¿Por qué no fabricamos autos usados?



“Este es un buen ejemplo de pretender igualar para abajo, diferente del caso de la fabricación de “muebles antiguos”, porque muchas veces estos cuestan más que los modernos”, dice De Pablo Fuente: Archivo – Crédito: Ricardo Pristupluk

Frente al coronavirus, un hecho inesperado, desconocido y peligroso, los diferentes seres humanos reaccionamos de manera distinta, en parte por personalidad y en parte por el ambiente en el cual nos desenvolvemos. Es muy probable que la pandemia/cuarentena haya aumentado el grado de desigualdad de los ingresos, el acceso a la educación, etcétera. ¿Qué importancia debe atribuirse a esta cuestión, en medio de todos los problemas que tenemos? En particular: ¿deben fabricarse autos usados porque no todo el mundo puede comprar autos nuevos?

Al respecto, consulté al norteamericano Charles Wiggins Cobb (1875 – 1949), matemático graduado en la universidad de Michigan. La profesión lo conoce por la función agregada de producción “Cobb Douglas”, resultado del esfuerzo desarrollado con el economista Paul Howard Douglas. Al respecto Paul Anthony Samuelson, alumno de este último, destaca su generosidad al utilizar el abecedario cuando ordenaron los apellidos de los inventores, a pesar de que la sustancia la puso Douglas y Cobb aportó la técnica.

-¿Cómo fue la “cocina” del referido trabajo?

-Douglas la relató así: “En 1927, en Amherst -donde estaba pasando un año sabático-, grafiqué tres variables a escala logarítmica, referidas a la industria manufacturera de Estados Unidos entre 1899 y 1922: un índice de capital fijo, un índice del número total de asalariados, y un índice del volumen físico de la producción del sector. Noté que este último se ubicaba entre los del capital y el trabajo, y que estaba entre un tercio y un cuarto de la distancia relativa entre el índice de trabajo, que estaba abajo, y el de capital, que estaba arriba. Luego de consultar con mi amigo Cobb, elegimos la fórmula de Euler para una función homogénea de primer grado, que Philip Henry Wicksteed y Johan Gustav Knut Wicksell habían desarrollado unos años atrás”.

-Hojeando la citada monografía me sorprendió que los coeficientes que ustedes les atribuyen a las participaciones del capital y el trabajo no hayan surgido de un ajuste econométrico típico de la década de 1960.

-Es que lo hicimos en 1927. Al final de la monografía aclaramos que el propósito del trabajo no está en plantear resultados, sino en ilustrar un método para atacar el problema. Nuestra función agregada de producción, como la generalización que en 1961 plantearon Kenneth Joseph Arrow, Hollis Burnley Chenery, Bagicha Singh Minhas y Robert Merton Solow, luego fueron sometidas a muchísimos tests.

-Wassily Wassilyovich Leontief fue un gran crítico de ustedes.

-Lo comprendo, porque decía que, antes de la función Cobb Douglas, los economistas que querían estudiar la producción visitaban fábricas, mientras que a partir de nuestro trabajo se pusieron a teorizar sin salir de sus escritorios.

-El coronavirus no está impactando la situación económica de todos los seres humanos por igual.

-¿Quién puede estar sorprendido por esto? Tampoco un inesperado corte de electricidad afecta a todos los seres humanos por igual. En el caso del coronavirus y, particularmente como consecuencia de la cuarentena dispuesta a partir del 20 de marzo pasado, circunscribiéndonos al plano productivo, no les está yendo igual a quienes fabrican alcohol en gel, barbijos, tallarines, gaseosas, bufandas y libros; así como no les está yendo igual a quienes prestan servicios que se pueden instrumentar vía teletrabajo, que a quienes cortan césped, venden panchos en los estadios de fútbol o acomodan a quienes concurren a los cines y los teatros. La cuestión es qué hacen al respecto, tanto las autoridades como cada uno de los seres humanos que integran el sector privado.

-Explíquese.

-Como a usted le gusta decir, ya bastantes problemas tenemos con los problemas para que el accionar público nos los aumente. Por eso, al tiempo que flexibiliza todo lo que puede por derecha, para evitar que la realidad se flexibilice por izquierda tiene que atender de manera directa las necesidades más perentorias. Con respecto a lo primero, nunca está de más enfatizar que el conflicto entre salud y economía es cuantitativo, no cualitativo; por lo cual, lo que importa es cuánta cuarentena sigue vigente.

-Entiendo, pero si la pandemia/cuarentena afecta más a los pobres que a los ricos, ¿qué debería hacer el Gobierno para evitar el aumento de las desigualdades?

-Por una parte, seguirle proporcionando dinero y bienes a las personas cuya situación económica está más comprometida. Pero ahora me quiero concentrar en lo que no debería hacer.

-¿Qué es lo que no debería hacer?

-Igualar para arriba es imposible, por más lindo que suene. Lo cual quiere decir que un gobierno que pretenda neutralizar el aumento de la desigualdad, lo único que puede hacer es igualar para abajo. Mi ejemplo preferido: del hecho de que no todos los seres humanos tengan suficiente dinero como para comprar autos nuevos, no debería surgir la recomendación de fabricar autos usados. Este es un buen ejemplo de pretender igualar para abajo, diferente del caso de la fabricación de “muebles antiguos”, porque muchas veces estos cuestan más que los modernos.

-¿Tiene algún ejemplo más relevante que el de los autos?

-El de la educación, tema importantísimo y sobre el cual las opiniones políticamente correctas son nefastas para el presente y el futuro de quienes deberían ser el centro de las preocupaciones: los alumnos. En la Argentina, como en el resto de los países, no todos los estudiantes tienen la posibilidad de cursar de manera remota lo que pensaban cursar de manera presencial. Esta última es mejor que aquella, pero la educación vía remota es mucho mejor que nada.

-Me imagino a dónde va, pero le ruego que elija bien sus palabras…

-Las autoridades, los asesores educativos, los intelectuales, etcétera, tienen que tener coraje de decirles a los alumnos (y a sus padres) que este año no pudieron cursar, o que lo hicieron de manera muy deficiente, que en 2021 “no van a repetir el año 2020”, sino que “lo van a cursar”, que no es lo mismo. En el ámbito educativo el primer valor es la verdad; la clave es el aprendizaje; el viaje de egresados, la fiesta de graduación, etcétera, son adornos. Por favor, pongamos al caballo delante del carro.

-¿Qué pasaría si las autoridades les dieran el año por aprobado a todos los estudiantes?

-Le contesto su pregunta con otra: ¿se haría usted operar por un cirujano que le dijera que él (o ella) “cursó” cirugía en 2020? En los diarios argentinos más de una vez aparecieron avisos donde pedían graduados universitarios, pero que no hubieran cursado en tal o cual universidad, o entre tales y tales años. Dar por aprobado un año no cursado implica eludir una responsabilidad, que comprometerá el futuro personal y laboral de muchos jóvenes.

-Don Charles, muchas gracias.

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