Lecciones de la hiperinflación argentina de 1989



Cuando estudié en la universidad, el tema hiperinflación se ilustraba con la experiencia alemana de 1923. Ahora mis alumnos también aprenden a partir del caso argentino.

Algunos colegas afirman que la probabilidad de que volvamos a experimentar un fenómeno hiperinflacionario es alta; otros sostienen que “por ahora no”.

¿Qué podemos aprender de lo que ocurrió con los precios en nuestro país durante el segundo trimestre de 1989? Sobre este tema conversé con el neozelandés Alban William Housego Phillips (1914-1975), quien se inmortalizó por un trabajo que publicó en el año 1958, titulado La relación entre el desempleo y la variación de los salarios en Inglaterra, 1861-1957, que la profesión conoce como “la curva de Phillips”.

-Al igual que Albert Otto Hirschman, usted sobrevivió a dramáticos episodios antes de realizar aportes al análisis económico.

-En efecto, en 1935 me mudé a Australia, donde trabajé en un cine, en una plantación de bananas y como electricista de mantenimiento. A comienzos de 1937 decidí viajar a Inglaterra, vía China y Rusia, para ver cómo eran esos países. Me subí a un barco japonés, un día antes de que Japón le declarara la guerra a China. No tuve mejor idea que tomarle una foto a unas tropas y me metieron preso. Llegué finalmente a Londres en noviembre de 1937. En 1946 ingresé como alumno a la Escuela de Economía de Londres, donde dicté clases desde 1950.

-¿Qué encontró al relacionar la tasa de desocupación con la variación de los salarios nominales?

-Cuando la demanda de una mercadería o servicio es alta con respecto a la oferta esperamos que su precio suba, tanto más cuanto mayor sea el exceso de demanda. Por el contrario, cuando la demanda es baja con respecto a la oferta esperamos que el precio disminuya, tanto más cuanto mayor sea el exceso de oferta. Parece razonable suponer que este principio debe operar como uno de los factores que determinan la modificación de los salarios nominales, que son el precio de los servicios laborales. En base a esto analicé los datos referidos a Inglaterra, encontrando una relación inversa.

-El hallazgo tuvo en su momento enormes implicancias prácticas.

-En efecto, fue considerado la cumbre de la macroeconomía convencional de corto plazo. Cada país tenía que elegir, de manera permanente, entre mayor desocupación y menor variación de salarios y precios, o menor desocupación pero mayores aumentos de salarios y precios. Al respecto, en 1981 Allan H. Meltzer afirmó que no conocía ningún otro ejemplo de un hallazgo que, aunque carente de fundamentos muy sólidos, en tan corto tiempo y en tantos países, se convirtiera en la base de la enunciación de la política económica.

-¿Cómo es eso de que no tiene fundamentos muy sólidos?

-La inflación persistente y su impacto sobre las expectativas inflacionarias generaron nuevas versiones de la curva de Phillips. Las planteadas por Rubén Darío Almonacid, Milton Friedman y Edmund Strother Phelps, de pendiente negativa en el corto plazo y vertical en el largo plazo; la de Robert Emerson Lucas, vertical aun en el corto plazo; y la de Friedman, de pendiente positiva. Entiendo todo esto, pero permítame decirle que, en la práctica, muchas políticas económicas se basan en mi versión de la curva.

-A la luz de la actual preocupación que existe en la Argentina, referida al posible resurgimiento de una experiencia hiperinflacionaria, ¿qué podemos aprender de la historia?

-Ante todo, menciono alguna bibliografía. Philip David Cagan en 1956, y Robert Joseph Barro en 1980, analizaron las inflaciones europeas de comienzos de la década de 1920, de las cuales la alemana fue la más severa pero no la única. Sobre el caso argentino vale la pena citar, de Pablo, su Vivencias extremas, que se ocupó de la híper de 1989 y del corralito de 2001, y que en una futura edición deberá incluir las implicancias económicas del coronavirus.

-La Argentina también sufrió episodios hiperinflacionarios a comienzos de 1976 y de 1990, pero; ¿qué podemos aprender, de la experiencia de 1989?

-Que, como en toda híper, hubo eventos, pero que la híper es un proceso. Un par de fechas cruciales: comienzos de febrero de 1989, cuando José Luis Machinea, entonces presidente del Banco Central, dejó de vender dólares en el mercado oficial de cambios; y fines de marzo de dicho año, cuando Juan Vital Sourrouille fue reemplazado por Juan Carlos Pugliese al frente del ministerio de Economía.

-¿Por qué diferencia los eventos del proceso?

-Porque es muy probable que si no se hubiera producido el referido cambio ministerial, la tasa de inflación resultante, que en julio llegó a aproximadamente 4% por día, hubiera sido bastante menor. Ahora bien, una vez que la hiperinflación se desata, desafía hasta la imaginación de los pronosticadores más pesimistas. ¿Quién hubiera pensado, a comienzos de 1989, que el dólar libre, que en enero cotizó a 16,80 australes, subiría a 51 a mediados de abril, y a 450 a mediados de junio?

-Técnicamente, la hiperinflación de 1989 se desarrolló durante el segundo trimestre de 1989. ¿Toda la culpa se debió a Pugliese?

-No, pero la percepción ciudadana de que el nuevo ministro no estaba a la altura de las circunstancias resultó decisiva. Recuerde que al comienzo de su gestión afirmó que “les hablé con el corazón, pero me contestaron con el bolsillo”. Porque disminuyó fuertemente la demanda de pesos que ya habían sido emitidos, lo cual es clave en una hiperinflación.

-¿Cómo terminó la hiperinflación?

-El entonces presidente, Raúl Ricardo Alfonsín anunció, a mediados de junio de 1989, que el 8 de julio de dicho año le entregaría el gobierno a Carlos Saúl Menem. Bastó el anuncio para que, en los referidos 20 días, el precio del dólar libre apenas se modificara en términos nominales, mientras que los precios de los bienes se duplicaron. En otros términos, el mero anuncio fue interpretado como que había dejado de diluviar y que los sobrevivientes iban a salir del Arca de Noé.

-¿Qué implica esto para la Argentina 2020?

-La importancia de la credibilidad que el Gobierno debe despertar en la población, un punto que correctamente enfatiza Guillermo Antonio Roberto Calvo. Tanto a quienes aseguran que hay una híper en el futuro de la Argentina, como a quienes afirman lo contrario, hay que preguntarles: ¿cómo lo saben? El Presidente de la Nación le tiene que exigir a su equipo económico que arme un programa económico congruente y realista, para que él lo respalde desde el punto de vista político, y que ambos se la jueguen. El programa no tiene que ser a prueba de los bonistas y el Fondo Monetario Internacional (FMI), sino a prueba de personas mucho más exigentes: los argentinos, quienes tienen una sensibilidad muy particular, basada en su experiencia.

-Don William, muchas gracias.

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