Nunca hay que cortar las raíces si se quiere que haya flores



Nunca hay que cortar las raíces para obtener las flores. Poder entender que se pierde cuando se pierde y que se pierde también cuando se gana: de eso se trata esta nota, que espero sea de su interés.

Perder, por lo general, solo significa “no ganar” y representa, simplemente, que ganó otro. Habrá otra oportunidad, otro partido, otra elección, otra forma de encarar mejor un proyecto. Edison registró hasta 1093 patentes antes de trascender. Steve Jobs fracasó algo menos y solo patentó 346 proyectos antes de que nacieran Apple o Pixar. Iván Lendl no paró de perder finales antes de ser casi invencible, allá por los años 80.

Hay una frase eterna que siempre se usa de consuelo: “Un resultado negativo en el presente puede ser una fuente de riqueza en el futuro”.

A veces, ganar puede representar perder mucho en el futuro. Con la obsesión del resultado existen personas, familias o países que agotan sus reservas, sus recursos, su mentes. Hasta hacen acuerdos con indeseables o con países que sacrifican a su gente. Ganan la contienda, pero pierden seres queridos, pierden dignidad, pierden prestigio, pierden libertad de decisión. Eso es, simplemente, cortar las raíces para obtener más rápido los frutos. “Un resultado positivo hoy puede ser una hipoteca para el futuro”, es una premisa para tener en cuenta.

Cuando solo se gana o se pierde dinero

Cuenta la historia que un día un hombre, regresando muy tarde a su casa luego de una buena jornada laboral, encontró $200. Lo atribuyó a su día de suerte y decidió ir al casino. Apostó los $200 al número 34 y acertó. Luego apostó todo al rojo y volvió a acertar. Ganó 10 veces seguidas y, con lo recaudado, decidió ir a punto y banca, donde logró acumular $5 millones. Sin soportar la tentación y ya en su última jugada (se aproximaba la medianoche y terminaba su día de suerte), apostó todo al rojo. Resultado: salió el negro y el hombre miró inmóvil cómo se llevaban sus fichas. Al volver a su casa y ante la pregunta de su mujer de cómo había sido su día, contestó: “¡Genial! Luego de un gran día de trabajo me encontré $200, fui al casino y logré sentirme afortunado y divertirme gratis por más de dos horas”. Esto es saber que se pierde cuando se pierde.

Pienso que el tiempo potencia las decisiones. Si la decisión es buena, el tiempo potenciará los resultados favorables. Si la decisión es mala, con el tiempo solo se empeorará todo.

Analizando mi carrera financiera y las de muchos colegas noto que tenemos un gran temperamento, una gran paciencia para bancar las decisiones malas, aguantando un activo improductivo o un bien mal comprado. Aguantamos las pérdidas pensando que un día todo se recuperará. Pero no tenemos esa misma paciencia cuando estamos ganando con una buena compra y entonces queremos, muy pronto, tomar ganancias.

Pero todo esto, amigo, solo se trata de dinero. Solo es eso: dinero. Y con el tiempo nos vamos perdonando los errores. Quién de los que está leyendo no dijo allá por 2002: “¡¡Nunca más dejo la plata en un banco!!” Y volvió. Allá por 2002 yo dije: “Nunca más compro bonos argentinos”. Y hoy, 17 años después, soy uno de los que espera la propuesta de reestructuración, porque volví a los bonos.

Ganamos algo hoy y perdemos calidad de vida futura

Cuando un gobierno decide dar un gran “estímulo fiscal”, es igual a una situación en la que usted decide darle una mejor calidad de vida a su familia, alejarse de los problemas y tomarse tres meses para vivir la buena vida. Compra boletos de avión de primera clase a un lugar turístico, se aloja en un buen hotel, alquila un buen auto y cena todos los días en buenos lugares. Cuando se acaben esos meses usted y su familia estarán felices, pero vendrá el duro momento de pagar su tarjeta de crédito y eso hará que su consumo en los siguientes meses tenga que ser menor, o que tenga que trabajar el doble para recaudar.

