Mi hijo el programador. Salida laboral, sueldos altos y una apuesta a futuro



A comienzos de 2020, Clara Sanchez, una joven pampeana de 24 años, trabajaba como secretaria en un consultorio de kinesiología para solventar su estadía en Córdoba, donde estudia Ingeniería en Computación. Estaba desmotivada con la carrera y había buscado cursos de desarrollador front-end (diseño de la interfaz de usuario de los sitios web), pero eran muy caros para sus ingresos. Hasta que vio una publicidad en Instagram de una nueva academia llamada Henry que forma programadores sin cobrarles nada durante la cursada, sino que el alumno empieza a abonar recién cuando consigue trabajo.

Cursó la modalidad part-time de ocho meses para convertirse en desarrolladora full stack (manejan cada uno de los aspectos relacionados con la creación y el mantenimiento de una aplicación web) y hoy trabaja en InOrbit, una empresa estadounidense con oficinas en el país que vende software a compañías que tienen flotas de robots. Quintuplicó sus ingresos en meses.

Pero el caso de Clara no es aislado, ni tampoco la aparición de una propuesta educativa como la de Henry, que tenía previsto recibir a 200 alumnos y terminará su primer año de existencia con 1000 recibidos. Durante la pandemia, se lanzaron varios cursos organizados por instituciones, empresas y hasta el Gobierno que prometen una rápida formación como programador para salir a un mercado que ofrece empleo y buenos sueldos. Y la respuesta fue abrumadora. Cada llamado tuvo muchísimos más inscriptos de lo esperado, lo que obligó a repensar los esquemas de enseñanza para absorber la demanda.

La rápida inserción laboral incentiva a los jóvenes a estudiar programación Crédito: Archivo

Uno de los primeros fue el programa piloto “Concordia Programa”, una certificación gratuita para que jóvenes de entre 18 y 35 años puedan convertirse en programadores en 5 meses. Organizado por la Municipalidad de Concordia, la empresa de software de gestión Finnegans y la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi), tenía un cupo de 150 personas para arrancar con las clases virtuales el 10 de agosto, y se anotaron 1200.

Una de las recibidas fue Carla Joannás, de 25 años, que está cerca de convertirse en ingeniera industrial en la UTN -Facultad Regional Concordia. “Sinceramente yo estaba muy lejos de la programación. No me gustaba y no la entendía, pero vi el curso en la página de la municipalidad y me anoté. Por la pandemia tenía más tiempo disponible porque no tenía que viajar a la facultad”, contó a LA NACION. Entró a trabajar a Finnegans Concordia en enero junto a otras 14 personas. “Es mi primer trabajo. No me imaginaba en el mundo del software, pero lo veo relacionado a lo que estudié. Al ser mi carrera muy amplia está bueno especializarse. Mi idea es sumar mis conocimientos de marketing para crear programas si veo una necesidad en los clientes”, agregó.

Carla y Clara enriquecieron su vida profesional gracias a los conocimientos en programación

En octubre, en tanto, el Ministerio de Desarrollo Productivo lanzó Argentina Programa, una iniciativa hermana a la de la Cessi para que jóvenes de 18 años en adelante incorporen los fundamentos básicos para aprender a programar.

Fuentes de la cartera a cargo de Matías Kulfas informaron que solo mandaron mails a unas 10.000 personas y se terminaron preinscribiendo 157.000 en 4 días, de las cuales 65.001 avanzaron y aprobaron un examen de selección. Luego, se les asignó cupo para la primera cohorte de dos meses a 4000 jóvenes y se certificaron 1403. Según adelantaron, estaba previsto realizar nuevos grupos para darle respuesta a la totalidad de los inscriptos y también seguir con un segundo y tercer ciclo con contenidos específicos según los perfiles requeridos por el sector productivo.

Otro éxito fue el programa de dos años llamado desarrollador tech certificado (certified tech developer) de Digital House, junto con Mercado Libre y Globant, diseñado para que personas sin conocimientos previos y con estudios secundarios completos logren una rápida inserción laboral en la industria tecnológica.

