Los siete aprendizajes que 2020 dejó para pensar este año


Desde diciembre del año pasado circula en las redes sociales una ilustración que, en su simpleza, contiene la potencia de la síntesis. Unas 15 personas agolpadas una junto a otra se esconden detrás de una pared. La que presumiblemente es la más valiente de ellas sostiene un escobillón de modo inverso. Usa el palo de este instrumento de limpieza tan básico para concretar una operación de alta complejidad: abrir una puerta. ¿Y cuál es el chiste? Sobre la puerta que se entreabre, misteriosa, hay una inscripción de 4 caracteres. Dice: 2021.

La ventaja de este año es que ya pasamos por el año pasado. Ahora sabemos. La desventaja es justamente lo mismo. Ahora sabemos. Esta es una de las tantas contradicciones y paradojas de un tiempo impensable. Por eso, más que nunca, es necesario pensar.

Lo primero que aprendimos en 2020 fue que el sistema global era mucho más frágil de lo que creíamos. Todo lo que no podía ocurrir, ocurrió. No se podía dejar de viajar. Se dejó. No se podía parar ni la producción ni el comercio ni el consumo. Todo se detuvo. En plena globalización, era inaudito imaginar el cierre de las fronteras. Sucedió. De ningún modo una sociedad amante de la libertad iba a permitir que la confinaran. Lo hizo. Primera enseñanza que no deberíamos olvidar: en el actual contexto, lo “imposible” puede ocurrir.

En segundo lugar experimentamos un concepto de las matemáticas y las estadísticas que, si bien había socializado de algún modo la revolución digital, todavía era ajeno a la gran mayoría de la población. Ahora sabemos qué es, en serio, una dinámica “exponencial”. Lo imposible puede ocurrir demasiado rápido.

Lo primero que aprendimos fue que el sistema global era mucho más frágil de lo que creíamos. Todo lo que no podía ocurrir, ocurrió. No se podía dejar de viajar. Se dejó. No se podía parar ni la producción ni el comercio ni el consumo. Todo se detuvo

Cuando los acontecimientos adquieren una velocidad de vértigo se pierde la noción del tiempo. De hecho, aún hoy mucha gente se confunde diciendo “el año pasado” al referirse a 2019, como si 2020 no hubiese existido. Ahora que podemos tener un registro más lúcido de ese tiempo desarticulado, es conveniente recordar que, de ningún modo, fue todo igual. Siempre ocurren muchas cosas en el marco de 365 días. Lo novedoso es que en las actuales circunstancias esas cosas no encajan. De un mes a otro podemos estar no en otro año, sino en otro mundo. Consecuencia natural de la dinámica exponencial. Tercer aprendizaje: al igual que 2020, 2021 tendrá varios años adentro.

Para nosotros, el primero de ellos acaba de terminar con la Semana Santa. Fue la anestesia del verano. El que acaba de comenzar y que deberemos atravesar ya desplegó en apenas una semana su fisonomía: será un tiempo de “alerta 24/7”. Las alarmas que se están encendiendo alarman. Resulta lógico y comprensible que los argentinos se hayan querido tomar un respiro y no pensar. Llegaron a las fiestas de Navidad y Año Nuevo agotados por lo que, en sus propias palabras, definieron como “una paliza emocional”. Eso fue 2020. Lo que no resultaba tan lógico era suponer que lo que estaba sucediendo en todo el mundo, incluso en los países vecinos, acá no pasaría. Cuarto aprendizaje: el fenómeno es sincrónico y global. Lo que vemos en el hemisferio norte anticipa 6 meses lo que luego ocurrirá en el hemisferio sur.

Por lo tanto, es crítico tener en la mirada estratégica que nos permita gestionar las dificultades del segundo año 2021 que ya comenzó, aun cuando las alarmas nos ensordezcan, que habrá un tercero. Hoy Boris Johnson debería cumplir su promesa: irse a tomar una pinta a un pub. En el Reino Unido, luego de un exitoso programa de vacunación –47% de la población con al menos una dosis-, este lunes 12 de abril vuelven a abrir los bares, restaurantes y comercios no esenciales. Regresa la vida a la calle. ¿Cuándo comenzará el tercer 2021 para nosotros? ¿Septiembre? ¿Octubre? No lo sabemos. Pero sucederá.

