“Las finanzas son un arma, la política decide cuándo aprieta el gatillo”



Es un placer recibirlos en este espacio nuevamente, hoy dedicado a compartir enseñanzas económicas que nos deja el cine, por eso el título remite a la frase que Don Lucchesi (Enzo Robutti) le dice a Vincent Corleone (Andy García) en El padrino III (1990). La creatividad y el ingenio de los cineastas y la creíble interpretación de sus actores es un recurso anticipatorio fenomenal para la economía y las finanzas. ¿Acaso la película Relatos salvajes (2014) no es la mejor expresión de ello?

Me resulta imposible no empezar este desafío con la introducción de la película Match Point (2005), de Woody Allen, para graficar un resultado binario, a partir de un acontecimiento. Creo que llegó ese momento de decisión para nuestro país. Por eso arranca esta nota con las siguientes palabras del protagonista de la película, Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers): “El hombre que dijo ‘preferiría ser afortunado que bueno’ tenía una profunda perspectiva de la vida. La gente teme reconocer qué parte tan grande de la vida depende de la suerte. Da miedo pensar que sea tanto sobre lo que no tenemos control. Hay momentos en un partido de tenis en el que la pelota alcanza a pegar en la red y por una décima de segundo puede seguir su trayectoria o bien caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue su trayectoria y ganas. O tal vez no y pierdes”.

Aprendizaje: si nuestro país, habiendo ya despejado al menos por tres años la carga del peso del pago de la deuda, aprovecha el contexto y se dedica a incentivar la producción, haciéndole la vida más fácil a los que arriesgan su capital y trabajo, bajando la presión fiscal y los riesgos laborales, si bien la pelota puede pegar en la red, con el peso de la trayectoria seguramente logre superarla y tendremos así un rebote importante en nuestra economía.

No tiene sentido limitar los beneficios que puede obtener alguien por su trabajo o mérito, ni limitar cómo quiere gastar sus recursos

En cambio, si nuestro país solo sigue incentivando el gasto público, generando puestos innecesarios y como consecuencia de ello tiene que aumentar la carga fiscal para poder financiarlo, y de esta manera desalienta la inversión del sector privado y con ello dinamita la posibilidad de generar empleo genuino, una vez más la pelotita no pasará la red y perderemos otra oportunidad de mejorar nuestra calidad de vida.

Con el dinero de los demás (1991)

Larry Garfield (Danny DeVito) es un hombre sin escrúpulos que ama el dinero por sobre todas las cosas. En Wall Street es conocido como “Larry el liquidador” por su habilidad para apoderarse de las empresas de los demás. En un monólogo, nos enseña lo siguiente: “¿Sabe usted qué es el capital? ¿Usted cree que el capital es algo que alguien posee, que el capital son las fábricas, las máquinas, los edificios, las tierras, las cosas que se pueden vender, o también las acciones y el dinero y los bancos y las empresas? ¿Usted cree que el capital es algo que alguien posee porque siempre lo ha poseído? Se equivoca. El capital consiste en controlar todas esas cosas”.

Aprendizaje: sirve ser dueño o propietario en aquellos países que respetan, ante todo, la propiedad privada. En esos países la Justicia intenta ser justa, pero, ante la duda, si hay un juicio entre un acreedor y un deudor, generalmente lo gana el acreedor (recuerden ustedes los fallos del juez Thomas Griesa o ahora de la jueza Loretta Preska). Si hay un juicio entre un empleado y un empleador, mayoritariamente lo gana el empleador. Si hay un juicio entre un propietario y un inquilino, casi siempre lo gana el propietario (todos lloramos con el desalojo de Will Smith en En busca de la felicidad (2006). Moraleja: en esos países se ama la propiedad privada, por eso, en épocas de conflictos se percibe que lo de uno es de uno.

Si le hubiéramos prohibido a George Lucas ganar más dinero, quizás el mundo se hubiera perdido de conocer al arqueólogo Indiana Jones

¿Sirve ser dueño en la Argentina? En nuestro país, en épocas conflictivas, si hay un juicio entre un propietario y un inquilino, generalmente lo gana el inquilino; entre un empleado y un empleador, mayoritariamente el empleado; y entre un deudor y un acreedor, seguramente fallen a favor del deudor. Moraleja: en épocas de conflicto, en nuestro país te conviene siempre ser deudor, no aferrarte a los bienes y producir con la estructura más chica posible. En épocas de conflictos se percibe que lo de uno “es de todos”.

