Oportunidades y desafíos del plan “ahorrar consumiendo”



Alberto Fernández Crédito: Alfredo Sabat

La economía cayó 13% en la primera mitad de este año. Dato oficial del Indec. El último relevamiento de expectativas del mercado del Banco Central prevé una caída del 12,5% para todo el año. Sería la peor caída de la historia de la economía argentina. En 2002 caímos 11%. Suponer que los efectos de semejante contracción serán leves solo porque por el efecto distorsivo de la cuarentena todavía no los apreciamos en su plena dimensión es, como mínimo, peligroso. Resulta evidente que hacen falta estímulos para salir del pozo actual cuanto antes. El Gobierno dará a conocer en breve 60 medidas para intentarlo. ¿Funcionarán?

Todavía no las conocemos, pero se han dejado trascender algunos de sus postulados: impulsar el consumo, reactivar la construcción, facilitar el acceso al crédito, incentivar la producción local y potenciar las exportaciones para obtener los dólares que insume todo proceso expansivo.

Durante el primer semestre de este año, comparado con el mismo período de 2019, a excepción del consumo masivo (favorecido por “todos en casa, todo el tiempo”, creció 2,3%, según Scentia), los demás sectores sufrieron las múltiples restricciones que afectaron tanto a la oferta como a la demanda. Las ventas en los shopping centers cayeron 55%; el nivel de actividad de la construcción, 38%, y el de hotelería y gastronomía, 42%. Todos datos oficiales del Indec.

Las fuentes privadas convalidan estas tendencias. Entre enero y junio las ventas de autos cayeron 39%; las de motos, 40%; las de electrodomésticos, 40%, y las de indumentaria, 43%. Los datos muestran que el intento es imprescindible. Y también que su éxito no está garantizado. El plan tiene tantas oportunidades como desafíos.

Las oportunidades

1- Una arraigada cultura

En cualquier lugar del mundo, consumo y ahorro son antónimos. En la Argentina, no. Una sociedad acostumbrada a lidiar históricamente con altos niveles de inflación ha demostrado que siempre busca transformar una moneda blanda en una dura. Cuando puede, compra dólares, y cuando no, bienes. Por eso en nuestro país la idea de “ahorrar consumiendo” está lejos de ser un contrasentido.

2- Grandes detectores de “ventanas de oportunidad”

La venta de insumos para la construcción, que en abril llegó a caer un 74% interanual, en junio ya tuvo valores positivos y en julio registró un crecimiento relevante: +13,4%. En agosto el costo de la construcción llegó a 467 dólares blue por metro cuadrado. Un valor históricamente bajo. En agosto de 2011 y en abril de 2017 había hecho pico: 1136 y 1188 dólares, respectivamente (fuente: Reporte Inmobiliario). Es decir que hoy es 60% más barato que entonces.

Los argentinos, grandes detectores de ventanas de oportunidad, ya lo vieron y empezaron por reacondicionar el “hogar búnker”. En junio, las ventas de pinturas crecieron 41% interanual; las de ladrillos huecos, 17%, y las de pisos y cerámicos, 10% (fuente: Indec).

3- Consumidores “cuoteros”

Pocas cosas les gustan más a los argentinos que sentir que le están “ganando al sistema”. No importa si es verdad o mentira. Muy pocos hacen las cuentas finas. El consenso de economistas y bancos proyecta 42% de inflación para este año y 44% para el próximo (fuente: Latinfocus). El concepto comercial de “cuotas sin interés” tiene así un efecto hipnótico. Las últimas cuotas “son gratis” porque a los ojos de los consumidores las paga la inflación.

Los desafíos

1- La ilusión de la cuarentena

El confinamiento generó un espejismo de poder adquisitivo. No solo porque se congelaron muchos precios de la economía -la inflación fue de 13,6% en el primer semestre del año-, se postergaron pagos, se otorgaron créditos a tasa cero y nuevos subsidios (IFE y ATP), sino fundamentalmente porque la propia dinámica del encierro alteró por completo los patrones de consumo de la población. Al analizar la última encuesta de gastos del Indec se puede apreciar que las erogaciones habituales se vieron reducidas de manera significativa. No se puede gastar en lo que no se puede comprar. Si sumamos la incidencia de recreación y cultura (8,6%), restaurantes y hoteles (6,6%), transporte -tanto público como privado- (14,3%), ropa y calzado (6,8%) y cuidado personal (2,6%), llegamos casi al 39% de los gastos de un hogar promedio. Está claro que todo eso no cayó a cero, pero en muchos casos estuvo bastante cerca.

A medida que se salga nuevamente a la calle crecerá el nivel de actividad, pero en simultáneo volverán los gastos que no estaban. En ese momento el poder adquisitivo entrará en tensión. Deseos vs. posibilidades.

2- Lo que se perdió en el camino

Los servicios que no se prestaron nunca existieron. La ropa que no se vendió en invierno no sirve para el verano. Los restaurantes que cerraron ya no están. Los empleos que se perdieron disminuyen la masa de ingresos totales de la población. En mayo había 409.000 empleados formales menos que un año atrás (fuente: Ministerio de Trabajo). El Observatorio de la UCA calcula que se perdieron además unos 650.000 puestos de trabajo informales y que la tasa de desempleo llegaría al 15,5% en el segundo trimestre. Un registro que no se ve desde el año 2003, cuando fue de 16,5% en el tercer trimestre y de 14,5% en el cuarto.

3- Con el regreso a la realidad, volvería a acelerarse la inflación

El informe REM del BCRA proyecta una aceleración de la inflación para el segundo semestre del año, pasando del rango del 2% mensual al 4% desde octubre. En este aspecto la cuarentena también generó una cierta ilusión. Entre las restricciones y la gran incertidumbre, la gente se quedó con los pesos en la mano y eso redujo la velocidad de circulación del dinero a un piso histórico, lo que atenuó la inflación.

4- La pandemia está lejos de haber concluido

Los propios datos de la evolución del PBI mensual demuestran que a mayor nivel de movilidad, menor caída de la economía (abril, -26%; junio, -12%) El virus ya no se localiza solo en el AMBA, sino que crece en muchas provincias y ciudades del interior, que están retrocediendo en sus niveles de apertura. Eso afectará negativamente la velocidad de recuperación.

El consumo privado representó en 2019 el 71% del PBI, según el Indec. Es lógico que se busque estimularlo para impulsar la reactivación. Vivimos en una sociedad de consumo, donde el bienestar personal afecta de manera directa el humor social. En su más reciente libro, De la ligereza, el filósofo francés Gilles Lipovetsky afirma que “una vida sin placer ya no es una verdadera vida: vivir sin ligereza consumista se ha vuelto sinónimo de vida aburrida y desperdiciada. Lo que promueve el capitalismo de seducción es un mundo cotidiano dominado por los signos de la diversión y la negación de lo trágico”.

¿Funcionará el plan “ahorrar consumiendo” para reactivar en simultáneo el nivel de consumo y el agobiado humor social de los argentinos? Como bien señala el futurólogo norteamericano John Naisbitt, quien quiera anticipar el futuro deberá poder verlo como un rompecabezas y analizar cómo encajan las piezas. Para lograrlo, nos convoca a nunca perder el tanteador del juego. Serán los datos los que develarán el interrogante.

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