En diciembre pasado, anunciaron que iban a entregar 1500 becas por el 95% del total del costo del programa durante 2021 para estudiantes de la Argentina, Colombia y Brasil. Solo en 5 días pasaron los 50.000 inscriptos en la región.

Las inscripciones para formarse en programación superaron las expectativas en 2020 Crédito: Archivo

“Claramente con el inicio de la pandemia aumentó notablemente el interés de las personas de todo el país por capacitarse y desarrollar sus habilidades digitales. Es por ello que disponibilizamos nuestros cursos a distancia en todo el territorio e incluso los expandimos por países de Latinoamérica como México, Chile, Uruguay, Perú y Colombia, entre otros”, explicó Eduardo Bruchou, country manager de Digital House Argentina.

Claramente con el inicio de la pandemia aumentó notablemente el interés de las personas de todo el país por capacitarse y desarrollar sus habilidades digitales.

“El interés por aprender distintas disciplinas digitales se debe a varios factores, entre ellos, que los cursos a distancia son para muchas personas más cómodos porque evitan tener que trasladarse. En segundo lugar, con el confinamiento muchos contaron con más horas libres que decidieron invertir en capacitación. En tercer lugar, es cierto que estamos viviendo un cambio laboral radical en todo el mundo incluyendo a nuestro país, por lo que las organizaciones demandan perfiles con estas habilidades. Esto es una real oportunidad de desarrollo profesional para todas las personas, ya sea que hayan egresado del secundario recientemente, estén cursando una carrera universitaria o busquen darle un giro de 180 grados a su presencia profesional eligiendo una nueva veta laboral”, agregó.

Las organizaciones demandan perfiles con estas habilidades.

Un perfil que se ajusta a este último grupo es el de Agustín Minetto, un ingeniero químico de 41 años que dio un volantazo profesional. Durante 14 años, trabajó en la parte de refinación y la pandemia lo encontró en medio de entrevistas laborales que se fueron cancelando una tras otra por la crisis en el sector. Había hecho un curso de programación en 2016, pero nunca había ejercido. Sin empleo y sin entrevistas, vio la propuesta de Henry y se anotó para la modalidad full-time de 4 meses. Hoy trabaja para Osmind, una empresa estadounidense que hace un software para clínicas de salud mental y cobra como junior el mismo dinero en pesos que obtenía siendo senior en su puesto anterior en una importante petrolera.

Agustín Minetto dio un volantazo profesional a los 41 años Crédito: Foto cedida

“Lo que más valoro igual es la flexibilidad: trabajar desde casa y no levantarme a las 5.30. Pero el cambio de carrera fue un shock. Mi aspiración a la larga es integrar la programación con la automatización en industrias como la química”, afirmó.

Qué más se podría hacer desde el Estado

Durante años la industria se quejó por la falta de conocimiento y difusión de las carreras IT. Repetían que los jóvenes desconocían estas opciones o las veían muy alejadas, entonces a la hora de decidirse elegían opciones tradicionales. Pero el 2020 demostró que el dique se rompió y había que ver cómo acompañar y encauzar la demanda.

Mateo Salvatto, fundador de Asteroid y Háblalo App, planteó que “hay una necesidad de fomento de la economía del conocimiento”. Y evaluó: “Para el sector público es un activo estratégico y hay que invertir en eso. Lo principal es la educación: la formación de los más chiquitos y el reskilling. El problema más grande es no ver ese activo que supone una movilidad social ascendente, inserción en el mundo y exportaciones. Crecen todos los sectores con la economía del conocimiento: el agro, el sector automotriz, la industria pesada, etcétera”.

