Por avión: los aeroaplicadores cuentan sus experiencias



La Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (Fearca) realizó un informe de las ventajas comparativas de las aplicaciones por avión Crédito: Mauricio Irigoyen

La Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (Fearca) recogió testimonios de aeroaplicadores que contaron sus experiencias y las ventajas en rentabilidad de las aplicaciones aéreas en cada uno de los cultivos.

En “el caso de la soja, la terrestre tiene un porcentaje grande de pérdidas por pisada, otros como el maíz necesitan la aplicación aérea para entrar debido a la altura del cultivo”, señalaron.

En el caso del maní “hay estudios que hablan de hasta un 13% más de rendimiento con aviones y en el algodón depende de las extensiones de sembrado”, dijeron.

Para Walter Malfatto, aeroaplicador de la Cámara de la Provincia de Buenos Aires (Capba), “el trabajo de aplicación aérea en soja se concentra principalmente en el control de enfermedades y malezas, tratamientos de enfermedades foliares o aplicación de fertilizantes líquidos”.

Con respecto a la aplicación aérea de fitosanitarios en soja, para el aeroaplicador es importante “respetar las técnicas y protocolos conocidos en la materia y en cumplimiento con la normativa legal vigente y deben evitarse las altas temperaturas, con lo cual, la mañana, muy temprano y, en menor medida, la última hora de la tarde, son los horarios óptimos para obtener resultados eficientes”.

Sin embargo, sostiene que “la aeroaplicación se ha transformado en un servicio de emergencia que, año tras año, cede terreno frente a la aplicación terrestre que sólo representa alrededor del 20% del total del sistema productivo”.

Por otro lado, manifiesta que “los especialistas técnicos tienen mucho material que respalda la mayor calidad de la aplicación aérea”.

En este sentido, para Mauricio Irigoyen, aeroaplicador de la Cámara de Santa Fe (Ceasfe), “los trabajos de aeroaplicación en soja, en condiciones de suelo normal, empiezan cuando el cultivo ya cerró el surco y en general son tratamientos de fungicidas, insecticidas y herbicidas y que muchas veces son una combinación de algunos de los tres o los tres inclusive”.

Con respecto a los cuidados que se tienen, explica que “es muy difícil de precisar cuál es el porcentaje de trabajo en aplicación aérea ya que depende mucho de los distintos lugares, pero en mi zona no se supera un 30% en total de tareas aplicadas con avión”.

En cuanto a la eficiencia, señala que “las aplicaciones realizadas en forma aérea son más eficientes por varios motivos, uno de ellos es que los productos utilizados se aplican mucho más concentrados que en una aplicación terrestre y se utiliza mucho menor volumen de aguaa que “la turbulencia que generan los aviones en los cultivos ayuda a tener una mejor penetración en el mismo”.

“Por lo general una aplicación terrestre tiene una pérdida de entre un 2% a un 5% dependiendo de la maquinaria que se utilice y el cultivo que sea. Si ponemos, por ejemplo, que en soja pisamos un 3% que equivaldría en un cultivo que tenga como potencial de rinde entre 30 a 40 quintales, lo que equivaldría a 1,2 quintales de pérdida y en dinero serían $3000 aproximadamente. Si a eso le sumamos el costo de una aplicación terrestre, que ronda los $400 o $500, tendríamos un costo para la aplicación terrestre de $3500 aproximadamente siendo que una aplicación aérea nos costaría menos de la tercera parte”, destaca.

Con respecto al maíz, “lo único que se aplica es fungicidas que se hacen con avión porque no se puede entrar con una máquina terrestre ya que el cultivo tiene entre un metro y medio a dos metros de alto. En general no está tan impuesto el trabajo aéreo, todavía hay muchísima gente que ni siquiera lo hace o lo conoce, pero no lo quiere hacer”, señala Irigoyen.

Tecnología de punta en maní

Diego Cerioni, de Prodeman y miembro de la Cámara de Aeroaplicadores de Córdoba (CEAC) dice que en cuanto a los cuidados en las aplicaciones “en fungicidas e insecticidas hay que buscar coadyuvantes y productos que no manchen la hoja y, respecto a herbicidas, las mismas consideraciones que cualquier cultivo en cuanto a la deriva”.

“Es muy importante el preemergente ya que es una planta rastrera y la paleta de herbicidas muchas afectan al maní y para los horarios de aplicación hay que evitar temperaturas altas y baja humedad”, dice.

Para la entidad, la aeronave juega un papel preponderante ya que en una misma franja horaria de condiciones ideales de aplicación el avión aplica diez veces más hectáreas que un equipo terrestre. “El avión aplica a unos 220 km/h mientras que el equipo terrestre lo hace a 15 km/h”, explican de la asociación.

El noble algodón

“El trabajo aéreo en algodón es similar a cualquier otro cultivo”, cuenta Guido Kindwerley, aeroaplicador de la Cámara del Chaco (Ceach) y explica que “se buscan los horarios de menor temperatura para trabajar y la aplicación se hace con una gota de entre 150 y 250 micrones”.

Solo entre un 10% y un 15% se hace con avión; lo demás hacen con terrestre. No hay problema de pérdida de pisada como en otros cultivos porque el algodón se siembra a 70 cm. “Cuando el productor, debido a las extensiones del campo, no llega a tiempo para tratar con los insecticidas en picudo o los reguladores de crecimiento ahí utilizan el avión”, destaca Kindwerley.

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