¿Qué deberíamos hacer con las “maldiciones”?



Fernanda Vallejos, diputada nacional del Frente de Todos, dijo que exportar alimentos es una “maldición” para el país

Mozart fue la maldición de Salieri; los turistas son la maldición de los jubilados que viven en Mar del Plata; los lindos son la maldición de los feos; las inteligentes son la maldición de las burras; la pampa húmeda es la maldición de mucha producción industrial en la Argentina; la coparticipación federal es la maldición de muchas actividades privadas encaradas en varias provincias de nuestro país; el petróleo es la maldición de cualquiera que pretenda fabricar algún otro producto en Arabia Saudita, etc. Estamos llenos de maldiciones, la cuestión es qué debemos hacer con ellas.

¿Cuánto es obra de Dios, cuánto de las personas? Quien pretenda distribuir los frutos de la tierra tiene que proponer un impuesto a la tierra libre de mejoras y encontrará que, hoy por hoy, “libre de mejoras”, es decir, sin el aporte de la maquinaria, los agroquímicos, etc., es poco lo que puede generar la tierra. Con la misma superficie territorial, la producción agrícola argentina pasó de 20 millones de toneladas en 1960 a 150 millones de toneladas hoy.

El de la tierra no es el único caso. ¿Cuánta de la belleza que observamos es mérito divino y cuánta resulta de la concurrencia a los gimnasios, el cumplimiento a rajatabla de deplorables regímenes alimenticios, etc? ¿Cuántos de los logros que observamos resultan del coeficiente intelectual con el cual vinimos al mundo y cuánto del esfuerzo que le pusimos al estudio y la garra con la cual encaramos las tareas?

¿Qué hacemos con las maldiciones? Una alternativa consiste en convivir con ellas. No sólo los lindos forman pareja, no sólo los inteligentes consiguen trabajo. Se las rebuscan, aceptando la asimetría. Otra consiste en matar a los lindos y a los inteligentes, prohibir las exportaciones agropecuarias, no permitir que Federer y Messi sigan jugando, etc.

Una tercera alternativa consiste en pensar. En la Argentina 2021 debe haber argentinos que literalmente se mueren de hambre, que no es lo mismo que poder comprar bifes de lomo “a precios accesibles”, pero esto resulta de las falencias operativas de un Estado que gasta fortunas en ayuda social, no de la “maldición” de exportar alimentos.

En la vida se toman tres decisiones básicas: con quien uno se casa, qué actividad desarrolla y de qué cuadro de fútbol es hincha. Y como les digo a mis alumnos: “recuerden que sólo las dos primeras son revisables”. Elegir mal el equipo del cual uno es hincha, eso sí que es una maldición.

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