No sabemos lo que va a pasar, pero sí lo que no va a pasar



Es muy probable que la mayoría de nosotros no tenga la menor idea de lo que pueda pasar con nuestra economía el próximo año. La velocidad del cambio convierte en impredecibles los movimientos sociales en todo el mundo. Con solo revisar un periódico y ver lo que se anticipaba para 2020 hace un año y compararlo con lo que pasa hoy, notaremos que muchos analistas pueden anticipar una tendencia, pero pocos la velocidad de marcha de esa tendencia. Lo que desubica es la dinámica del cambio, no el cambio.

Les anticipo que, como yo tampoco tengo la menor idea de lo que pueda llegar a pasar, me voy a detener en lo que la experiencia me dice que seguro “no” va a pasar. Es algo así como intentar llegar a un escenario menos incierto aplicando el método del descarte de posibles escenarios.

1. No vamos camino al desarrollo

Tendremos una recuperación interesante de nuestra economía, pero sin desarrollo sostenido. Simplemente, porque agotamos inventarios e infraestructura por falta de inversión. Podría decirse que cambiamos las griferías, pero no las cañerías y, entonces, todo luce mejor pero no logramos mejorar la intensidad del agua. Cambiamos el camión por uno más nuevo, pero circula por las mismas rutas, mal mantenidas, con más tránsito y más piquetes, por lo tanto, ese camión “nuevo” tardará más tiempo en llegar al puerto. Además, si se le pincha una goma no conseguirá el neumático de repuesto y se atrasará aún más su llegada. Esto representa más costos, más ineficiencia, menos competitividad. La experiencia indica que, si bien es muy dinamizador y positivo incentivar el consumo vía créditos a tasa cero, o con descuentos financiados por el Estado, si no se acelera la inversión el resultado será un boomerang, porque el aumento de la demanda traerá faltantes de stocks y, con ello, habrá desabastecimiento y puja de precios. Consumo sin inversión, termina en desabastecimiento.

Hay un lindo cuento que ejemplifica el problema de atender solo a la decoración de una estructura y no a sus cimientos. El vendedor de una tienda de animales domésticos terminó convenciendo a su cliente de que comprara un loro, asegurándole que era uno especial porque hablaba con mucha claridad. Al día siguiente, el hombre volvió a la tienda y reclamó:

-El loro que usted me vendió no habla.

-Muy raro -le respondió el vendedor-. Dígame algo, ¿el lorito picotea la campana?

-¿Campana? ¿Qué campana? No hay ninguna campana en la jaula.

-¡Ah! ¡Ese es el problema! El loro necesita tener una campanilla. ¿Acaso a usted no lo despierta todos los días el despertador? ¿Y no es ese sonido el que hace que se levante para ir a trabajar? Entonces, el perico también tiene que tener una campanilla. Él se despierta por la mañana, toca la campana con su pico, escucha el sonido y sabe que ya es hora de empezar a hablar.

-¿Cuánto cuesta la campana?

-100 dólares.

-Bueno, me la llevo.

A la mañana siguiente, el hombre vuelve a la tienda y se queja:

-Este loro no habla.

El vendedor le pregunta:

-¿El loro sube por la escalerilla?

-Yo no tengo ninguna escalerilla en la jaula.

-¡Hombre! Es indispensable tener una escalerilla. Su loro necesita empezar el día con un poco de ejercicios. Picotea la campanilla, sube y baja la escalera, la sangre circula y ahí le vienen las ganas de hablar.

-¿Cuánto cuesta la escalera?

-200 dólares.

-Bueno, me la llevo.

Dos días después, el cliente vuelve a la tienda, pero en esta oportunidad bastante furioso.

-Ya no aguanto más. Compré el loro por mil dólares, después la campanilla, la escalera, y nada de nada. El lorito no habla ni una sola palabra.

-¿Usted observó si él se mira al espejo? -preguntó el vendedor-. Así como usted se ve a sí mismo, ve su imagen, satisface su ego. El lorito también quiere hacerlo, porque cuando lo hace se siente lindo, bonito, se pone contento, se anima y comienza a hablar.

-¿Cuánto cuesta el espejo?

-300 dólares.

-Me lo llevo.

Tres días después el hombre vuelve a la tienda. Está triste, desolado. El lorito se murió.

-¿Está usted seguro? -preguntó el vendedor-. ¡Qué tristeza! El lorito se murió sin haber hablado siquiera una palabra.

-No, no fue así -dijo el dueño-. Un poco antes de morir me miró fijamente y me preguntó: ¿usted no me va a dar nada para comer?

