Opinión: por suerte, el campo no se frena porque no quiere y no puede



Hay un daño a la confianza, confianza que se requiere para motivar al sector privado que quiere invertir y hacer negocios Crédito: Juanma Baialardo

“Porque te quiero te aporreo”. Esta frase a veces pareciera resumir la mirada y el accionar del Gobierno con el campo. Quizás una variante podría ser “porque te necesito te tengo que aguantar”.

Ante las declaraciones del Presidente y otros funcionarios planteando la maldición de la suba de precios de los granos y la necesidad de desacoplar el precio real del precio al mercado interno, la respuesta inteligente de la Mesa de Enlace fue…hablemos. Luego de un año sin reunirnos, hablemos.

Ante de empezar otro conflicto como el del 2008 y sintiendo la presión de las bases, hablemos. El Gobierno respondió rápidamente y convocó a un encuentro. Según parece, aquello que se dijo en declaraciones públicas previas, en esa reunión se descartó: ni más retenciones ni cupos a la exportación.

Difícil entender la estrategia del Gobierno de primero provocar y luego recular sin que nada de fondo haya cambiado. Salvo que lo que haya cambiado es que uno crea que en esa reunión los funcionarios se dieron cuenta que:

Gran parte de los costos de producción en el agro son en dólares (60% al 80%). La incidencia de la materia prima sobre el precio de un producto en góndola es bajo (10% al 25%). El precio de los commodities está desacoplado a través de las retenciones que ya existen y a través del desdoblamiento del tipo de cambio (además de una retención encubierta que surgiría del fideicomiso del aceite). El Gobierno tomó conciencia de la enorme presión fiscal que tienen las empresas (de cualquier rubro) en nuestro país y se fueron contentos porque no hubo mayor demanda de bajar impuestos.

Sea por lo que fuere, pareciera que se lograron unos días de calma. Lo que no se mide es el enorme daño a la confianza, confianza que se requiere para motivar al sector privado que quiere invertir y hacer negocios, generando divisas y empleo genuino en el país.

Esa amenaza permanente de que si al Gobierno de turno “algo no le gusta”, las reglas de juego son cambiadas de un día para el otro. Una improvisación que muestra la falta de una visión estratégica de país y lo variable que es la mirada sobre el campo según la coyuntura (“te aporreo o te aguanto”).

Los que seguro están contentos con estas idas y vueltas son los países que compiten con nosotros en el comercio de alimentos. Si cae nuestra credibilidad como proveedores, ellos ganan. Mientras nuestros compradores exigen lo básico: comprar productos de calidad, a un precio de mercado y con la provisión en cantidad asegurada en el tiempo. La confianza nuevamente aparece como la base para los negocios.

Más allá de las ideologías, la importancia que tienen para el país las más de 20 cadenas agroalimentarias es evidente. Atacarlas o desmerecerlas lo único que asegura es seguir generando pobreza y mediocridad. Mientras, el campo no se frena, porque no quiere y porque no puede. Por suerte.

El autor es socio gerente de Zorraquín + Meneses

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