Star Wars (1977)

El diario Cinco Días, reflejó la historia de George Lucas, que empezó a dirigir cortometrajes desde muy joven. A los 27 años fundó Lucasfilm, a los 30 ya tenía preparado el guión de Star Wars y a los 31 funda Industrial Light & Magic para producir los efectos especiales que necesitaba para la película. Finalmente, convence a unos directivos de la 20th Century Fox de aceptar su novedosa propuesta: no cobrar nada como director, pero, a cambio, recibir el 40% de las ganancias de taquilla y todos los derechos del merchandising.

Tras el éxito de Star Wars, en 1977, prescindió del estudio y consiguió financiar sus próximos proyectos con su propia fortuna (recuerden que en 1980 escribió y produjo En busca del arca perdida, con la que también ganó mucho dinero). Hoy es una de las personas más ricas del mundo. Del ejemplo de Lucas y de muchos exitosos como él podemos extraer un par de conclusiones, solo les pido descartar de la siguiente reflexión a las riquezas obtenidas por corrupción o por herencia.

Aprendizajes: En primer lugar, no tiene sentido limitar los beneficios que puede obtener alguien por su trabajo o mérito, ni limitar cómo quiere gastar sus recursos. Si le hubiéramos prohibido a Lucas ganar más dinero, quizás el mundo se hubiera perdido de conocer al arqueólogo Indiana Jones, y Harrison Ford y muchos otros hubiesen tenido un trabajo menos. De la misma forma, si hubiéramos limitado a Amancio Ortega, no habría abierto tantas tiendas Zara por el mundo generando empleo, ni Jeff Bezos hubiera transformado la logística global. El beneficio económico es una gran motivación por la que la mayoría nos esforzamos para mejorar en nuestra profesión.

Claro que usted me podrá decir que no vivimos en un mundo ideal. Que es injusto que haya gente que gane tanto y otros tan poco, o que es injusto que los científicos que han creado la vacuna contra la gripe ganen el 1% de lo que gana Justin Bieber. Pero eso lo decide usted con su consumo.

Otro aprendizaje es que la mayoría de los ricos (los que no roban o heredaron) lo son porque nosotros queremos que lo sean, porque ofrecen un producto que los demás adquirimos. O, acaso, ¿no hay gente que hace cola para comprar lo último de Apple, comer en un buen restaurante o ver un buen espectáculo?

Al final, los que ganan más dinero (hay excepciones) son los que mejor han sabido captar la necesidad de los consumidores, quienes, a su vez, han ejercido la libertad de adquirir su producto en lugar de otros. De hecho, pagan $4000 para ver un partido de fútbol y hacen largas colas para conseguir esa entrada, pero van al médico que cobra $1500 la consulta y le reclaman por lo caro que les resulta, valorando menos al profesional que protege su salud que un partido de fútbol. Incluso el que gana un pozo acumulado, gana lo que gana porque los demás han jugado también, si no lo hubieran hecho no habría dinero destinado para los premios.

La hoguera de las vanidades (1990)

El excelente libro de Tom Wolfe, del que se hizo la película, narra la historia de un accidente automovilístico en el cual un rico y adúltero magnate de Wall Street arrolla a un joven negro al pasar por un barrio donde no debió haber estado. Como resultado, todos buscan sacar provecho de la tragedia y nadie piensa en que se haga justicia. Lo relevante es ver qué puede ganar cada persona que se involucra. El fiscal, el abogado defensor, un líder político de los afroamericanos y los investigadores policiales tratan de maximizar su beneficio sin detenerse a pensar jamás en la posibilidad de que, al hacerlo, estén afectando a alguien más o imposibilitando que eventualmente se alcance un desenlace justo.

Aprendizaje: el argumento es como si nos pusieran frente a un espejo donde nos vemos reflejados en la actualidad. Nuestros dirigentes solo buscan su conveniencia. Solo intentan sacar ventajas de cada situación. Ellos comparten un asado y nosotros pagamos la cuenta.

Por último, y como conclusión, cómo no cerrar con La odisea de los giles (2019), del director Sebastián Borensztein, protagonizada por Ricardo Darín, Luis Brandoni, Daniel Aráoz, Carlos Belloso, “el Chino” Darín, Rita Cortese y Verónica Llinás. El film narra la historia de un grupo de ahorristas del interior del país que, al ser estafados por un abogado en el contexto del corralito, se embarcan en una insólita aventura para recuperar su dignidad y el dinero.

Aprendizaje: un muy buen resumen económico argentino. Lo que en agosto podía ser una idea brillante y una gran oportunidad, en diciembre se puede convertir en un desastre. Las volatilidades de nuestras decisiones políticas pueden acabar con los sueños de los emprendedores y con el más básico de sus derechos: disponer de su propio dinero sin que se lo licúen. La subestimación del manejo macroeconómico representa una película trágica de nuestra historia económica.

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