A diferencia de usted, el gobierno puede recurrir a financiarse con impuestos y, si lo hace, estará quitándole recursos a individuos y a empresas para pagar. Si lo financia endeudándose, a las empresas privadas se les encarecerá el crédito ante el desafío de competir con el gobierno por dinero. Si sube la carga impositiva, esas firmas tendrán menos para invertir y desarrollar tecnología. En cierta forma, al optar por el dichoso “estímulo fiscal” asumimos que el gobierno gasta y distribuye mejor que nosotros. El círculo sería así: suben los impuestos, se desalientan las empresas, no toman empleados, hay quienes quedan fuera del mercado laboral y el Estado tiene que asistirlos; como no alcanzan los recursos, suben los impuestos. Resultado: Menos sector privado, más Estado, menos ingresos, más gastos. Tenemos el mayor gasto público en seguridad y asistencia social y uno de los mayores niveles de pobreza de la historia. Claramente, estamos gastando mal.

Propongo este ejercicio: salga con ocho amigos a cenar y que sepan que la cuenta se dividirá por igual. Todos piden entradas, vino, repiten papas y piden postre. Resultado: cuenta descomunal y distribución costo-beneficio injusta. Repita la cena, pero que cada uno pague lo suyo. Todos comparten plato, nadie pide postre (están a dieta) y nadie quiere vino porque hay que manejar. Resultado: cuenta mucho más reducida y justa distribución costo-beneficio. Que fácil es gastar lo que surge del esfuerzo de otros.

Podemos ganar hoy, pero perder prestigio a cambio

Podemos ganar hoy y parecer poderosos, pero sacrificamos prestigio y credibilidad futura si somos capaces de cambiar las reglas luego de que los jugadores decidieron participar. Cuando invirtieron con condiciones preestablecidas en cuanto a retenciones, Ingresos Brutos, Bienes Personales, y luego se cambian las reglas para cobrar más impuestos, quizás aumente la recaudación presente, pero perdemos los inversores de largo plazo de la economía real. Y solo se quedan los contratistas amigos.

Es como si Juan le debiera dinero al banco y para pagar le roba a José. Claro ganador el banco. Claro perdedor José. En nuestro país, Juan no termina preso, porque parece que el fin justifica los medios, pero nadie volverá a hacer negocios decentes con Juan.

El prestigio no se compra, se gana. Y si se tiene, produce más riqueza que cualquier recurso natural. Japón con prestigio y sin recursos consigue lo que necesita; nosotros con recursos y sin prestigio conseguimos buitres.

Podemos ganar hoy y perder luego libertad de decisión

Hay valores intangibles no mensurables. La percepción del riesgo asumido es distinta para cada emprendedor y el valor del beneficio obtenido tiene distintas percepciones. Schumacher nunca pensó que asumía riesgos y, si los asumía, era porque la satisfacción que le producía hacerlo era superior al costo de sus miedos. Es autoritario querer controlar la economía como si fuese una ciencia exacta. La base de cualquier decisión económica está en la confianza, en la credibilidad, en las expectativas. Esas variables no se manejan con el Excel.

Pero siempre hay omnipotentes que quieren direccionar todo, en nombre del Estado y del bien común que ellos consideran. Su trabajo es decidir quién y cómo se deben hacer las cosas, sin ver los costos intangibles, inmedibles, inmensurables, para el que produce. Entonces, alguien que quizás nunca emprendió, que nunca arriesgó su dinero personal o familiar, tiene la libertad de elegir las reglas. Y el que emprende tiene solo la necesidad de pedir permiso o algún beneficio. No tiene sentido arriesgar si uno no va a tener la libertad de elegir el cuándo y el hasta cuándo.

Quien recibe un plan asistencial, un subsidio, un servicio gratis, por más merecido y justificado que sea, tiene que entender que ese dinero no se lo da un político de su bolsillo. Un gobierno lo puede dar gracias a quienes pagan impuestos por su trabajo o asumen riesgo con su capital (mayoritariamente de clase media).

Este diario me contrata para estas notas quincenales. Supongamos que un auspiciante necesita ajustar porque le subieron impuestos y el diario decide cancelar esta columna. Yo pierdo un ingreso y automáticamente con mi mujer decidimos cancelar un gasto: el de servicio doméstico. Mi posición económica es igual, perdí un ingreso y bajé un gasto, solo perdí calidad de vida. Pero para Nancy, que trabajaba con nosotros, representa el 100% de sus ingresos. Ella pasará a la asistencia del Estado. ¿Se dan cuenta de que hay un punto en el que, al subir los impuestos el Estado, termina recaudando menos y gastando más?

Amigos, nunca es bueno cortar las raíces para tener los frutos rápido.

El autor es licenciado en administración con un posgrado en finanzas. Gerente de Desarrollo de la Bolsa de Comercio de Bs. As., director del IAMC, consultor del laboratorio de finanzas de la UADE

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