Poco brillo y muchas dudas



En el sector esperan definiciones sobre la política agropecuaria

Poco brillo en materia de gestión y un perfil público muy medido. Comunicación de acciones o planes en dosis reducidas. Demoras en la designación de funcionarios importantes, como en INTA donde se tardó más de un mes, o en lechería donde no se conoce quién quedará a cargo o si el área se manejará en general desde la Subsecretaría de Ganadería.

Cumplidos dos meses de la llegada de Luis Basterra al frente del Ministerio de Agricultura de la Nación, el Gobierno ha hecho que la cartera para un sector que aporta más de la mitad de las exportaciones totales de la Argentina y más del 30% del empleo total no muestre una impronta acorde a la realidad de la agroindustria. O una estrategia deliberada para no tener desde lo político una exposición tan alta, sobre todo en un contexto de tensión por las asambleas y tractorazos que han realizado los productores, una decisión de quizá no querer mostrar las cartas o todavía un tiempo de conocimiento sobre el manejo de la cosa pública desde un lugar ejecutivo. Cualquiera sea la razón, sí hubo celeridad cuando Agricultura acompañó con la suba de las retenciones a días de la asunción del presidente Alberto Fernández.

Se sabe que Basterra se contacta, conversa con dirigentes de la Mesa de Enlace, pero no hay una traducción de eso en hechos concretos. Quienes desde la cadena agroindustrial han estado en contacto con las autoridades de esa cartera cuentan cómo se han ido frenando temas que parecía iban a avanzar, desde cuestiones ligadas a la segmentación prometida por el mismo Presidente hasta algún que otro mecanismo de incentivo para la venta de trigo de los productores a los molinos, entre otros.

Algunos han escuchado excusas como que toda la atención del Gobierno está centrada sobre la resolución de la negociación por la deuda y que eso ralentiza otras definiciones. Más allá de Basterra, entidades como Coninagro han ido a tocar las puertas del ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

Todo este cuadro presenta interrogantes: ¿qué es lo que realmente quiere el Gobierno de este sector? ¿Hacia dónde irá la política en materia agropecuaria? ¿Con qué se va a quedar de lo hecho por la anterior gestión? ¿Se va a continuar con las mesas de competitividad que, por ejemplo, en el gobierno anterior permitió, con sus éxitos en varios casos, trabajar sobre una mirada integral de conceptos por cadenas?

En varios sectores están expectantes por conocer eso. La Mesa de las Carnes ya ha expresado su disposición para hablar con las autoridades. Es un sector que aportó más de US$3000 millones el año pasado solo en exportaciones de carne vacuna y que, considerando todas las carnes, prevé US$10.000 millones hacia 2025, siempre que no se interfiera de manera distorsiva sobre la actividad.

Lo que se vio anteayer en Leones, Córdoba, en el marco de la Mesa Nacional del Trigo, donde confluyeron desde molinos, exportadores, entidades hasta el secretario de Agricultura de la Nación, Julián Echazarreta, debería ser un ejercicio más continuo que permita abordar de manera conjunta, el sector privado y el público, los problemas del sector. Qué mejor tratar de tirar del mismo lado y despejar temores que lleven a un pasado de intervención cuyos resultados han sido por demás malos. El trigo lo sabe: perdió más de 2 millones de hectáreas cuando el kirchnerismo en su momento optó por atacar a la oferta de los productores antes que fomentarla.

En este contexto, persiste el clima de desconfianza, dudas y temores del campo hacia el Gobierno. A las bases les cuesta creer y presionan sobre los dirigentes. Los tractorazos y las asambleas son las pruebas más contundentes de lo que a muchos productores les cuesta dilucidar sobre las intenciones del Gobierno.

Todo esto también presenta desafíos para las entidades que deben conducir ese descontento pero, a la vez, tratar de obtener algo para los productores. Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) quiere que la Mesa de Enlace le ponga fecha a un cese de comercialización. Federación Agraria Argentina (FAA) avisó que no es su prioridad una medida extrema, aunque reclamó del Gobierno respuestas a lo prometido, como la segmentación de las retenciones.

No es una situación sencilla para la Mesa de Enlace de contener a las bases. El escenario es complejo. En el campo está la llave para los dólares genuinos que requiere el país. Muchos más serían si al sector se lo acompaña. De lo que se trata, en el fondo, es de despejar el camino. No es momento para que el agro argentino ceda terreno ante países competidores.

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