Relatos de un poblador de las pampas del sudeste cordobés



Postal antigua de la estación de tren en Bell Ville Crédito: Municipalidad de Bell Ville

¿Cómo enseñar la historia de un país, una región o el pago chico? ¿Cómo volver atractivo y comprensible el pasado? A la hora de plantearse estas cuestiones, el Centro Municipal de Estudios Históricos de Bell Ville optó por publicar los hechos históricos en una serie de libros y cuadernos, bien escritos y documentados, destinados a la enseñanza.

Bell Ville, antes llamada Fraile Muerto, es la ciudad más antigua del sudeste cordobés. Fue al comienzo la Estancia de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Fraile Muerto, en la que se criaban mulas para vender en el norte. Fue también posta en el Camino Real al Alto Perú; en sus campos se ensayó el primer arado a vapor; hacia 1900, impulsada por la gran inmigración, se convirtió en emporio de la producción agropecuaria.

Desde esa posta, Manuel Belgrano le escribió a San Martín dándole cuenta del difícil panorama de la Revolución: “La Patria lo necesita”, le advirtió. Por allí pasó el canónigo Mastai Ferretti. futuro pontífice Pio IX, en misión apostólica a Chile. El Centro Municipal ha tenido el acierto de reeditar el libro de Richard Arthur Seymour, “Un poblador de las pampas”, que se destaca con valores propios en el campo de la literatura de viajeros ingleses en la Argentina.

Seymour relató la experiencia de poblar una estancia de frontera, en la que crió ovejas, cultivó la tierra y plantó árboles durante cuatro años. El ensayo concluyó abruptamente por la sucesión de malones que causaron pavor entre los pobladores extranjeros.

Pioneering in the Pampas (Londres, 1869), se publicó en castellano en 1947, traducida y comentada por Justo P. Sáenz (hijo), quien investigó la veracidad del relato, consultó los catastros de tierras, los diarios de la época y toda la bibliografía disponible. A ese efecto, envió cuestionarios a los viejos vecinos y encargó a su amigo Fernando de Aróstegui, quien por razones profesionales visitaba campos de la zona, que: “Sin tomarse mayor trabajo, andando por esos lados (lo mismo que por La Carlota) podría usted sacar a relucir el tema en el bar del hotel o en el comedor de la estancia donde se encuentre, cuando crea hallarse frente a un sujeto medio aficionado a las cosas del pasado. Nada más le pido y si me contesta alguna de las preguntas, habrá contribuido grande y generosamente a la aparición de un libro que les va a dar más de un disgusto a los folkloristas de por ahí”.

Sin duda no hay mejor tarea que la que se realiza con alegría y a conciencia, tal como lo concibieron un estanciero inglés de la frontera sudeste de Córdoba y un argentino de raíces muy criollas, que lo vertió al castellano “común y corriente” y le sumó al texto 619 notas eruditas de pie de página.

Quienes se interesen por conocer el pasado de la hoy próspera Bell Ville tienen en este libro un material de sorprendente riqueza. Hay un párrafo que me permito señalar, según el cual, en todos los pueblos de la categoría de Fraile Muerto, hace 150 años, había escuelas, los pueblerinos estaban alfabetizados, las mujeres tanto o más que los varones y que en la campaña, los gauchos que sabían leer, se sentían muy orgullosos.

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