Las economías regionales, entre la pandemia y los problemas de vieja data



Fuente: Archivo

La mayoría de los sectores vieron afectadas sus exportaciones en los últimos meses, al tiempo que mantienen problemas impositivos, de logística y de otros costos; la visión de los productores de algodón, arroz, azúcar, vinos, frutas, maní, olivos, lácteos, miel, tabaco, ajo, legumbres, huevos y porcinos

El Gobierno se prepara para anunciar medidas con el objetivo de reactivar la economía, fuertemente afectada porla pandemia y la cuarentena, y se afirma que serán políticas con un sesgo federal y con atención en las regiones. Al menos, el presidente Alberto Fernández repite que la Argentina debe avanzar a un esquema “más equitativo”, con multipolos de desarrollo. Mientras se está a la espera de ese programa, la situación de las economías regionales se caracteriza por ser heterogénea por un lado y por tener, por el otro y en forma generalizada, un potencial frenado por problemas de logística y de una alta carga impositiva, que incide fuerte en los costos. También afecta la falta de financiamiento, un factor que retrasa la tecnologización, en desmedro de la eficiencia. Hay sectores que hasta hace dos décadas eran vigorosos a escala mundial y que fueron perdiendo terreno por falta de competitividad.

“Entender la importancia de que existen regiones y que son disímiles entre sí, ya es un buen comienzo”, apunta Gerardo Díaz Beltrán, presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). El dirigente sostiene que las economías regionales y las pymes requieren de políticas de Estado que “no duren cuatro años, sino que sean de largo plazo, de un sistema financiero que las contenga y reconozca, de una mejora de la logística en todo el país y de una reducción de la carga impositiva”. A su criterio, la pandemia del Covid-19 visibilizó lo “negativo” que es la concentración de la producción y la industrialización. “Atender a estos sectores es clave para el arraigo de la población, sin gente no vamos a conseguir desarrollo”, apunta Díaz Beltrán.

Entre los sectores con más potencial exportador está el algodonero. Apenas se venden a otros países unas 15.000 toneladas, cuando el saldo de la producción de este año alcanzará las 120.000 toneladas (la mitad del total que se produce). En los años 90, la Argentina contaba con 600.000 hectáreas dedicadas al algodón y hoy tiene 450.000. Brasil, en tanto, creció hasta los dos millones de hectáreas pese a haberse iniciado después en el rubro. Héctor Linke, titular de la Asociación Argentina de Productores Algodoneros, explica que se requieren recursos para la tecnologización del sector y para la modernización de las instalaciones portuarias. “Para crecer se requiere inversión, para la que hacen falta reglas claras”.

Nuestro país es, por otra parte, el tercer exportador mundial de ajos, detrás de China y España. Esta producción aporta unos US$250 millones al año, con una producción que abarca entre 11.000 y 15.000 hectáreas anuales. Guillermo San Martín, gerente de la Asociación de Productores, Empacadores y Exportadores de Ajo, señala que se podrían llegar a las 40.000 hectáreas (sumando Río Negro, Mendoza y San Juan) y alcanzar exportaciones por US$1000 millones en “tres o cuatro años”, con una mejora en la logística y con financiamiento para tecnología.

“Bajando el 15% los costos recuperaríamos el mercado europeo, que hace 10 años era la mitad de nuestras operaciones y hoy es el 15%”, detalla. Y agregar que España se tecnificó. “Tenemos que dar ese salto; allá, casi todo el proceso está mecanizado y el riego es presurizado, acá solo 20% está mecanizado. Nos falta financiamiento; con una línea de US$50 millones se da vuelta el sector”, especifica San Martín.

Un caso excepcional es el clúster del maní. En este caso, el país encabeza las exportaciones mundiales siendo el quinto productor (de unas 800.000 toneladas anuales, el 85% va al exterior). “Tenemos un trabajo de largo plazo que nos dio un posicionamiento internacional que no se condice con la coyuntura nacional -dice Eduardo Nervi, presidente de la Cámara Argentina del Maní-. Para nosotros, es clave cambiar la composición de las exportaciones, pasar de un ingrediente a un producto terminado, y la forma de lograrlo es con estabilidad económica, con acceso a créditos de inversión en bienes de capital que tengan tasas y plazos de países desarrollados”.

Otros puntos, en materia de pedidos, son: que exista una cuenta corriente fiscal para evitar el impacto que tiene el actual esquema de pagos impositivos, que se avance en acuerdos comerciales, y que haya transparencia de precios y costos portuarios. Y las retenciones (el maní paga 7%) siguen siendo materia de reclamo. “Hace años que existen; tiene que haber un cambio en la gestión del Estado que permita no tener que cargar a los exportadores”, dice el referente del sector.