En nuestra historia el lorito es la pyme, la comida es la infraestructura, el comprador es el dueño de la pyme o contribuyente y el vendedor es la burocracia, los trámites innecesarios que se exigen para emprender.

2. El ciclo o rebote económico no será como el de 2002/2007

Ambos ciclos nacen con una gran devaluación, licuando el gasto y las deudas en pesos y otorgándole a la industria local la posibilidad de sustituir importaciones, pero los contextos son totalmente distintos. En aquel momento veníamos de diez años sin inercia inflacionaria, lo cual hizo demorar el traslado a precios de la devaluación. Además, teníamos infraestructura con capacidad ociosa y el gasto público era solo el 25% del PBI. Con una carga fiscal de 30% del PBI ya alcanzaba para tener superávit fiscal.

Esta vez llevamos diez años de alta inercia inflacionaria, sin infraestructura suficiente (enseguida nos quedamos sin energía, sin rutas, sin repuestos) y el gasto público representa el 50% del PBI, con lo cual sin crédito y sin voluntad política de bajar el gasto, la carga fiscal deberá ser del 50% del PBI o solo quedará emitir. Como agravante, las leyes laborales para la industria pyme nacional representan un potencial conflicto futuro.

Este combo hace muy difícil que alguien invierta capital y tiempo y asuma el riesgo de montar una fábrica para sustituir importaciones.

El slogan que proponen los países vecinos es: “Invierta en nuestro país, emplee a nuestros ciudadanos, haremos lo posible para que a usted le vaya bien y, si le va bien, el 65% es suyo y tiene la libertad de disponer como quiera de sus ganancias. Pero pagará el 35% de impuestos, y lo hará con gusto porque serán destinados a mejorar la infraestructura que hará más competitiva su industria.”

El de Argentina es: “Invierta en nuestro país, si usted tiene la suerte de ganar, el 35% es suyo y nos tiene que pedir permiso para ver qué puede hacer con esas ganancias. Por el 65% restante pagará impuestos para que nosotros los podamos utilizar en los años eleccionarios para repartir entre nuestros votantes y, así, podamos garantizar nuestra permanencia y usted deberá estar muy contento”. Lo más difícil de explicar es por qué se enojan con las empresas cuando prefieren invertir en otros países.

3. La inflación no será inferior al 40% anual

Este año de pandemia tendremos una inflación cercana al 37% anual, sin suba de tarifas, sin puja de salarios, sin variación de precios en el costo del cine o del colegio de los chicos (esos servicios no se prestaban) y, sobre todo, con una gran caída del PBI. En este contexto la devaluación del dólar oficial será cercana al 40% y la tasa de interés, al 34%.

En 2021 volverán el cine y los colegios, pero a otro precio; habrá puja salarial, suba de tarifas y un rebote económico con faltante de productos, lo que pondrá presión a la demanda de dólares de los importadores. Si bien sube la soja, algo bueno para nuestras exportaciones, también suben el maíz y el trigo, y eso afecta al costo de la harina y del alimento avícola y del ganado, o sea, afecta a la mesa de los argentinos. Por lo tanto, si todo sale más o menos ordenado, como mínimo, la inflación superará el 45%, la devaluación del dólar oficial será mayor al 45% (por política del Banco Central de ajustarlo por inflación) y las tasas estarán por arriba del 40% anual.

4. Esta vez no será diferente

Los ciclos siempre se repiten, solo que a mayor velocidad. El error es creer que esta vez será diferente. No hay que pelearse con las expectativas de los mercados, siempre es importante tener un tipo de cambio y precios estables, o sea, una macro ordenada. La secuencia siempre se repite:

A) La incertidumbre política o económica se manifiesta en las expectativas de los mercados con subas del dólar, en la percepción del riesgo país y en el costo de acceso al crédito.

B) Algunos empresarios, por esas turbulencias del mercado, retraen sus pedidos de compra o prefieren producir menos. Otros empresarios prefieren no vender la mercadería que tienen por miedo a no poder reponerla. Entonces, por restricción de demanda o de oferta, caen las ventas.

C) Los empleados de las empresas ven que producen menos y les da miedo quedarse sin trabajo y, por las dudas, dejan de consumir.

D) Como hay menos consumo, las empresas venden menos y terminan despidiendo personal y se repite la historia de siempre. Sin estabilidad macro, cae la micro. No hay crecimiento económico y aumenta la pobreza.

Amigos, cuando la incertidumbre no nos permite saber lo que va a pasar, usemos la experiencia para anticiparnos a lo que “no” va a pasar, para que nos ayude a saber por dónde es mejor no avanzar. “Rectificar los errores del pasado es imposible, pero podríamos sacar provecho de la experiencia de ellos”. George Washington.

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