Para Wall Street, el acuerdo es una noticia positiva, pero hay que recomponer la relación



Si bien el Gobierno anticipó que no volverá a recurrir al crédito externo en el corto plazo, sí hará falta hacerlo a partir de 2025, cuando sea necesario refinanciar los vencimientos de la actual reestructuración Crédito: Pablo Corradi

El proceso de renegociación de la deuda bajo legislación extranjera fue más tenso de lo esperado y eso repercutió en la relación de la Argentina con los mercados financieros internacionales. El mismo ministro de Economía, Martín Guzmán, definió ayer como “duras” las conversaciones con los acreedores. Si bien el Gobierno anticipó que no volverá a recurrir al crédito externo en el corto plazo, sí hará falta hacerlo a partir de 2025, cuando sea necesario refinanciar los vencimientos de la actual reestructuración. Por eso, uno de los próximos desafíos del país será recuperar la confianza y la credibilidad de los inversores externos.

“Es positivo el cierre del acuerdo. Éramos varios los que anticipábamos que no era creíble la intransigencia del Gobierno de que no podía pagar más y la postura de los bonistas de que menos de 56 centavos por dólar no aceptaban. Se encontró un punto intermedio. Es positiva la noticia y es un paso importante para la Argentina”, opinó desde Nueva York Guillermo Mondino, fundador de Mogador Capital

Sin embargo, el economista indicó que en ese proceso “se desgastó mucho la relación con el mundo financiero”. “Hay cierta fatiga con la forma en que llevó la Argentina este proceso negociador. La heterodoxia del proceso terminó en un resultado ortodoxo; todos sabíamos que la Argentina iba a terminar pagando 55 dólares. Ahora hay que reconstruir la relación porque quedó dañada. Más allá de lo que digan públicamente, una vez cerrado el canje, hoy es más probable que los acreedores vendan bonos que compren, señaló.

Para ello, Mondino dice que la Argentina debe recuperar la credibilidad “iniciando el proceso de ordenamiento de la macroeconomía” para atraer la compra de bonos. “Es importante porque la Argentina sigue siendo un país endeudado, por las empresas y las provincias que tienen que reestructurar. Además, en un futuro no demasiado lejano habrá que encontrar algún mecanismo de financiación del déficit que no sea el monetario, para distribuir mejor el esfuerzo fiscal”, recomendó.

Marcelo Etchebarne, director de Finanzas para América laatina y Country Manager de DLA Piper Argentina, que había sido crítico con la forma inicial de encarar el acuerdo cuando el ministro lanzó su primera propuesta sin una negociación previa con los acreedores, ahora señaló “que fue un muy buen acuerdo”.

“El descuento para la Argentina comparado con la historia de las reestructuraciones soberanas es significativo, es una quita muy grande. Fue excelente. La crítica tal vez es por qué no se hizo hace dos meses, pero es difícil saberlo si uno no está en las conversaciones del día a día. Los acreedores le venían corriendo el arco al Gobierno, hasta que finalmente se plantó en una postura. Que el ministro no estuviera cómodo en esa postura y que haya habido intervención de actores por fuera del Ministerio de Economía fue clave para que el acuerdo se cerrarse. El presidente Alberto Fernández mostró una postura de liderazgo para que esto concluyera”, dijo el abogado especializado en reestructuraciones soberanas.

“La adhesión será muy grande, probablemente se disparen muchos consentimientos de cláusulas de acción colectiva (CAC), que evitará tener juicios hacia adelante. Ahora que ya tenemos el plan financiero, el ministro tiene que mostrar el plan económico”, agregó.

Otro economista de un banco internacional, que escribe los informes financieros sobre el país, indicó en off the record que ahora habrá que ver qué exit yield (tasa de rendimiento) consiguen los bonos. “El mundo no es binario: estar en default o no estarlo. También importa la exit yield. Si luego de la reestructuración los bonos terminan rindiendo 14%, no se está mucho mejor, eso significa que no hay acceso al financiamiento”, dijo.

Y agregó: “Lo cuestionable de la estrategia del Gobierno es que no dejó una muy buena impresión en la relación con los acreedores del exterior, y esto impactará en que será más difícil que después lo financien. El Gobierno igualmente ya anticipó que nunca iba a tener acceso fluido, lo que es consistente con su estrategia de intentar minimizar los pagos en los próximos tres o cuatro años. Otro tema a señalar es que el valor nominal de la deuda en relación al PBI sigue siendo de 90%, porque casi no hubo recortes de capital. Por lo tanto, el acuerdo confirma que el problema de la Argentina era de liquidez y no de solvencia”.

Siobhan Morden, directora de Amherst Pierpont, opinó: “¿Cuál fue el beneficio de la estrategia de Martín Guzmán? Sinceramente, no se me ocurre ningún beneficio. Si hubiera comenzado con esta oferta hace meses, habría evitado todo el daño a una economía débil y a las relaciones con los inversores. Para que el riesgo disminuya, se necesitan perspectivas de crecimiento y una gestión eficaz y competente. Se necesita un cambio hacia la gestión de políticas ortodoxas. Los inversores han salido de este proceso con heridas de batalla. Me alegro de que haya terminado, pero para llegar a donde esto necesita estar, queda mucho por hacer”.

Diego Ferro, fundador de M2M Capital, por su parte, indicó que el acuerdo era “extremadamente predecible porque el Gobierno no podía hacer otra cosa políticamente que acordar sin importar el costo al que tenía que acordar”. “Ahora bien, ¿es mejor no estar en default que estar en default? Por supuesto. Y probablemente este plan haya que revisarlo de vuelta porque se va a tener que reestructurar en cinco años. El mercado reacciona positivamente porque es mejor salir del default que estar en default”, comentó.

Alberto Bernal, analista de XP Securities, coincidió en que el acuerdo “es claramente una buena noticia”. “Salió en los niveles en los que hemos hablado que iba a salir. Un 45% en alivio de la deuda me parece perfectamente justo en el caso de la Argentina. Ayuda al día después de la pandemia. La Argentina debería tener más capacidad de tener una situación sencilla del fondeo de acá en adelante, y ayuda a las provincias y las empresas. Es un win-win”, dijo.

Diego Pereira, analista del banco J.P. Morgan, concluyó: “El hecho de que el soberano [por el país] haya llegado a un acuerdo con los tenedores de bonos marca un hito importante, al abrir la posibilidad de que la administración dirija la macro-nave después del Covid-19. Un resultado exitoso de la reestructuración de la deuda es una condición necesaria pero no suficiente para estabilizar la macro. Un programa amplio y coherente con el FMI podría ser útil para abordar los desafíos macroeconómicos imperantes. La emergencia económica dicta que dicha negociación debe ser urgente y firme”.

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