El 60% del arroz que produce el país en Entre Ríos y Corrientes se exporta. Al ser un cereal barato es muy vulnerable a factores que hacen a la competitividad. La leve recuperación en los precios internacionales no alcanza a compensar los efectos de las retenciones (de 6% para el arroz sin industrializar y de 4% para el industrializado) y del tipo de cambio.

Daniel Filigoi, titular de la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz, lamenta que el tren Urquiza no opere con esta actividad económica. Se pide desde hace tiempo la habilitación del tramo de Monte Caseros a Curuzú Cuatiá y Mercedes, donde están las plantaciones. “El camión es oneroso, pero no hay otra opción. Con la logística fluvial hay problemas. Las barcazas paraguayas pasan por Corrientes, pero como la legislación nacional impide que toquen dos puertos argentinos no podemos aprovecharlas”.

Este es un año particular: por la cuarentena y el cambio de hábitos hay más consumo interno, y parte del arroz destinado a la exportación se redireccionará al mercado local, que es más rentable.

Los azucareros, por su parte, apuestan a los biocombustibles; vienen invirtiendo desde que se aprobó la ley de corte de combustibles, en 2006. En el país hay 20 ingenios, 16 destilerías, 9 deshidratadoras de alcohol, 8100 productores independientes, 410.000 hectáreas de caña de azúcar y 60.900 empleos directos entre campo e industria.

Jorge Feijoo, que está al frente del Centro Azucarero, sostiene que el bioetanol atraviesa un “momento difícil”, porque desde octubre de 2017 hubo cambios en la fórmula de precios que perjudicaron al sector y desde diciembre rige el congelamiento: “Hay serio riesgo para la actividad; no tenemos un precio compensador y, además, hay caída en la demanda de naftas por la cuarentena. Pedimos una actualización con la norma vigente y, además, la suba del corte en los combustibles del 12% al 15%”.

De los 100 millones de kilos de tabaco que se producen al año en el noroeste del país, el 85% se vende afuera. Eduardo Rodríguez, a cargo de la Cámara Regional de la Producción tabacalera de Salta, reseña que sufren una suba de costos en dólares y una carga tributaria que se lleva 60% de lo producido. Y agrega: “Estamos sin rentabilidad. Insistimos en que hacen falta políticas diferenciadas por tamaño y ubicación, eso es fundamental, como también lo es eliminar la retención del 12%. Todo eso nos complica, al igual que la logística que impacta mucho, porque estamos a 1600 kilómetros del puerto”.

Desde el sur, Sebastián Hernández, presidente de la Federación de Productores de fruta de Río Negro y Neuquén, señala que es “estructural” que los productores no cubran los costos. “En Río Negro producimos energía y la pagamos más que el resto del país; los impuestos implican entre 32% y 35% de nuestra estructura. Las medidas deberían avanzar sobre esos aspectos; somos un rubro mano de obra intensiva. Cada año vienen unas 25.000 personas de otros lados porque generamos empleo”. De la región sale el 95% de las peras (70% se exporta) y las manzanas (afuera va un 40%) del país. “Si no somos competitivos perdemos mercados, porque hay mucha competencia; eso ya nos ha pasado”, sentencia.

Para los productores vitivinícolas, el año es malo en volumen (se produjo 30% menos que en la anterior campaña) y los precios no cubrieron costos: $12 costó lograr un kilo de uva común y se cobró $7,50. “A las mejoras en el consumo interno y en las exportaciones no las vimos reflejadas. Hace tiempo que presentamos estudios de la cadena valor, que muestran que se puede subir 20% la rentabilidad de todos los eslabones, y así y todo el vino podría valer la mitad en la góndola. Pero es al revés; los gobiernos dicen que sí pero no se avanza”, cuenta Eduardo Garcés, de la Federación de Viñateros de San Juan.

Otro segmento con gran potencial es el de productores de porotos, que logran 370.000 toneladas al año. El consumo interno es bajo, mientras que México, América Central, Brasil, Asia y los países árabes tienen una demanda creciente. “Hay chances de más negocios, pero no se puede sin financiamiento para tecnología. Nuestro costo de producción es de US$400 por tonelada y hacemos unos 1000 kilos por hectárea; Brasil hace 2400 kilos porque tiene tecnología y, aunque importa 400.000 toneladas, quiere exportar y sigue aumentando la superficie sembrada. Para competir necesitamos mejorar la productividad; hace falta más investigación en semillas”, resume Natalio Iglesias, vicepresidente de la Asociación de Productores de Legumbres del NOA.

