascenso, promovido por Xi y abrazado con fervor por los ciudadanos de la red de China continental, puede resultar un problema mayor que las tensiones comerciales.

En noviembre la empresa DC Comics se vio obligada a retirar un afiche promocional para una revista de historietas de Batman de las redes sociales (se veía a Batimujer arrojando un cóctel molotov), cuando críticos chinos vieron paralelos con el movimiento pro democracia en Hong Kong. Eso vino luego de una disputa muy publicitada en la que se vio involucrada la NBA, luego de que un ejecutivo del equipo de los Rockets de Houston tuitera su apoyo a los lanzadores de molotov de Hong Kong, en medio del conflicto político que enfrenta el antiguo territorio inglés.

Anteriores reacciones nacionalista promovidas por el Partido Comunista, por ejemplo contra Lotte, una cadena de supermercados surcoreana, y el fabricante de autos japonés Toyota provocaron boicots de corta duración.

En cambio la disputa en torno al basquet se alarga; los Houston Rockets siguen en la lista negra en China y de acuerdo a un cálculo han perdido US$20 millones en aportes de sus sponsors como resultado del conflicto.

Pero que se vea a una empresa cediendo a China tiene sus propios riesgos hoy en día. La NBA, que asegura tener 600 millones de fans en China, rápidamente pidió disculpas, pero la disculpa fue criticada en Estados Unidos, incluyendo una reprimenda de Mike Pence, el vicepresidente.

En julio último, Google abandono un intento de volver al mercado de búsquedas online censurado de China continental luego de una rebelión de sus empleados. Por su parte, la agencia de fotos online Shutterstock se enfrentó a una reacción similar de sus trabajadores en noviembre ante su decisión de censurar imágenes en el mercado chino.

Los empresarios estadounidenses ahora están en la posición nada envidiable de tener que sopesar la perspectiva de la ira oficial china con las sensibilidades de políticos, empleados y consumidores en su país.

Este riesgo se verá agravado por la creciente preocupación internacional por Xinjiang, una provincia en el occidente de China donde se acusa a los funcionarios de abusos contra los uigures, el pueblo musulmán más numeroso del país. Firmas estadounidenses, desde Kraft Heinz, un gigante de los alimentos, pasando por Coca-Cola y hasta la marca deportiva Nike en la actualidad tienen cadenas de producción que se adentran en Xinjiang.

Pese a estas complicaciones, la mayoría de las firmas estadounidenses siguen decididas a mantenerse en China continental. La última encuesta de la Cámara de Comercio Americana en Pekín concluye que China se mantiene entre los tres principales destinos de inversión globales para el 62% de sus miembros, comparado con el 56% en 2016; 87% de los miembros le dicen a la Cámara que piensan seguir haciendo negocios en China, aproximadamente la misma proporción que en los últimos años.

Mercado seductor

La razón es que China continental sigue siendo un mercado inmenso y en crecimiento para la mayoría de las industrias. Las firmas estadounidenses siguen ganando dinero allí.

Andy Rothman de Matthews Asia, una firma de inversión, incluso sostiene que China es “la mejor historia del mundo en materia de consumo”. En términos de dólar, las ventas minoristas en China son casi equivalentes a las de Estados Unidos, pero aumentaron 6% el año pasado comparado con un aumento del 2% en el mercado norteamericano.

Los ingresos reales en China aumentaron un 120% en la última década, mientras que los estadounidenses crecieron sólo un 17%. Las multinacionales estadounidenses se benefician de esta marea en ascenso: la vasta mayoría de sus operaciones no sólo son rentables, sino que a menudo lo son en forma creciente.

Casi la mitad informaron que sus operaciones chinas fueron más rentables que en otras latitudes en 2019, comparado con un 38% un año antes.

Bruno Lannes de Bain, una consultora señala que se consume más cerveza Budweiser en China que en Estados Unidos. El grupo ABInBev, que produce la cerveza típicamente estadounidense, ha visto multiplicarse sus ingresos en China más de seis veces al mismo tiempo que crecieron sus márgenes de ganancias.

El mercado en China de productos de consumo masivo creció 5.2% en 2018 y las firmas extranjeras se han beneficiado. Procter & Gamble, un Goliat de los productos de consumo masivos estadounidense, dice que China representa más del 30% de su crecimiento de ventas global. En diciembre Tesla, la firma pionera en el desarrollo de los vehículos eléctricos, entregó las primeras unidades producidas en su nueva fábrica ubicada en la ciudad de Shanghai.

Amenaza política

Si la amenaza de la política parece exagerada, hay una preocupación genuina para los empresarios estadounidenses en China continental: la competencia en este mercado.

Los fabricantes de celulares chinos han incrementado su participación en el mercado local de teléfonos con costos de más de US$400 del 12% en 2014 al 67% en 2018, dice McKinsey, una consultora. Los fabricantes automotrices locales, que en un tiempo hacían basura subsidiada, han logrado reducir su tasa de defectos significativamente desde 2003; su participación en el mercado saltó del 26% en 2014 al 38% en 2018.

Esto es fundamentalmente resultado de su propia destreza, no de subsidios. A diferencia de las firmas estatales, que Xi está apuntalando con renovado vigor, la mayoría de las compañías chinas privadas son innovadoras frugales.

En la actualidad sólo el 9% de las firmas estadounidenses se quejan de que firmas privadas locales reciben ventajas injustas tales como exenciones impositivas, aprobación de licencias y subsidios.

Las disputas políticas dominan los titulares hoy, pero el desafío más a largo plazo para las firmas estadounidenses puede resultar el ascenso de las empresas chinas.

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