Por Zoom. Cruce entre un funcionario y un exdirectivo del BCRA por la economía



“En un proceso de distribuir pérdidas, hay siempre diferentes agendas”, dijo Sergio Chodos, director por el Cono Sur ante el FMI y uno de los funcionarios clave en la renegociación de la deuda

Expectativas. Condicionamientos locales. Números. Estos son algunos de los factores desafiantes en el último proceso de renegociación de la deuda, según relató Sergio Chodos, director por el Cono Sur ante el FMI y uno de los nombres clave en las conversaciones del canje. “En un proceso de distribuir pérdidas, hay siempre diferentes agendas”, dijo el abogado, quien destacó el rol del FMI y planteó la necesidad de que la Argentina incremente sus exportaciones para evitar nuevos eventos de deuda en el mediano plazo.

Según Chodos, un elemento clave para llegar a un acuerdo con los acreedores fue alinear las expectativas. “Los acreedores ingresaron con la idea de que estábamos frente a una crisis de liquidez, y que alcanzaba con extender plazos o abrir períodos de gracia. Pero eso no se ajusta a la situación del país. Que esas expectativas se bajen a la realidad para llegar a una solución positiva lleva tiempo e implica contrastar expectativas con la realidad en otros frentes”, dijo el funcionario, que acompañó al ministro Martín Guzmán en el proceso de canje.

En ese escenario, habló sobre la intervención del FMI y su staff técnico, que en febrero definió que la deuda pública argentina no era “sustentable”. De ese modo, el Gobierno asumió un respaldo a su postura por parte del organismo, que planteó necesario que los acreedores privados asumieran una quita.

“El análisis del FMI fue instrumental y sirvió para alinear esas expectativas con la realidad. Definir que esto no era una crisis de liquidez, algo que parecía imposible de establecer, terminó siendo la forma en que las conversaciones evolucionaron”, dijo Chodos, en el encuentro D-DebtCon organizado por la Universidad Torcuato Di Tella.

El ministro Martín Guzmán, junto a Sergio Chodos

Según el funcionario, ese proceso permitió, además, concluir el canje sin haber cerrado antes un programa con el FMI: “Cuando comenzamos las conversaciones, se decía que eso era difícil, fútil o cerca de lo imposible. Pero al final, en agosto, cuando se planteó que se podría avanzar en un programa con el FMI y dejar el acuerdo con los privados para más adelante, fue uno de los factores que dinamizó el acuerdo”.

A su vez, Chodos planteó que, a diferencia de los canjes anteriores, en este proceso el Gobierno debió dialogar con fondos privados que compraron títulos e invirtieron en deuda argentina a partir de 2016 y no estaban interiorizados en la historia y la “idiosincrasia” local. “Hay que entender que los factores específicos de cada país son críticos para ver cómo debe realizarse una reestructuración”, dijo el funcionario, en referencia al impacto de los flujos de capitales y los eventos de deuda sobre la macroeconomía.

Además, analizó la dificultad de conciliar prioridades o demandas, y dijo que mientras los gobiernos miran las necesidades de financiamiento (gross financing needs o GFN) dado por el caudal de vencimientos, los acreedores se guían según el valor presente neto (net present value o NPV), que determina los flujos originados en una inversión, para aceptar o no quitas en sus acreencias.

“El emisor mira la dinámica de la deuda que es distinto al análisis de los inversores. En el proceso, terminó imponiéndose el NPV como parámetro, pero no fue neutro. Y uno de los indicadores fue cómo uno de los últimos detalles del acuerdo fue ajustar el calendario de pagos. Adelantar pagos algunos meses significaba mucho en términos de NPV, pero no mucho en la capacidad de pago. Saldar esas diferencias de lenguaje fueron significativas”, dijo Chodos.

Por su parte, Gustavo Cañonero, vicepresidente del Banco Central hasta diciembre de 2019, elogió al equipo que encabeza Guzmán por el canje, al cual calificó como “positivo”. “El acuerdo indudablemente tuvo ahorros significativos para la Argentina y ese es el aspecto más importante”, apuntó, y agregó: “Las negociaciones en la Argentina son difíciles y delicadas; a muchos observadores les gusta politizar cualquier decisión”.

No obstante, advirtió sobre los desafíos en el corto o mediano plazo, y planteó que la economía argentina históricamente fue vulnerable a shocks. De esta forma “el concepto de sustentabilidad es frágil”. “El shock después de las PASO es la evidencia de esa fragilidad. Hasta ese momento, el Gobierno rolleaba su deuda de corto plazo bien y la inestabilidad posterior complicó el proceso”, dijo.

En ese marco, el exsocio de SBS Fondos advirtió que el desafío del Gobierno es avanzar en un proceso de consolidación fiscal. “En la Argentina no hay muchos grados de libertad y la posición fiscal es el primer driver de orden en una crisis de deuda. Y no hay mucho espacio de relajación si queremos evitar otra crisis en algunos años”, apuntó el economista, al señalar que este año el déficit rondará el 8% del PBI.

“El próximo será de 4,5%, y mucho tiene que ver con la pandemia, que es algo que no es para discutir. La posición fiscal ayuda al ciclo, pero no cambia dramáticamente el prospecto de crecimiento de largo plazo. Si algo enseña nuestra historia es que un estado fiscal débil no ayuda al crecimiento. Tuvimos nueve defaults. Algo está mal con ese entendimiento del rol fiscal en el crecimiento”, planteó Cañonero.

En tanto, Chodos dijo que más importante que determinar un sendero fiscal es “guiar las expectativas”. Según planteó, la sustentabilidad en el mediano plazo estará vinculada a la recuperación económica y el ingreso de divisas. “Pasar a un crecimiento vinculado al comercio exterior es clave. Hoy el foco debería estar concentrado en recuperar las exportaciones”.

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