Sex Tech: el nuevo negocio de la intimidad que se aceleró con la pandemia


Aunque se viene realizando en forma ininterrumpida desde 1987, el festival South by Southwest (SXWX, “al sur por el suroeste”, en español) se convirtió en la última década en la meca de la industria creativa. En Austin, Texas, se presentan iniciativas de innovación, tendencias, libros, películas y música. Austin es la capital mundial de la “música en vivo” y está llena de instrumentos para uso público por todas partes. Durante el festival, en la Calle 6, la avenida principal que parece de un pueblo del lejano Oeste pero con tecnología de punta, uno puede cruzarse en los cafés con figuras como Elon Musk o Yuval Harari.

La edición 2021 fue virtual y concluyó hace dos semanas. Uno de los temas protagónicos fue el de la industria de “sex tech” (tecnología para el sexo) o, en términos más generales, la de un nuevo concepto de sexualidad emergente durante la pandemia. En SXWX se discutió desde cómo será el sexo entre tripulantes de misiones espaciales largas hasta qué pasará en el momento (menos lejano de lo que se cree) en el que los robots superarán a los humanos en la interacción sexual. También es el lugar para presentar dispositivos con nuevas texturas, materiales, movimientos e inteligencia artificial incorporada.

“La pandemia provocó un cambio masivo en lo que realmente valoramos en materia de intimidad”, dice a La Nación Cindy Gallop, una creativa inglesa que vive en Nueva York y que desde su compañía “Make Love Not Porn” se convirtió en una referente global de la nueva sexualidad. “Hasta no hace mucho tiempo cuando se hablaba del futuro del sexo la conversación de centraba en los avances de la realidad virtual. La pandemia puso en relieve la importancia del costado humano: extrañamos el contacto físico, la intimidad, lo relacional. No hay reemplazo para estas cuestiones que estamos re-valorando”, explica Gallop.

La creativa destaca un informe de TRITK (de Havas) titulado “intimidad y sexo durante la gran falta de contacto físico”, en el que se remarca que aún aquellos que pasaron la pandemia en pareja tuvieron dificultades para mantener una cercanía saludable.

La especialista en tendencias Ximena Díaz Alarcón, de Youniversal, no se pierde las ediciones de SXWX desde hace varios años. Antes viajaba a Austin, en 2020 fue oradora en el programa oficial y hace dos semanas liberó su agenda de trabajo para poder asistir por zoom a la mayor cantidad de sesiones posibles.

“La pandemia está masificando la agenda del sexo, la incorporó a la temática de salud y bienestar; pasó a ser una herramienta central para combatir la soledad, que es otra pandemia creciente a nivel global”, dice Díaz Alarcón. En el festival, además de los debates, se presentaron decenas de nuevos productos y tecnologías del ascendente sector de las star ups de sex tech.

“Japón está a la vanguardia”, continúa. Hay, por ejemplo, toda una categoría de “dakimakura”, unas almohadas largas, grandes, con dibujos y texturas personalizadas que simulan el contacto humano para dormir abrazados a la noche. Hay varios beneficios médicos (cardíacos, etc) asociados a estos productos ya comprobados.

Por el lado de los juguetes sexuales más tradicionales, la expectativa está puesta en la inteligencia artificial, cuyo aprovechamiento es revolucionario para un producto que gana mucho con la personalización. En un futuro no muy lejano habrá dispositivos versátiles para interpretar distintas secuencias de movimientos, cadencias y texturas adecuadas a cada usuario y momento, que se podrán almacenar como hoy guardamos listas de canciones en Spotify.

Esta masificación de la agenda sexual va de la mano también de todo el debate por el “acceso” y formas más inclusivas que el foco sesgado que tuvo habitualmente la industria del porno. Aquí entra de lleno el diseño desde la mirada, valores e intereses de las mujeres y también la “revolución senior”, donde se combinan las iniciativas de “sex tech” con las de “age tech”, ya ambas de por sí con crecimiento anual de dos dígitos, y cuya intersección es directamente explosiva. Se calcula que para fines de la próxima década una de cada tres personas en el mundo tendrá más de 60 años, en una pirámide demográfica como la que actualmente tiene Japón. El capítulo de la serie Grace & Frankie donde las protagonistas Jane Fonda y Lily Tomlin arman una empresa de vibradores (“Vybrant”) adaptada a las necesidades de mujeres de más de 70 fue visionario al respecto de esta tendencia.

Aquí una de las principales divulgadoras y expertas en el tema es Joan Price, autora de cuatro libros donde se dedica a promover el sexo después de los 70. “La cultura fuerza el estereotipo de que luego de esta edad te dedicás a jugar al bingo y a cuidar a tus nietos. Yo no tengo nietos ni juego al bingo”, comenta Price.

La velocidad de cambio es tan grande que el incidente y la polémica por la prohibición de exhibir el vibrador Osé en la edición 2019 del CES (la feria de tecnología más grande del mundo, que se realiza en Las Vegas) parece ya de la época de las cavernas. Osé había ganado el premio a la mejor tecnología de consumo. Ya en la edición de 2020 el rubro tuvo un rol protagónico en la feria.

“El límite acá no es la tecnología, sino que pasa por los pruritos morales. La pregunta es si el cambio cultural va a ir a la par del tecnológico, particularmente en países de tradición católica”, dice ahora la escritora Tamara Tenenbaum, autora de “El fin del amor”.

Además de ser un negocio multimillonario (de 100 mil millones de dólares anuales), los productos y servicios triple X tienen una relación larga con la innovación. La historia más conocida es la de la pelea entre los formatos de video VHS y Betamax de la década del 70, en la que la primera opción (que permitía cintas más largas pero de menor calidad) se terminó imponiendo porque Betamax se negó a dejar entrar a los contenidos para adultos.

El porno fue el primero en incorporar tecnologías multimedia en la web (sobre todo Javascript y Flash) y también fue el primer servicio que permitió el pago on line con tarjeta de crédito (la película “The Middle Man” lo describe bien). Un año y medio atrás, cuando el valor del bitcoin caía, un anuncio de PornHub de habilitación de cripto pagos fue un preludio de la escalada posterior, al tiempo que BunnyTokens completó rondas de inversión exitosas para explorar criptonegocios en este segmento.

Los historiadores que siguen este tema datan los primeros contenidos sexuales 28 mil años atrás, en pinturas rupestres. Y sólo 50 años después de que Gutemberg inventara la imprenta un autor italiano, Pietro Arentino, hizo el primer libro con imágenes sexuales. Un largo camino que ahora se apresta a una nueva revolución de la mano de cambios culturales y tecnológicos.

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