Salarios que pagan Ganancias y línea de pobreza, ¿cuánto se achicó la brecha?



La actual relación entre el salario más bajo alcanzado por el impuesto y lo necesario para no ser pobre es la más reducida en al menos los últimos 5 años Fuente: LA NACION

La distancia entre la cantidad de dinero que se necesita mensualmente para no ser considerado pobre y el ingreso personal que hace que se tribute el impuesto a las ganancias es un tema puesto bajo la lupa en los últimos tiempos. ¿Es demasiado baja la brecha? ¿Qué pasó en los últimos años? ¿Debería establecerse, a falta de otros parámetros vigentes, que el salario o la facturación imponibles se fijen a partir de multiplicar el valor de la canasta de pobreza por una cierta cantidad de veces?

El problema de base, claro, es la inflación. Y la falta, en muy buena parte de las últimas dos décadas, de una adecuación periódica del esquema impositivo, tendiente a evitar que el gravamen gane peso efectivo sobre ingresos que pierden o que apenas mantienen en el tiempo su poder adquisitivo. Cada vez que los valores que definen quiénes y cuánto tributan por Ganancias se ajustan por debajo de la inflación, el efecto es que, a igual o a menor capacidad de compra, sube el peso del gravamen.

Según los datos más recientes difundidos por el Indec, en octubre de este año un adulto necesitó $16.152,62 para cubrir el valor de la canasta básica total que define el umbral de la pobreza. Quienes no logran ese ingreso mensual son considerados pobres. En el caso de una familia integrada por un varón de 35 años, una mujer de 31, un niño de 6 y una niña de 8 años (uno de los ejemplos difundidos por el Indec), el valor de la canasta fue de $49.911,6.

Durante este año, el salario más bajo alcanzado por Ganancias es de $55.261,14 para alguien sin deducciones por familia, y de $73.102,42 para quienes declaran deducción por cónyuge y dos hijos. Los montos son promedios mensuales para todo el año, son netos de aportes e incluyen el proporcional del aguinaldo. El o la cónyuge solo es deducible si casi no tiene ingresos propios. En la práctica, lo más habitual es entonces que se deduzcan solo hijos.

En el caso del asalariado soltero, la brecha entre la línea de pobreza (de $16.152,62) y el sueldo alcanzado por el tributo es de 3,42 veces. Para la familia del ejemplo, la distancia es de 1,46 veces. En abril último, cuando los mínimos no imponibles eran los mismos y la canasta era menos costosa, esos índices eran de 4,01 y de 1,72 veces. Como la actualización del esquema de Ganancias se hace una vez al año, la inflación produce que la brecha se achique a medida que avanzan los meses, como se ve en el gráfico que acompaña esta nota y que incluye datos desde 2016.

Ese fue el año en que el Indec reconstruyó la medición de la inflación, luego de la intervención política que destruyó la credibilidad de los datos entre 2007 y 2015, en el gobierno de Cristina Kirchner. En 2016, además, la canasta de pobreza tuvo una actualización, con la incorporación de alimentos y una suba de cantidades requeridas, algo que hizo que se elevara el umbral.

De los datos de los últimos 5 años se desprende que las brechas actuales son las más bajas. En abril de 2016, la distancia entre el valor de la canasta básica individual y el salario alcanzado por Ganancias fue de 5,15 veces, y en octubre, de 4,5 veces. Para la familia, los valores fueron de 2,21 y de 1,93 veces en cada caso.

Las brechas de este año muestran una caída respecto de las de 2019, cuando la suba de los mínimos no imponibles estuvo casi en línea con la inflación anual, pero no por el mecanismo legal de actualización de Ganancias (que se hace aplicando un porcentaje equivalente a la variación interanual, a octubre, del índice salarial Ripte), sino por una medida excepcional tomada por el gobierno de Cambiemos tras perder en las PASO, que alivió la carga al subir los montos no imponibles. En octubre de 2019 la brecha en el caso de la familia fue de 1,64 veces, mientras que en ese mes de este año fue de 1,46.

Entre abril y octubre últimos, además, hubo una caída que llevó el indicador de la familia de 1,72 al 1,46 y, en el caso del ingreso individual, de 4,01 a 3,42. En esos seis meses la canasta se encareció un 17%. Solo en el último mes y de la mano de una aceleración de la inflación general, el costo de lo más básico aumentó un 5,7%.

¿Qué pasaba antes del período inflacionario de los últimos años? En 2001, la relación entre el salario más bajo gravado y la canasta de pobreza era de unas 9 veces para los solteros y de 3,5 veces para los asalariados con deducciones por cónyuge y dos hijos. Luego, siguieron períodos sin actualizaciones y con distorsiones, que tuvieron su pico en 2015.

“La inflación hace estragos en la medición de la capacidad contributiva”, evalúa el tributarista César Litvin, de Lisicki, Litvin & Asociados, quien agrega que la actualización de las variables de Ganancias debería ser, como mínimo, semestral. Además, señala que el índice salarial usado para los reajustes tuvo una variación inferior a la evolución del costo de vida. Entre 2018 y 2020, el mínimo no imponible subió 138%, mientras que los precios aumentaron un 183% entre 2017 y 2019 (lo años tomados como referencia para las actualizaciones). “En un país con impuestos al consumo muy elevados es incuestionable la necesidad de tener mínimos razonables para un nivel de vida digno, contemplando necesidades básicas y también de ocio, algo indispensable para producir ingresos”, dice Litvin.

“El impuesto solo debería alcanzar a la parte del sueldo que se pueda destinar al ahorro”, resume la contadora Florencia Fernández Sabella. “Respecto de si debería existir una relación entre el valor de la canasta básica y el salario alcanzado por Ganancias, me parece que el vínculo no es tan directo y que deberían tenerse en cuenta también otras cosas”, señala. Los montos deducibles son “bajísimos”, considera (por cada hijo se descuentan $58.232,65 del monto anual imponible), y redefinir esos valores es una de las tareas pendientes.ß

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