Opinión. La vaca es más que asado y la soja es más que un yuyo



Drones y otras invennciones que se adoptan en el agro requieren de recursos humanos capacitados Fuente: LA NACION

La tecnología abre camino para la adopción de nuevas formas de trabajo, aplicación y desarrollo de conocimientos, comunicación e interacción, entre muchísimos ejemplos que podríamos mencionar. Los mensajes se multiplican y la información abunda, pero aun así la agroindustria, principalmente en Argentina, no logra desprenderse de todas aquellas etiquetas y mitos que la rodean.

La tecnología cambia todo lo que hacemos y lo seguirá haciendo. No obstante, la gestión de la fotosíntesis para generar alimentos, energía, bebidas, abrigo, biocombustibles y muchas cosas más es una necesidad de la humanidad que seguirá siendo de esta manera.

Pensar que nuestro país solo exporta carne o granos con muy poco o nada de valor agregado, asumir que solo exportamos soja y solo producimos alimentos, es sesgar la realidad agroindustrial de nuestro país.

La industria farmacéutica, cosmética, energética, y textil, por ejemplo, obtienen sus productos de los insumos del campo. Líquido de frenos y espuma de extintores derivan de la vaca o la producción de bioplásticos a partir del maíz o la soja, por citar algunos casos.

Sí, la vaca es más que asado, los cultivos más que plantas y el campo es agroindustria.

Los alimentos y la energía son de demanda ilimitada. El aumento de la población a nivel mundial y los recursos limitados (es decir, suelo y agua) conllevan el desafío de producir alimentos y energía para más con menos. Es justamente aquí donde el rol de las tecnologías y el conocimiento juegan un papel clave y necesario.

Nos encontramos en un contexto global de profundos cambios que se dan a gran velocidad. Este escenario plantea oportunidades, pero también importantes y nuevos desafíos para la agroindustria argentina.

Por eso, el sector necesita de recursos humanos con formación de excelencia, capaces de entender qué pide el mundo, dónde estamos parados y qué nos falta para poder adelantarnos y adaptarnos a las próximas realidades.

Tal es así que es esencial invertir en conocimiento, metodologías y diversos análisis que aborden las cadenas agroindustriales desde un enfoque sistémico (desde la provisión de insumos hasta el consumidor), su contexto (región, sector, empresa) y la interacción con el mismo como input para la toma de decisiones estratégicas y su ejecución.

En definitiva, entender la realidad en los diferentes niveles (empresa, sector, región, nación) y comprender la importancia de conocer el contexto y jugar con diversos escenarios para estar preparados.

Otro aspecto diferencial es la puesta en valor de la calidad y las tecnologías disruptivas como “ingredientes” para la construcción de la competitividad de las cadenas agroindustriales, entendiendo que coexisten distintos niveles de adopción y, además, que se necesitan propuestas innovadoras para poder crecer en un entorno nacional complejo.

Tenemos que estar preparados para dar respuestas, innovar, crear y adaptarnos. Hoy más que nunca queda de manifiesto lo importante que es la agroindustria para nuestro país: en 2019 representó el 63.4% de las exportaciones. Junto con sus economías regionales tienen un enorme potencial de desarrollo y satisfacen desde las necesidades básicas hasta las más sofisticadas. Si miramos el contexto desde lo regional, existe un desbalance entre lo que ocurre en la región pampeana y el interior.

Los desafíos cambian según la ubicación geográfica de una pyme, por lo que resulta importante brindar espacios de capacitación, discusión para la construcción de estrategias y encontrar soluciones o herramientas que suelen estar mucho más cerca de lo que creemos, pero no se conocen.

Construir conocimiento sirve como puente entre la oferta de las nuevas tecnologías y los potenciales usuarios de estas. Las instituciones educativas son plataformas que aportan una mirada interdisciplinaria e innovadora que permite repensar la agroindustria desde distintos ángulos o enfoques.

Así, el conocimiento es una inversión. Es el espacio que se necesita para pensar en conjunto, discutir, proponer y accionar para saber dónde estamos y qué nos falta para llegar a donde queremos como individuos, pymes, comunidad, sociedad y sobre todo como país.

Director de la Diplomatura en Agroindustria del ITBA

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