Reforma previsional y hundimiento social



1. Jubilaciones y política

El manejo político del sistema previsional de reparto está hundiendo a la economía, y las propuestas impulsadas por el Frente de Todos pueden terminar conduciendo a una verdadera catástrofe de largo plazo. Sin embargo, la visión de “la oposición” parece no comprender y/o no le interesa (dada la composición etaria de su electorado) ir a fondo en el debate estructural acerca de un sistema que está literalmente quebrado.

El problema previsional en la Argentina no es nuevo. Si hubiera sido una maravilla, no hubiera sido posible la reforma de los ’90 que dio lugar al nacimiento de las AFJP (Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones). De hecho, en el origen, cuando se desarrolló el sistema, el mismo se inspiró en el sistema alemán de Otto von Bismarck, el cual, presentaba dos aristas negativas: (i) constituía, en promedio, una estafa; prometía jubilaciones a partir de una determinada edad la cual estaba por encima de la expectativa de vida de la población total y (ii) una inmoralidad, siendo que las sectores más vulnerables de la sociedad vivían menos, terminan subsidiando el retiro de las personas de mayores ingresos (que por su situación vivían más). Por ello, sorprende ver a los progres “campeones de la caridad con el dinero ajeno” defender a ultranza el uso de la fuerza para sostener un sistema tan regresivo. Y si bien buscarán refugio bajo un criterio de equidad de los que lleguen a dicho período, entonces estarán aceptando que van a robar a las personas de jubilaciones mayores. En definitiva, intentarán “hacer justicia” fruto de la injusticia que generaron de origen. Por ende, uno se debería preguntar: ¿por qué no dejan que las personas se hagan cargo de sus actos y que cada uno reciba a la luz de lo que generó? Claro, pero esa solución tan simple tendría un problema y es que como diría Frederick Bastiat: “el dinero dejaría de pasar por las porosas manos de los políticos”.

Los políticos, teniendo claro que se trataba de una estafa, dado el fuerte superávit de inicio, comenzaron a dilapidar los ahorros previsionales en lugar de llevar a cabo un manejo profesional de los mismos. Naturalmente, ignoraron (y si alguien lo hubiera advertido, lo hubieran perseguido/escrachado) que las mejoras en la ciencia médica no sólo permitirían aumentar la expectativa de vida sino que además, lograría superar la edad jubilatoria. A partir de ello, el desmanejo de los fondos sumado a una mejora en la expectativa de vida comenzó a socavar la sustentabilidad del sistema, el cual terminó colapsando a fines de la década del ’80, dando lugar a la llegada al sistema de capitalización.

2. Desequilibrio presente y ajuste

Si bien el sistema de las AFJP estaba lejos de ser ideal, resultaba claro que pese a sus defectos, los individuos tenían presente el desastre que había sido el sistema de reparto estatal y por ello, cuando Néstor Kirchner intentó transferir dichos fondos a la órbita del Estado (dado que el sistema se había equilibrado, era muy tentador para el populista el despilfarro de esos ahorros) por la vía voluntaria falló. Naturalmente, frente al resultado adverso, al año siguiente lo hizo por la fuerza. Sin embargo, no se llegó a esta nueva quiebra del sistema sólo por el paupérrimo manejo y despilfarro del fondo de garantía de sustentabilidad, sino también por las decisiones de Cristina Fernández de Kirchner de otorgar jubilaciones sin sus correspondientes aportes (lo cual casi duplicó la cantidad de jubilados) y el diseño de una fórmula estrambótica (para disimular la mentira oficial sobre la inflación) que hizo crecer fuertemente a las jubilaciones en términos reales en un contexto de caída del PIB per-cápita. Esto es, el sistema se volvió explosivo.

En dicho contexto, el gobierno de Mauricio Macri intentó racionalizar parcialmente la fórmula de ajuste, lo cual logró, pese a que el Congreso recibió catorce toneladas de piedras. Sin embargo, aquellos que no cuestionaban / justificaban esa escalada de violencia, dado que estábamos frente a un saqueo a los adultos mayores, hoy mantienen un cómplice silencio ante la quita de $150.000 millones practicada por su gobierno. A su vez, de cara a un año electoral y el fuerte peso de los adultos mayores dentro de los votantes de Juntos por el Cambio, Cristina Kirchner impulsa volver a su vieja fórmula y con ello alcanzar una mayor cantidad de bancas en el Congreso.

Hoy, el sistema previsional está quebrado. El mismo muestra un déficit en torno a 3% del PBI y que además, de no mediar una solución de fondo, será creciente en el tiempo, por lo que de una u otra manera habrá un ajuste que podrá tomar la forma de: (i) aumento de los impuestos presentes, profundizando el estancamiento en el que vivimos desde 2011; (ii) financiación monetaria del déficit, cuya consecuencia no sólo será un aumento del regresivo impuesto inflacionario, sino que además, dada la distorsión que la inflación genera sobre el funcionamiento del sistema de precios, la asignación de los recursos estará lejos de ser la “óptima”; (iii) cubrir el déficit con deuda (impuestos futuros), esto es, pasarle la cuenta a las generaciones futuras (que no han nacido o que habiendo nacido aun no votan) apostando a que el crecimiento económico diluya dicha carga y (iv) incumplir a los jubilados la promesa del 82% móvil. De más está decir que, a pesar de lo inmoral e injusta que resulta la tercera alternativa, es la más seductora para el político en general, y en especial para el político argentino, ya que no pesa sobre su base electoral actual. El problema radica en que, pese a los reparos en el plano moral, el país no crece y al tratarse de un defaulteador serial las tasas de interés a las que puede acceder son elevadísimas, por lo que el colapso es un dato y verlo es sólo cuestión de tiempo.

