Sí se puede. Cómo es el programa para que latinos estudien en Stanford y vuelvan a sus países



La iniciativa “Sí se puede América latina” busca ayudar a que jóvenes latinos cursen las maestrías en administración de empresas (MBA) en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford. Crédito: Facebook Universidad de Stanford

Cultor del perfil bajo, el emprendedor e inversor Meyer Malka Rais, conocido como “Micky” Malka, es uno de los emprendedores e inversores más importantes del ecosistema latino y de Silicon Valley. En otra vida compañero de Wences Casares en varias empresas -incluida Patagon-, en los últimos años se ha dedicado a la inversión de capital de riesgo en el sector de fintech y bitcoin a través de su firma, Ribbit Capital.

Reticente a las entrevistas -la última data de 2016-, quiere volver a hablar acerca de un nuevo proyecto, al que de alguna manera considera una startup, llamada “Sí se puede América latina”. Se trata de una iniciativa que, en conjunto con la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, busca ayudar a que jóvenes latinos cursen en esa casa de estudios sus maestrías en administración de empresas (MBA, por sus siglas en inglés).

Más concretamente, “Sí se puede América latina” eximirá del pago de la tarifa de solicitud -de US$275- para el MBA de Stanford a latinos que ganen menos de US$40.000 por año, mientras que también ofrecerá por año ayuda financiera a dos personas elegidas para que estudien el MBA becadas, a cambio de que tras terminar sus estudios regresen a sus países de origen y trabajen en compañías, en el gobierno o en otra organización que contribuya a su construcción -o reconstrucción en algunos casos, según el inversor- y crecimiento.

Agrega que si bien la invitación está abierta a personas de toda América latina -en una concepción más amplia, que va desde México hasta la Argentina-, el programa otorgará prioridad a venezolanos que no estén viviendo en su país de residencia y estén dispuestos a volver. Para el inversor, aunque Nicolás Maduro saliera del gobierno, no habría mucha gente joven capacitada para liderar al país. “Se fueron demasiados”, dice.

En su largo recorrido emprendedor, que comenzó en ese país, Malka dice haber visto a muchas personas que regresaron del exterior y generaron grandes impacto en sus sociedades y negocios. “Creemos que la región es el hogar de muchas más personas que son capaces de crear ese tipo de impacto, dada la oportunidad”, dice. Cita los casos de MercadoLibre en Argentina o las fintech Nubank y Clip en Brasil y México, respectivamente. Las considera unas especies de “escuelas” de las que salen y saldrán nuevos emprendedores creadores de nuevas startups, en una especie de círculo virtuoso que no se detiene. “Esto está recién empezando; lo mejor está por verse”, afirma.

En su momento, Stanford albergó en su MBA a dos representantes de la vieja guardia emprendedora latina comoMarcos Galperin y Hernán Kazah, cofundadores de Mercado Libre, hoy la compañía con mayor valuación -US$60.000 millones- de América latina. De la nueva camada, pasaron por sus claustros de MBA emprendedores como el colombiano David Velez, cofundador de Nubank, la fintech más grande de la región, con una valuación superior a los US$10.000 millones.

Malka, aclara, no piensa cerrar “Sí se puede” solo a Stanford. Si bien abrió la iniciativa con dos becas anuales, buscará llegar a los 10 en el corto plazo e incluir a otras universidades importantes en Estados Unidos y Argentina, Chile, Colombia o España, por citar unos casos. Sea con muchas o pocas universidades, Malka de alguna manera busca potenciar algo conocido como el efecto multiplicador, mediante el cual personas que funcionan como modelos de rol incitan a otras a desarrollar sus ideas o proyectos.

Sobre este concepto trabajó Endeavor, la organización que promueve el emprendedorismo a nivel mundial, cuando en su estudio titulado The multiplier effect mostró cuán fundamentales habían sido las empresas más importantes del ecosistema tecnológico argentino -Patagon, MercadoLibre, Officenet, Deremate y Digital Ventures- para el resto de las startups en el país, ya fuera mediante mentoreo, inversiones, adquisiciones u otro tipo de relación. Y agregó, al enfocarse en 200 empresas de tecnología argentinas, que 37 fundadores habían dicho que Casares había sido su modelo a seguir. La frase repetida era la siguiente: “Si Wences puede hacerlo, yo también puedo”.