Por su parte, Luis Galeazzi, director ejecutivo de la entidad conformada por empresas prestadoras de servicios basados en el conocimiento, Argencon, puntualizó que desde el Estado podrían hacerse dos cosas: invertir más en capacitación en el idioma inglés y articular un programa de becas para tapar los agujeros de las carreras. “Hay que progresar en habilidades sofisticadas. Usar las becas de la forma más extensiva e inteligente”, apuntó.

Hay que progresar en habilidades sofisticadas. Usar las becas de la forma más extensiva e inteligente.

Por último, Martin Borchardt, uno de los cofundadores de Henry, opinó que para que la industria crezca hay que darle incentivos económicos. Por ejemplo, se tendría que permitir a las empresas chicas de software que facturen hasta US$500.000 al año o a los profesionales independientes liquidar las exportaciones a un tipo de cambio real como el dólar MEP.

“La industria del conocimiento son personas, cerebros. Si el país no genera incentivos se van con su computadora y trabajan en otro país. Tenés que atender a este sector para que no se vaya y genere divisas para el futuro”, señaló.

La industria del conocimiento son personas, cerebros. Si el país no genera incentivos se van con su computadora y trabajan en otro país.

La pelea por los recursos más senior

Desde la Cessi, advierten que la demanda de recursos desde el exterior impacta, sobre todo, en la punta de la pirámide, en los perfiles de mayor seniority. Es decir, que actualmente en el país se estarían cubriendo los puestos de la base de la pirámide (juniors), pero las empresas tienen una gran dificultad para ocupar aquellos que necesitan de recursos más preparados.

“El tema del empleo fue siempre un problema porque faltaban entre 5000 y 10.000 personas para los puestos. Es muy común que venga una empresa y te robe un recurso. Incluso entre las compañías de la cámara nos recriminamos si la competencia se lleva a alguien. Hay un tema de cantidad. Si la Argentina no genera más talento, no tiene sentido que vengan más empresas porque disputás recursos”, expresó Sergio Candelo, presidente de la Cessi.

Si la Argentina no genera más talento, no tiene sentido que vengan más empresas porque disputás recursos.

“Como falta talento, hay inversión en trainee juniors. Vos los capacitás y otra empresa se los lleva. También hubo grandes compañías como Facebook y Amazon que vinieron al país a entrevistar gente para llevarse a España. La gente que se llevaron era poca, pero si venía Amazon a Bahía Blanca sí iba a haber impacto”, ejemplificó.

Y con el cepo de 2019 otra vez se complicó el panorama, según el directivo. Una persona que a una empresa le cuesta $140.000, tiene un sueldo bruto de $100.000 y cobra $83.000, puede ganar US$2000-US$3000 (entre $302.000 y $453.000 tomando la cotización del dólar blue) si trabaja para afuera en un modelo de cobro por PayPal, bitcoins o depósitos en el exterior.

Existe una alta demanda de recursos desde el exterior Crédito: Archivo

“El desafío como país es tomar a esas millones de personas que no tienen un buen trabajo, tienen un empleo informal o profesiones que no tienen una buena remuneración e introducirlos en el sector. Sería la materia prima para hacer un país de otro nivel. Es empleo formal bien remunerado. El salario bruto promedio del sector es un 40% más alto que el promedio del sector privado y el sueldo con el que empezás a trabajar supera la canasta básica familiar”, aseveró.

Más mujeres

Otro problema histórico del sector es la falta de mujeres o las pocas que hay en relación con los hombres, una situación que, sin embargo, mejora con los años.

Y la pandemia también habría impactado positivamente en esta brecha: la organización Chicas en Tecnología informó que en sus programas e iniciativas participaron 1000 jóvenes más que en 2019. Pudieron llegar a nuevas ciudades y países con propuestas gratuitas de tecnología con impacto social. Desde 2015, más de 8000 chicas participaron de los programas e iniciativas de la organización.

De acuerdo con los relevamientos de la Cessi, en 2018, las mujeres representaban un 26% de la fuerza laboral total, mientras que, en 2020, ese número llegó al 30%. La meta es trepar al 40% en 2024.

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