El sector porcino viene creciendo básicamente por un crecimiento del consumo interno. Sus exportaciones representan 0,3% de las operaciones globales de comercio exterior, con unas 30.000 toneladas al año. Alejandro Lamacchia, titular de la Asociación de Pequeños y Medianos Productores Porcinos de Buenos Aires grafica la situación al decir que hasta 2010 “teníamos chanchos y, desde entonces, tenemos cerdos”. Y explica: “La producción ahora es distinta. Mejoramos, se conformó un consorcio de exportación que funciona. Somos competitivos, tenemos buena genética y la salubridad está entre las mejores del mundo; podemos instalar el criadero y, al lado, las tierras con los alimentos; duplicamos el valor del grano. Falta plata para invertir porque un buen criadero es tecnología”.

¿Qué pasa con los cítricos dulces? La Argentina llegó a ser uno de los mayores exportadores, pero hoy solo envía afuera el 5% de lo que produce. De 52.000 hectáreas en los 90 se bajó a 37.000: “No es buen negocio, por la carga fiscal y laboral. Muchas quintas dejaron de producir y en Entre Ríos, por ejemplo, de 10 galpones de empaque quedan tres; lo que se puede mantener es por el mercado interno. Quedaron los productores familiares. Sin políticas de Estado no funciona, porque una planta tarda 15 a 20 años para dar plata y si cada cuatro cambian todo, no va”, señala Ariel Panozzo Galmarello, de la Federación de Citrus de Entre Ríos.

Menos exportación que nunca

Javier César Prida, quien está al frente de la Cámara Argentina de Productores Avícolas (Capia) asegura que este año es el de menos exportación de la historia: “Estábamos en 6% de la producción y en el primer semestre fue el 1,8%. Y, mientras no nos dejan importar repuestos de máquinas, autorizan el ingreso de huevo en polvo de Brasil. Hay empresas que no cobran reintegros a las exportaciones de 2014; si el Estado y no paga, es más carga”. Existe un plan para exportar en 2030 un 25% de lo producido y este año debería ser el 8%. “No alcanzamos; el costo financiero es complejo, hay muchos pequeños productores, la informalidad creció exponencialmente en seis meses y hay precios congelados. Pedimos que el IVA sea de 10,5%, en igualdad con otras proteínas; también, herramientas financieras e incentivar los clúster productivos para que los más chicos se involucren y pueda haber una masa crítica”.

Patricia Calderón, presidenta de la Federación Olivícola Argentina, destaca que la Argentina es la principal productora de América Latina y, por el tamaño del mercado interno, se exporta el 75% de la aceituna de mesa y el 80% del aceite de oliva. El 80% de la producción se concentra en Mendoza, San Juan, Catamarca y La Rioja; hay unas 80.000 hectáreas plantadas. “Con esas tierras podríamos producir y exportar el doble, pero todo sabotea. El 30% de los costos operativos está en el riego y entonces se riega menos para economizar; hay que usar fertilizantes en tierras desérticas y semiáridas y eso es en dólares; y las cargas sociales son altas. Hay que cambiar muchos puntos; no queremos créditos al 24%, tenemos acumulados millones en saldo técnico de IVA. Hay un conjunto de temas en contra y al precio internacional lo pone España. Para ganar, hay que ser eficientes”, describe.

De la producción de miel, unas 70.000 toneladas se exportan cada año (se consume internamente 20%). Desde la Sociedad Argentina de Apicultores (hay unos 14.000), Lucas Martínez marca que el mayor problema es estructural y es el avance de la agricultura que obliga a migrar: “La Argentina registra gran número de colmenas por apicultor y es la base de la rentabilidad, aunque -como en todo el mundo- es en general una actividad secundaria. Aportamos divisas y cuidamos ambiente. Hay países que tabulan el valor para el ecosistema de la polinización del sector”, dice.

Viviendas rurales, conectividad e infraestructura de caminos son algunos de los reclamos de los tamberos que se suman a los de mayor financiamiento. Alberto Sánchez, titular de la Cooperativa de Tamberos de Arroyito, dice: “Para los créditos se apostó al motor con rueda, a todo lo que se puede prendar, pero nosotros necesitamos tecnología para ser más productivos. Ese es el camino”. El país produce 10.000 millones de litros de leche, “lo mismo que en 2001, cuando se abandonaron las políticas lecheras. Brasil hoy hace 35.000 millones de litros con un ambiente más desfavorable”.

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