El 27 de mayo de 2020 publicamos en un trabajo conjunto de Consultora W y Almatrends, nuestro Lab de tendencias, un informe que titulamos Tendencias y Tensiones Sociales en el Nuevo Hábitat Viral. Luego de pensarlo y debatirlo mucho con Sil Almada, directora del laboratorio, llegamos a la conclusión de que al menos como un ejercicio intelectual debíamos desafiar el concepto de “nueva normalidad” con el que muy rápidamente el mundo había decidido bautizar este momento histórico que nos toca vivir. New normal fue una “marca” muy exitosa. Alto impacto, alto conocimiento, corta, de fácil viralización y con la capacidad de ubicar rápidamente en tiempo y espacio a todo el mundo sobre qué era de lo que estábamos hablando. En apariencia, una identidad sólida.

La primer imprecisión de “new normal” es que lo que vivimos (y sufrimos), de normal tiene poco y nada. Algo bastante evidente, pero que de todas maneras tuvo un valor y un rol.

Sin embargo, el concepto en su contundencia escondía una debilidad peligrosa: fue más rápido y pegadizo que preciso. Con el uso, comprobamos que la promesa de esa marca no se verificaba completamente en la práctica. Parece una trivialidad, pero no lo es. Los nombres y las categorías organizan el pensamiento. Y por lo tanto estructuran la toma de decisiones. La primera imprecisión de new normal es que lo que vivimos (y sufrimos) de normal tiene poco y nada. Algo bastante evidente, pero que de todas maneras tuvo un valor y un rol. Todos aceptamos que de pronto debía volverse “normal” usar barbijo, lavarnos recurrentemente las manos y tener distancia social. Misión cumplida.

Nuestra crítica se centra más en la otra palabra: “nueva”. Porque esto sí desvió el pensamiento de millones de personas generando una sobredosis de angustia y temor que podría haberse evitado. La idea era la siguiente: “Nunca más jamás nada volvería a ser igual. El mundo cambió para siempre”. Junto a pensamientos cándidos, como que de pronto todos serían más buenos luego de una gran reflexión global sobre el sentido de la vida o el resurgir del histórico debate sobre la sustentabilidad del capitalismo como sistema organizador de la vida contemporánea, se llegó hablar de una “not touch economy” (economía sin contacto). Traducido a la vida cotidiana: no nos tocaríamos más. Hubo gente que dijo, algunos de ellos prestigiosos científicos, que la gente nunca más se abrazaría, ni se daría la mano, ni se besaría. El contacto social quedaría reducido a la mínima expresión para siempre. Y lo que es mucho peor: era bueno que eso sucediera. Para ir a comer a un restaurante solo iríamos con una especie de escafandra y debíamos olvidarnos del café y del bar. Eso no iba más. Quinto aprendizaje: los hechos demostraron y demuestran de manera contundente que todo eso fue terriblemente falso.

La urgencia llevó a muchos a olvidar la condición humana: somos seres gregarios. Si no nos juntamos, nos miramos, nos sentimos y nos tocamos, no somos. Sexto aprendizaje: aun en el peor shock, el mejor prisma de análisis es lo humano, porque ese es el nodo que organiza todo lo demás.

Hoy el mundo ya no habla tanto de “new normal”, sino que ha rebautizado este tiempo como “la era inter-Covid”. Nos sentimos mucho más cómodos con esa idea porque expresa lo que entendemos que esto es: un interregno, un tiempo entre dos tiempos. Un período en el que nuestro hábitat se ha modificado trastornado por un virus. El “hábitat viral” tiene sus propias reglas y su “normalidad”. Válidas mientras dure el virus, pero, vacunas mediante, no para siempre.

La urgencia llevó a muchos a olvidar la condición humana: somos seres gregarios. Si no nos juntamos, nos miramos, nos sentimos y nos tocamos, no somos

Y es justamente aquí, incluso en esta hora oscura, donde radica la esperanza. Basta mirar lo que está ocurriendo en Israel o lo que sucederá a partir de mañana en Inglaterra o lo que será el próximo verano en los Estados Unidos para darnos cuenta de que el séptimo aprendizaje ya nos está llegando de ese mundo “todos vacunados”. ¿Qué nos dicen las conductas de la gente y la evolución de los mercados?: “Esto también pasará”.

Dejará sus legados, su insoportable dolor y las consecuencias emocionales de semejante sufrimiento, y también ciertos cambios de conductas como lo han hecho las anteriores pandemias en la historia, pero pasará.

Y cuando eso suceda, recibiremos con los brazos abiertos a nuestra querida y añorada “vieja normalidad”. Con sus vicios y sus virtudes, pero tan humana como nosotros.

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