Poema gaucho por Juan Pablo Roldán y su zaino “El Místico”



El oficial inspector Juan Pablo Roldán y su zaino “El Místico”

Eduardo María Lanús escribió este poema gaucho en memoria del inspector del Cuerpo de la Policía Montada Juan Pablo Roldán, asesinado el 29 de septiembre pasado. LA NACION lo reproduce a continuación.

Juan Roldán, un policía,

de una conducta ejemplar,

cuando empezó a trabajar

estuvo en comisarías

pero luego logró un día

la cosa más anhelada,

no se dudaba por nada

que el hombre era de a caballo

y a Veinticinco de Mayo

fue a parar a la Montada.

Y en esa Delegación

con vocación de servicio,

desempeñaba su oficio,

con trabajo y con pasión

por ser bueno en su función

responsable y servicial

la Policía Federal

decide que lo traslada

al Cuartel de la Montada

de Palermo en Capital.

Y allí el zaino que montaba

era su gran compañero

momentos buenos y fieros

junto a su pingo pasaba

“El Místico” lo llamaba

y entre ellos se formó

ese amor que también yo

se lo que es, y se los digo

de hermano, de buen amigo

muy sentido por los dos.

Ese vínculo sagrado

del animal y el humano,

en los campos entrerrianos

Juan Roldán lo había mamado.

Los tiempos muy complicados

entraron a presentarse

y también por encontrarse

sin el merecido apoyo

cuentan que ya andaba el criollo

con ganas de retirarse.

Los que hacían que aguantara

eran su hijo y su señora

y agregaba muchas horas

por que nada les faltara

no era nunca cosa rara

verlo en un adicional

porque en ésta época actual

es verdadero milagro

vivir con el sueldo magro

que cobraba de oficial.

Desde el Cuartel, a un demente

vieron con mucho detalle

como andaba en plena calle

amedrentando a la gente

de ahí salieron tres agentes

corriendo, casi a la par

el hombre al verlos llegar

que no estaba en sus cabales

encaró a los oficiales

con un cuchillo a matar.

Roldán no quiso matarlo,

cosa que hubiese podido,

y al verlo así, tan perdido

le habló, queriendo calmarlo,

pero él no quiso escucharlo,

atropelló sin razón,

y en aquella confusión

sin pensar ni mediar nada

le dio cuatro puñaladas

y una fue en el corazón.

Juan alcanzó a disparar

cuando cayó malherido

quedaron los dos tendidos

esa tarde en el lugar,

no lo pudieron salvar

al pobre de sus heridas

falleció casi enseguida,

por eso, seamos conscientes

de que cuidando a la gente,

Juan Roldán, dejó su vida.

Me enteré que al otro día,

corriendo la misma suerte

también encontró la muerte

el que mató al policía,

tal vez no lo merecía

pero por su acto tan cruel

la viuda y el hijo de él

sin consuelo están llorando

y un zaino sigue esperando

que Juan regrese al Cuartel.

Después en la Federal

dijeron los superiores

que con todos los honores

le harían el funeral,

donde formó el personal

del comisario, al cadete,

y entre tantos, un piquete

de oficiales bien montados

con “El Místico” ensillado

pero esta vez; sin jinete.

Y allí el zaino acostumbrado

a buscar su posición

delante, en la formación

inmóvil quedó parado

a sus ojos empañados,

de tristeza pude ver,

él también le pudo hacer

ese homenaje debido

al hombre que había caído

cumpliendo con su deber.

Yo que soy, como hoy se dice,

un ciudadano de a pie

frente a todos cantaré,

este humilde verso que hice

también mi homenaje quise

rendir y hacerle el honor,

¡y le pido por favor

el descanso merecido

por Juan Pablo, se lo pido

al Buen Dios, Nuestro Señor!

¡Ay zaino!, cuando el momento

te llegue a vos de partir

seguro que vas a ir

retozando muy contento

porque desde ya descuento

que te imagino llegando

hasta El Cielo, relinchando

adonde los buenos van

y allí seguro que Juan

¡Te debe estar esperando!

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