Los empresarios prefieren no arriesgar pronósticos



Miguel Acevedo, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) Fuente: Archivo

Apoyan las medidas, pero evitan proyecciones por la fragilidad de la situación y se quejan de que el ajuste recaiga siempre en los privados

Es todo tan frágil que ninguno sería capaz de emitir una opinión incendiaria. No solo porque lo que viene es incierto: ¿quién se atrevería a proponer medidas aplicadas en el pasado, si casi todas han fracasado en la Argentina? Es el desaliento que cunde entre los empresarios argentinos, que vuelven, de todos modos, a lamentarse del único hilo conductor entre tantos ensayos malogrados: el esfuerzo será una vez más, como ha ocurrido históricamente en todas las crisis, del sector privado.

Algo de esto, aunque en muy buenos términos, se deslizó ayer en la reunión que, por la tarde, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; su segunda en el organigrama, Cecilia Todesca; el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, tuvieron con cuatro referentes de la Unión Industrial Argentina (UIA): Miguel Acevedo, presidente; los vicepresidentes Guillermo Moretti y Luis Betnaza, y el economista Diego Coatz, director ejecutivo de la entidad. Ahí, Todesca les recordó la magnitud de la emergencia: el Gobierno necesitaba que los empresarios entiendan los problemas de la población con mayores carencias. Ellos lo aceptaron, pero enumeraron también las dificultades que deben atravesar para invertir.

Una de esas perturbaciones salió en la charla: la doble indemnización, que dijeron no considerar un escollo apremiante porque, admiten, ya han aplicado despidos, pero a la que preferirían ver acompañada de incentivos para producir. “Vamos a apoyar -dijo Acevedo al salir-. Hay buena predisposición para hacer lo imposible para que la Argentina crezca, y una especie de crédito al Gobierno por las medidas; ojalá sirvan para revertir dieciocho meses de caída continua en el sector fabril”.

Los empresarios venían de verse las caras en la reunión de junta directiva de la UIA, donde se propusieron ser prudentes por razones elementales: nadie sabe exactamente en qué consisten y cuáles serán los alcances de las medidas que el Gobierno envió ayer al Congreso, iniciativa que están todavía lejos de calificar como plan económico.

“Por un tiempo no voy a hablar de la coyuntura porque la situación es muy compleja y muy grave -se excusó ante la consulta de LA NACION un empresario que cree de manera ferviente en las virtudes de Alberto Fernández-. No estoy con toda la información para analizar el todo: no es momento para opiniones parciales”.

Son demasiados frentes e incógnitas. Los industriales dejaron en manos de Coatz el análisis del proyecto de ley y esperan su veredicto. Daniel Funes de Rioja, por ejemplo, no estuvo en la reunión porque dedicó el día a su otro desvelo: el acuerdo de Precios Cuidados que empezó a discutir Copal, la cámara alimentaria, con el Gobierno.

“Hay buena disposición al diálogo, creo que el 7 de enero vamos a poder tener una opinión de la propuesta; por ahora no quiero caer en un prejuicio”, se atajó ante la consulta de LA NACION, y se explayó después sobre las medidas enviadas al Parlamento: “La presión fiscal, provincial y municipal no va a bajar, así que aspiramos a que la emergencia sea lo más corta posible. Esperamos que se supere porque la presión tributaria, en los tres niveles, llega al 40 por ciento en alimentos y al 50 por ciento en bebidas. Entendemos la emergencia, pero no podemos seguir perdiendo competitividad. Hay que entender que hace pocos meses se crearon retenciones y se sacaron reintegros: estamos exportando impuestos”.

Coinciden, de todos modos, en la rapidez con que la Argentina debería renegociar la deuda. Es un plazo que en realidad también suponen aconsejable para la recuperación de la economía. “Difícil emitir una opinión acabada. El quid de la cuestión va a ser reactivar en el mediano plazo, porque además hay una realidad política con una situación particular”, dijo Javier Madanes Quintanilla, dueño del grupo Aluar Fate.

Es la otra fragilidad, la menos nombrada, que todos tienen en mente y cuyo pronóstico parece también reservado: el modo en que funcionará una coalición gobernante de características institucionales infrecuentes en la historia de la humanidad, con una vicepresidenta que eligió a su jefe, mientras todos los agentes del país -económicos, sociales y políticos- parecen impredecibles.

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