Le usurparon el campo y luego de un año lo recuperó


Tras un año de usurpación en su campo, Daniel Ahumada, pequeño productor cordobés, logró que la Justicia le restituya la propiedad ubicada en la zona de Los Gigantes, en el departamento de Cruz del Eje.

Según informó la Federación Agraria Argentina (FAA), que acompañó al productor en todo el proceso, “el usurpador, valiéndose de un arma de fuego, amenazó a Ahumada y su familia para quedarse con la propiedad, argumentando haberla comprado”.

“Hoy tengo la buena noticia de que mi campo me fue entregado el lunes 26 de abril, con la presencia de la jueza que me entregó la posesión del mismo y la persona que me usurpó el campo fue imputado por ese delito y por amenazas calificadas. Estoy feliz por esto, ya que todo el proceso fue muy duro para mi familia y para la actividad agropecuaria que desarrollamos para vivir. Ahora veremos cómo continúa la causa de usurpación y la amenaza calificada”, indicó.

“Tengo 40 años, dos hijos, soy productor agropecuario y federado de la provincia de Córdoba. Me dedico a la cría de ganado, vacas especialmente, en una zona muy inhóspita, a 1700 metros de altura. En este campo soy tercera generación. En 1962, mi abuelo Onies García adquiere estos campos. Pero lamentablemente en esta zona tenemos problemas de planos, de titulación. El Estado provincial no lo resuelve, pero anualmente nos cobra los impuestos”, agregó.

En este contexto, el productor recordó cómo fueron los hechos un año atrás. “En abril de 2020, en plena pandemia del Covid, sufrí hechos delictivos en mi campo. Me avisaron que buscaban usurparme el campo. Inmediatamente me acerqué a mi propiedad y pude detectar la entrada de gente con camiones y con un tipo que a mano armada me increpaba, amenazándome y decía que ese campo era de él, que lo había comprado. Fue una situación realmente violenta”, dijo.

Sin embargo, remarcó que este año sin poder producir lo afectó mucho. “Ha sido muy duro, porque por la medida de no innovar no he podido trabajar; pero como todo productor, hubo que ponerle el pecho a las balas. Son campos abiertos a 1700 metros de altura. Pese a ser tercera generación, aún no he podido tener la posibilidad de tener el campo cerrado. Para llegar, hay que recorrer 80 kilómetros de caminos sinuosos. Y no solo no he podido trabajar sino que he tenido faltantes de animales, no he podido hacer mi plan sanitario acorde. Cada vez que lo intentaba tenía que pedir un permiso a la fiscalía por la medida judicial”, señaló.

Sobre la actual situación de la titulación de las tierras en la zona, describió que es complicado. “En mi caso y como se lo decía al usurpador, yo no soy puestero, soy dueño. Porque muchas veces hay una parte en un conflicto que es legal y otra moral. A veces la ley ampara a un puestero, porque los dueños durante 20 años no estuvieron y tiene una posesión. En mi caso, nosotros lo compramos”, apuntó.

“La propiedad es nuestra y se la defiende con la vida si es necesario, pero siempre usando las instituciones para lograr lo que es justo. Siempre le dije al usurpador que había hecho las cosas mal, porque él podría haber sido estafado, pero para eso hubiera debido concurrir a las instituciones para resolverlo y no usurpar. La violencia no es ni era el camino”, agregó.

Por último agradeció el apoyo recibido por la FAA. “Frente a algo así, mi mensaje es nunca bajar los brazos. Pedir apoyo a las instituciones, que el productor se comprometa y que participe, porque muchas veces las instituciones no van porque no saben que existimos. Hay que jorobar, comprometer a los directores, usar las instituciones. A la gente, que no bajen los brazos, lo que es de uno, es de uno y hay que cuidarlo. Que no se archiven las causas, como le pasa a muchos. Nací gritando y esta vez gané porque nunca me callé. Yo molesté, porque no era justo lo que me pasaba”, finalizó.

LA NACIONConocé The Trust Project



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