La historia

A pesar de que su traje por estos días sea el de inversor, Malka se define como emprendedor, “uno que se reinventó varias veces en varios lugares del mundo”. En 1992, en Venezuela y con 18 años, fundó Hepatgon Group, un broker de securities e inversiones para el mercado venezolano y estadounidense. Tiempo más tarde, ya recibido como economista por la Universidad Católica Andrés Bello, se topó con el trading electrónico en un viaje a Estados Unidos, tras el cual buscó replicar eso en América latina.

Supo, a finales de los ’90, que un joven patagónico llamado Wences Casares andaba intentando algo parecido en Buenos Aires. Y el resto ya es historia trillada: formó parte de la empresa de servicios financieros Patagon, finalmente vendida al Banco Santander por US$585 millones en 2000, antes de que el alfiler pinchara la burbuja puntocom. En Brasil, tiempo después y otra vez junto a Casares, formó parte de Lemon, banco que vendió su red de corresponsales a Banco do Brasil seis años después. Ya convertida en una de las duplas más longevas del ecosistema, Malka y Casares cofundaron la billetera digital Lemon Wallet, vendida a LifeLock a finales de 2013 en US$42 millones.

Hoy, pasa sus días en Silicon Valley constantemente expuesto a las últimas tecnologías disponibles. Lo hace dirigiendo Ribbit Capital, fondo que creó en 2012 y que se ha convertido en una fuerte conexión entre esa región y la latina. Sus primeros cinco fondos -el último fue levantado en 2018- sumaron un fundraising de US$1155 millones, según Crunchbase, mientras que a principios de año presentó ante la SEC su intención de levantar una sexta edición por US$420 millones, monto similar al quinto.

“Lo desarrollado en Silicon Valley está permitiendo que se haga todo esto con Covid-19”, dice, y augura que ese lugar necesita una reinversión. “Porque lo que hizo hasta aquí no la va a llevar a los próximos 20 años”, comenta. De acuerdo a su opinión, 10 años atrás, cualquier persona habría pensado que la mitad de las 10 empresas más importantes del mundo serían de Silicon Valley. “Ahora, dirían que el 20%”, actualiza.

A pesar de los obstáculos que la región presenta, Malka considera que los distintos estados en América latina han dado pasos importantes para promover el emprendedorismo en sus respectivos países. “En mi época, sus posiciones ante el emprendedorismo y la tecnología eran nulas. No había infraestructura, subsidios, banda ancha”, sostiene, aunque aclara que hay “algunos cangrejos” que están dando pasos hacia atrás. De todos modos, agrega, “cualquier momento de esta década será mucho mejor en comparación con otro momento de las últimas dos”.

Malka, en paralelo, es un gran propulsor del bitcoin desde sus inicios. Con Ribbit posee inversiones en compañías como Xapo y Coinbase. La primera, fundada y dirigida por Casares, vendió a la segunda su negocio de custodia de bitcoins por US$55 millones en 2019.

En pleno ascenso de la criptomoneda, el inversor mira con retrospectiva y dice que pasó de ser un lenguaje prohibido por los gobiernos a ser un activo que la gente quiere comprar. “La tecnología es más robusta; las empresas, más sólidas, transparentes. La regulación ha sido más positiva”, dice, y caracteriza a esa tecnología alrededor del bitcoin como probada, en un contexto en el que los gobiernos del mundo están imprimiendo más que nunca. “No puede haber un mejor laboratorio para probar si esto tiene el éxito que tiene. Las variables de riesgo han disminuido”, plantea.

Su desconfianza hacia el comportamiento de los gobiernos no es nueva. Ya a los ocho años le pedía a una especie de Ratón Pérez dólares y no bolivares. Y hace seis años aproximadamente hablaba así del bitcoin en relación a su país de origen. “Cuando no confías en tu gobierno y no confías en su moneda, el concepto de tener algún tipo de activo que esté descentralizado, que nadie controle, que sea escaso o limitado, es muy refrescante”, le decía al sitio especializado Coindesk, y detallaba diferencias: “En Estados Unidos la gente piensa que los bitcoin son una especulación. Allí piensan en ello como una forma de almacenar valor”.

Por el momento, dice, dedica la mayor parte de su atención a “Sí se puede”, en vistas a expandirlo por toda la región. “Para sacar adelante a países como el mío, o Argentina, lo más importante que veo es el talento joven preparado para liderar”, finaliza, con el deseo de que el efecto multiplicador se haga realidad en América latina.

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