Muchas gracias – LA NACION



Martina Rua: “Cuando expresamos gratitud, como también ocurre cuando ayudamos a otros, nuestro cerebro libera dopamina y serotonina, las dos hormonas que nos hacen sentir bien” Crédito: Ana Monti

Expresar gratitud nos hace bien. Decir gracias o expresarla a través de gestos y tener a esta acción como modo de vida puede hacer toda la diferencia en nuestro bienestar emocional, salud y hasta en nuestra productividad, aún en tiempos difíciles como este 2020. Además, se puede ejercitar. No hace falta ser agradecido “de fábrica”, sino que es una virtud que puede ayudarnos a atravesar momentos de incertidumbre como este.

Tomarnos el tiempo para agradecer a los demás es vital para amortiguar la soledad, ampliar las conexiones sociales y generar generosidad. Y este año muchos experimentamos el amor de un familiar a través de una conexión de Zoom, un llamado telefónico de un colega que nos vio cansados, un abrazo en forma de una comida casera que llega por delivery, el cuidado de una amistad que saluda desde el otro lado de la reja, una visita médica que brindó consuelo y cuidado.

Sin embargo, aunque los beneficios de la gratitud son casi obvios y podemos reconocerlos con facilidad, nos sentimos agradecidos con mucha más frecuencia de lo que lo expresamos. Y esto se expresa aún con menos frecuencia en el trabajo. En su libro Emotional First Aid el psicólogo Guy Winch explica que la gratitud es una emoción que nos conecta y es una excelente manera de equilibrar la mentalidad negativa que genera la incertidumbre. Cuando expresamos gratitud (como también ocurre cuando ayudamos a otros), nuestro cerebro libera dopamina y serotonina, las dos hormonas que nos hacen sentir bien.

Para seguir cuidando nuestras emociones durante esta pandemia, comprender cómo impulsar este sentimiento es una herramienta importante que tenemos a disposición. Hay muchas maneras de generarla. La más conocida es la de llevar un diario de agradecimiento en el que todos los días podemos compartir las tres cosas por las que nos sentimos agradecidos en el día, o también anotar el nombre de las tres personas a las que queremos agradecerles. En los ambientes laborales hacer del agradecimiento cotidiano parte de la cultura tiene múltiples beneficios.

Pero antes de antes de ponerla en práctica vale la pena entenderla. Experimentamos gratitud cuando cambiamos nuestro enfoque de lo que no tenemos hacia lo que hacemos y hacen por nosotros, y cuando nos tomamos el tiempo para apreciar y agradecer a aquellos que han contribuido a que sintamos ese bienestar o reconocimiento en nuestras vidas. Ya sea alguien que nos atendió bien en un local hasta un mail de un cliente que valora el esfuerzo del último proyecto. Robert Emmons es el principal investigador de cómo la gratitud impacta en nuestra vida. Luego de una década de investigación dedicada a esto lo llevó a descubrir que las personas que practican la gratitud de manera regular en sus vidas, ya sea con palabras o con gestos, son en general más saludables, más felices y tienen mejores relaciones.

En su libro Thanks, how practicing gratitude can make you happier, explica también que en ambientes donde el agradecimiento y reconocimiento permanente es parte del trabajo las personas y los equipos perseveran más en tareas o ambientes desafiantes, tienen sentimiento de pertenencia y de auto realización. Según Emmons, tener al gracias como bandera también impacta en el auto estima, nos ayuda a alcanzar nuestras metas, mejora la a toma de decisiones, la productividad y la resiliencia. Una de las cosas más gratificantes y que no deja de sorprenderme de mi trabajo es que muchas personas me escriben para contarme lo que les generó una publicación, un curso o podcast.

Lo primero que pienso al recibir estos mensajes es: no tenían necesidad de hacerlo y en segundo lugar qué hermoso que alguien se tome el tiempo de agradecer. Como ningún otro año de mi vida siento una urgencia tremenda por agradecerle a los demás. A tantos, por las remadas, por estar sea como sea, por seguir adelante, por ser inspiración, por tender una mano. De hecho, esta columna surgió así.

Una psicopedagoga me mandó a través de Instagram una foto con todas mis columnas de los últimos meses recortadas, con una frase sobre cómo las habían utilizado y expresando gratitud. Gracias Carla. Y gracias a tantos otros por estar, gracias por ingeniárselas para acortar distancias físicas, por aguantar, gracias por caminar al correo y mandarme una postal desde otro país, gracias por poner todo de vos, gracias por compartir tu vulnerabilidad, gracias por el delivery cuando no estuve bien. Me explota el corazón de gratitud. Seguro ahora mismo tengan muchos nombres en la cabeza y en también en el corazón. No se queden con las ganas. ¿A quién le quieren agradecer?

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