Mario Meoni: un ministro impensado que siempre apostó al diálogo


Mario Meoni murió en la ruta que unía sus dos pasiones: la familia y el trabajo. Estuvo hasta tarde en actos oficiales, compartió algunas horas con el presidente Alberto Fernández y cuando terminó la jornada viajó a Junín, donde vive su familia. Todos los viernes recorría el mismo camino para ver a su mujer y sus dos hijos mellizos y pasar el fin de semana en el pueblo del que fue intendente entre 2003 y 2015. De lunes a viernes se lo veía hasta tarde en el ministerio; los viernes, a la localidad bonaerense.

Meoni llegó al Ministerio de Transporte en 2019 en forma imprevista. No era uno de los candidatos a ocupar el cargo, pero su nombre apareció en las horas previas a la asunción del nuevo gobierno. Los que recuerdan aquellos días de armado de Gabinete cuentan que todas las fichas las tenía el senador Carlos Caserio. Pero la poderosa lapicera de la vicepresidenta, Cristina Kirchner, tachó el nombre del cordobés de la lista.

El acuerdo electoral de Frente de Todos tenía entre sus cláusulas la posibilidad de colocar gente en la cartera a Sergio Massa y entonces, el exintendente de Junín, integrante del Frente Renovador, inició su camino al ministerio.

Mario Meoni no era uno de los candidatos a ocupar el cargo de ministro, pero su nombre apareció en las horas previas a la asunción del nuevo gobiernoPrensa Presidencia de la Nación

Llegó prácticamente solo aquellos días de diciembre. Cuentan en los pasillos que hasta aprovechó para que se queden varios funcionarios del saliente ministro, Guillermo Dietrich, que tenían contratos hasta fines de diciembre. Muchos de ellos se quedaron a pedido del propio Meoni. El ingreso a las oficinas fue apenas con una mochila y un secretario. No más que eso.

Fue, quizá, una de las principales víctimas del reparto de poder que hizo el kirchnerismo a la hora de agradecer los apoyos electorales. En una de las áreas más controversiales que tiene el Estado –maneja miles de millones de dólares en subsidios-, jamás logró tener un equipo propio. Cada uno de los puestos de su Gabinete eran moneda de pago a diversos sectores.

Esa situación, que lo acompañó hasta que encontró la muerte en una ruta, generó que muchas veces estaba encima de temas que en otras gestiones eran propios de algunos despachos que estaban debajo del organigrama. Al punto fue una característica de la gestión que la estratégica Secretaría de Transporte estuvo vacante desde fines del año pasado hasta hace días, cuando Caserio colocó al exintendente de La Calera Rodrigo Rufeil. Es más, sereno, Meoni esperó para nombrarlo que Rufeil fuera absuelto en una denuncia de enriquecimiento ilícito que le hizo la Coalición Cívica.

Meoni dejó un recuerdo de funcionario amable, respetuoso y dialoguistaTélam (archivo)

Su gestión estuvo marcada por la falta de solidez de una hoja de ruta definida. No es para menos, entre la pandemia, que modificó todo el esquema de transporte del planeta, y la falta de un equipo cohesionado, los tiempos de ministro se dividían entre lo posible y las presiones de los poderosos de ese rubro. Esa división horizontal de las reparticiones le quitó cierta posibilidad de moverse. Jamás intervino en forma directa en Aerolíneas Argentinas, ya que ese es territorio cercado con alambre de púa por La Cámpora. También fue rebasado por otra ala del Frente Renovador que maneja el mundo ferroviario. No eran pocos los que se preguntaban estos días de qué sirve, en épocas de pandemia y de restricciones de transporte, inaugurar algún ramal ferroviario en el interior. Problemas de la división horizontal del ministerio.

De extracción radical y miembro de aquella cruzada transversal que encabezó Fernández cuando era Jefe de Gabinete, Meoni dejó un recuerdo de funcionario amable, respetuoso y dialoguista. Jamás cerraba una puerta a nadie, tampoco a quienes pensaban distinto.

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