Mercado millonario. El negocio global de los alimentos al que apunta la Argentina



Las startups locales apuestan a proyectos como la carne cultivada Crédito: Shutterstock

La preocupación por la salud y el medioambiente a nivel mundial puso en jaque a la industria alimentaria y cada vez son más las voces que se cuestionan sus sistemas de producción y la manera en que se consumen los alimentos. Además, existe a futuro un incremento demográfico exponencial inevitable, que obliga a las sociedades a buscar alternativas e invertir en nuevas tecnologías para suplir esta demanda nutricional.

Si bien en la Argentina, la alimentación sustentable se encuentra aún en tramos iniciales, cuenta con uno de los sistemas científicos más avanzados a nivel global, acceso a talento calificado y una cadena de valor agroindustrial hiperdesarrollada, que lleva a que ya existan algunos jugadores locales que apuestan fuertemente por la biotecnología para cubrir la mayor demanda.

Granja Celular, es una de las iniciativas que ya se ha puesto en marcha. Con una inversión de US$200.000, es la primera startup de Latinoamérica que se dedica a la producción de carne cultivada. El emprendimiento busca principalmente, producir líneas celulares de carne de vacas argentinas -la materia prima principal con la que se produce la carne cultivada- y así presentar su producto a otros productores en el resto del mundo.

“Surgió la posibilidad de dedicarnos a un proyecto de este estilo que nos permite ponerle tilde a muchas de las inquietudes que teníamos, y poder hacer algo que pueda mejorar los sistemas de producción. Nos permite ser pioneras en la región en una tecnología que acá no se estaba desarrollando”, dijo Carolina Bluguermann, fundadora de Granja Celular.

En la firma explican que su objetivo principal es posicionarse como un proveedor a nivel global, y pasar su tecnología a la producción de líneas celulares de otras especies como cerdos y pollos.

Por otra parte, consideran que, si bien hay muchas empresas que ya se están abocando a la carne celular, “va a existir una segunda oleada de productores que fueron más escépticos al principio y que se van a querer sumar, pero no van a tener tiempo para invertir entre cinco y diez años para hacer desarrollos propios”.

Otra de las empresas locales es Einsted, la startup fundada por Atilio Grimani y Nahuel Olaiz, que espera facturar alrededor de US$10 millones de acá a dos años. A partir de tecnología de punta generan ingredientes alimenticios y ayudan a los productores a optimizar los procesos para obtener una mayor eficacia y calidad en la materia prima. Al igual que los otros emprendimientos, también fueron financiados por Grid Exponential, la primera aceleradora tecnológica de Latinoamérica, con una inversión de capitales de US$200.000 y esperan para 2021 abrir una nueva ronda de inversiones por US$3 millones.

“No podemos consumir petróleo como lo estamos haciendo. Está en nuestros alimentos, en las bebidas, en los cosméticos, en la ropa, en todos lados. Creo que en la Argentina todavía falta esa concientización sobre los problemas que tienen algunos alimentos. Estamos consumiendo cosas que no sabemos que son”, explica el CEO de Michroma, Ricky Cassini.

Si bien en la Argentina, la alimentación sustentable se encuentra aún en tramos iniciales, cuenta con uno de los sistemas científicos más avanzados a nivel global, acceso a talento calificado y una cadena de valor agroindustrial hiperdesarrollada,

El emprendedor destaca que “para reemplazar los colorantes de petróleo no se puede hacer un paso más allá de la agricultura o buscar una mezcla para hacer una mejora versión 1.1 sino que tenemos que hacer un modelo 2.0. La fermentación y el uso de la biotecnología son el futuro de la agricultura, la nutrición y el futuro de la creación de ingredientes”.

El valor de la experiencia

Si bien la biotecnología en alimentos en la Argentina se encuentra a punto de despegar, hoy todas estas empresas se enfrentan a desafíos comunes, estrechamente vinculados a la experiencia del consumidor. En base a esto, las barreras más difíciles de cruzar son: sabor y costo.

“Hay varias preguntas en torno a las proteínas vegetales, si están a un costo accesible, si tienen un buen sabor, una buena funcionalidad, si te da la misma experiencia que una proteína animal. Tiene desafíos en torno a la conveniencia, a la salud y la nutrición. Pero hay que considerar que todo lo que tiene que ver con proteínas vegetales viene a mejorar la forma en que nos alimentamos, pero está en tramos iniciales”, dijo el CEO de Tomorrow Foods.

Por otro lado, Carolina Bluguermann sostiene que la parte nutricional es la parte más fácil de resolver porque se tiene mucho control del proceso productivo, y que las mayores inquietudes están en términos de la palatabilidad.

“No hay que perder de vista que las personas tienen una relación muy íntima con la comida y nuestro cerebro está muy entrenado a la experiencia de comer. El desafío está en si va a tener buen gusto y textura, ahí está el quiebre con la aceptación del consumidor”, explicó.

En cuanto a los costos, en Michroma rescatan la necesidad de ser, no solo sustentables, sino también más eficientes para poder ser más competitivo dentro del mercado.

“En la producción hay muchísimas empresas que están produciendo a partir de fermentación y están levantando de US$80 millones, pero creemos que este espacio de la biotecnología está revolucionando los alimentos y que se pueden producir de manera mucho más eficiente, porque, además, si no sos competitivo en costos nunca vas a llegar al producto”, vaticinó Cassini

Mirando al mundo

Todas estas empresas locales que buscan asentarse dentro del mercado de la producción de alimentos sustentables importan la mayoría de los insumos necesarios. Por ende, la presión sobre el dólar muchas veces resulta un problema.

“El 90% de los insumos que nosotras compramos para todo lo que es laboratorio son en dólares, ahí si hay una diferencia porque todo eso, ya de por sí, en la Argentina, sale más caro de lo que se consigue en otras partes del mundo”, subrayó Bluguermann.

No obstante, también explicó que igualmente al recibir inversiones en dólares, tienen la posibilidad de aprovechar la diferencia cambiaria para comprar parte del suministro en el país y de esa forma logran compensar los gastos.

Todos los emprendimientos sostienen una mirada global. Centralizarse en la Argentina y expandirse al resto del mundo pareciera ser el plan de acción para independizarse de las trabas económicas del país.

“Hay un montón de cosas que se pueden mejorar, los impuestos en la Argentina son muy altos, lo que lo hace muy complicado. Pero como estamos apuntando a ser desarrollos de Argentina para el mundo tampoco nos afecta tan directamente la economía del país”, afirmó el fundador de Michroma.

En esta misma línea, desde Einsted aseguran que planean hacer una expansión regional para poder llegar a otros mercados de Latinoamérica en el 2022, y afirman: “somos orgullosamente argentinos pero las startups tienen que tener una mirada global porque si no el mercado se vuelve muy chiquito. Nuestra proyección es salir a comernos la cancha”.

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