No es tiempo de darse lujos



La última reunión del CAA con el gobierno nacional

Si hay algo para lo que no está la Argentina es para darse lujos. Al menos no debería estarlo desde las políticas públicas, y menos aún si pretende sentar en una misma mesa a los principales actores de la economía para generar oportunidades de inversión, crecimiento y trabajo.

El campo, y la agroindustria en general, debería estar entre los principales protagonistas de cualquier estrategia en esa dirección. Pero el Gobierno parece ahora haber vuelto a los tiempos en los que era más sencillo señalar a un adversario y crearlo como enemigo. Es lo que está haciendo con la Mesa de Enlace, entidad que agrupa a la Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y Coninagro. Aunque no todos los productores agropecuarios están adheridos a ella, el nucleamiento sigue teniendo el pulso más preciso de lo que pasa en el campo.

“El diálogo está empantanado, no está cortado”, dice el presidente de la SRA, Daniel Pelegrina. “Pero el Gobierno ningunea a la Mesa de Enlace”, afirma. Los últimos episodios de esa falta de diálogo fueron la rebaja temporal de los derechos de exportación, con la reinstalación del diferencial arancelario entre el poroto de soja y los subproductos, y la convocatoria del Gobierno a una mesa con empresarios y sindicalistas, que no incluyó al ruralismo.

Sin embargo, una muestra de que los lazos no están cortados fue la propia intervención de Pelegrina para destrabar el conflicto por las restricciones a la circulación que dispuso la provincia de San Luis que provocaron cortes de rutas por parte de productores. Y también para terminar con las trabas entre Santiago del Estero y Chaco. “Hablé con el ministro del Interior, Wado de Pedro, y otros funcionarios de su cartera para encontrar una solución, ofrecimos un protocolo porque creemos que tiene que haber una mirada nacional sobre las disposiciones de las provincias”, dice el presidente de la SRA.

La Mesa de Enlace no parece querer ir por la negativa. “Tenemos una agenda y tenemos propuestas”, afirma Pelegrina y las enumera: reforma impositiva, seguridad (que incluye toma de tierras), ambiente (ley de humedales) y financiamiento. “No se avanza en seguros multirriesgo o la ley de Warrants”, cita como ejemplo el dirigente rural.

Para la Mesa de Enlace, la rebaja temporal de los DEX y la restauración del diferencial “no tienen ningún efecto permanente”, según Pelegrina. “No queremos que haya transferencias de un sector a otro de la cadena”, dice.

En tanto, el presidente de la FAA, Carlos Achetoni, advierte que el país “está en una situación muy difícil” como para darse el lujo de no convocar al ruralismo para establecer objetivos productivos que impulsen a las economías regionales, por ejemplo. “En años normales el sector provee el 65% de las divisas por exportaciones, y en anormales, como este por la pandemia, el 75%, no se puede desconocer su importancia, es muy caro el precio de no hacerlo”, advierte. “Ya se han probado distintos tipos de alquimias, habría que hacer algo distinto”, opina y cree que es tiempo de “terminar con el mito de 2008”, en referencia a que no es posible acordar medidas con la Mesa de Enlace.

Achetoni señala que los pequeños y medianos productores son los que más padecen las distorsiones de la economía, como la brecha cambiaria y la presión impositiva. Y que se corre el riesgo de que abandonen la actividad.

“Tenemos resiliencia frente al cambio climático y no estamos discutiendo cuestiones como los fondos para la emergencia agropecuaria o el seguro multirriesgo”, afirma Achetoni.

Por el momento, el Gobierno cree que es mejor reunirse con el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), como si esta agrupación de casi 60 cámaras le fuera a plantear algo muy diferente que la Mesa de Enlace. El propio CAA expresó en un documento esta semana que “es indispensable que el productor agropecuario tenga claros incentivos a producir más, para lo cual es necesario trabajar en un esquema de reducción de la alta carga de impuestos nacionales, provinciales y municipales, como así también la necesidad de mejorar la competitividad y promover la inversión con visión exportadora”. La declaración también fue un gesto hacia el ruralismo, descontento por las últimas medidas del Poder Ejecutivo.

Más allá de las discusiones internas, el CAA volverá a tener esta semana un encuentro con el Gobierno para buscar avances en el proyecto de ley que establezca condiciones impositivas y fiscales de mediano plazo para incrementar las exportaciones agroindustriales de US$65.000 millones a US$100.000 millones.

La vocación de dialogar de la Mesa de Enlace y la propuesta del CAA son intentos de exhibir una dosis de racionalidad en medio de las distorsiones económicas y políticas en las que se enfrasca el Gobierno. Dejar afuera a la producción es un lujo que no puede darse.

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