3. Sistema previsional, demografía y crecimiento

Uno de los campos más atractivos dentro de la literatura sobre crecimiento es la que lo vincula con la demografía y el capital humano. El núcleo central, dado su impacto en el ahorro, pasa por la transición demográfica (explica crecimiento y composición de la población total) y como muta en el tiempo la tasa de dependencia (cantidad de jóvenes que no trabajan más adultos mayores sobre la población en edad de trabajar), lo cual se cristaliza en el concepto de bono demográfico, donde si bien este puede ser una bendición en economías que respeten los derechos de propiedad, bajos impuestos y mercados flexibles, en caso que dichas situaciones no estén presentes el bono se convertirá en un regalo envenenado.

A su vez, el bono demográfico viene explicado por dos elementos. Por un lado, está lo vinculado con la transición demográfica y, por otro lado, el comportamiento de la tasa de ahorro a lo largo del ciclo de vida. Respecto a la transición demográfica, la misma consta de cuatro partes. En la primera parte la tasa de natalidad y mortalidad son elevadas y muy similares, por lo que la población no varía. En la segunda parte, la tasa de mortalidad comienza a caer mientras que la tasa de natalidad sigue siendo alta, por lo cual el crecimiento de la población se acelera. En la tercera parte, arranca la caída de la tasa de natalidad, motivo por el cual la población si bien crece, lo hace de manera decreciente. Finalmente, en la cuarta etapa de la transición demográfica, las tasas de natalidad y mortalidad se equiparan en niveles bajos y la población deja de crecer. Naturalmente, conforme toma lugar la transición, la población comienza a envejecer, y con ello, el peso de los menores de edad dentro de la población cae y con ello la tasa de dependencia se reduce, lo cual implica menor nivel de consumo, mayor ahorro y por ende más inversión y una tasa de crecimiento más alta.

En paralelo, al efecto positivo que causa sobre la tasa de ahorro la caída en la tasa de dependencia, se le debe sumar a ello el comportamiento del mismo a lo largo del ciclo de vida. Así, dada una tendencia de ingreso / ingreso permanente, en la primer etapa de la vida, en la que no se trabaja, y en la etapa final donde las personas se han jubilado, se produce un desahorro que es compensado con un mayor ahorro dentro de la etapa de vida laboral. Así, el efecto sobre la tasa de ahorro dada la transición demográfica y la tasa de dependencia, ahora se le suma un impulso adicional debido al aumento de personas en edad de trabajar, quienes, a su vez, ahorran más.

Si bien este salto transitorio del ahorro puede jugar un rol fundamental para acelerar el ritmo de crecimiento económico, que ello suceda depende crucialmente de que el mismo se pueda convertir en inversión. Por ello, el respeto del derecho de propiedad y bajos impuestos que no destruyan los resultados de las firmas son fundamentales para mantener aceitado el mecanismo que sustenta al crecimiento. Naturalmente, si a ello se le suma un mercado laboral flexible, el proceso de destrucción creadora con la llegada de nuevas tecnologías, en caso de tener costo social, sería muy bajo y por un muy corto período de tiempo.

4. El regalo envenenado de CFK

Si bien el bono demográfico, sumado a una buena base de capital humano, ofrece una ventana enorme para acelerar la tasa de crecimiento económico y así alcanzar la convergencia, también puede convertirse en un regalo envenenado.

Este proceso de envenenamiento comenzó con el kirchnerismo, el cual incrementó el peso del Estado en la economía en 15 puntos porcentuales del PIB dándole un golpe al ahorro nacional, no sólo por el despilfarro del gobierno, sino por quitar capacidad de acumulación al sector privado fruto de la carga impositiva. Al mismo tiempo, el hecho de haber jubilado personas sin aportes y una fórmula de ajuste disparatada ha hecho aumentar la tasa de dependencia.

Si a esto le sumamos la mala calidad institucional fruto de un Estado expropiador, la contraparte en bajas tasas de retorno y alto costo de oportunidad (en especial dado el riesgo país) para hundir capital, así, la inversión ya sería más que un acto heroico, sino más bien un comportamiento temerario. A su vez, si consideramos la regulación del mercado laboral está basada en “la carta del laboro” de Benito Mussolini, no debería sorprender que en Argentina 6 millones de personas trabajen en el mercado informal y que el sesgo anti-empresa derive en un mercado de trabajo no apto para captar las necesidades del crecimiento económico.

Naturalmente, todo esto es lo que explica que Argentina hoy tenga cerca de 45% de pobres y 10% de indigentes, números que treparían al 55% y 28% respectivamente de no ser por la ayuda social. Por otra parte, dos tercios de los menores de edad son pobres, lo cual no sólo pone en riesgo la formación del capital humano de primera generación (alimentación), sino que además compromete seriamente la posibilidad de alcanzar los niveles de educación y aprendizaje como para volver a ser un país de primer mundo.

Por lo tanto, de seguir avanzando el Frente de Todos en su keynesianismo irracional modelo Ford T (no muy distinto al de Juntos por el Cambio) buscando una ventaja electoral de corto plazo, a la postre terminarán destrozando el ahorro, la inversión y el crecimiento, haciendo que, como dice mi colega José Luis Espert, en menos de 50 años Argentina se vuelva la villa miseria más grande del planeta tierra.

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