La tragedia educativa en el país de los placebos



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El análisis de José del Río en Mesa Chica

10:15 Fíjense el título que le pusimos a este editorial: “La tragedia educativa en el país de los pacebos”. Arranquemos por decir qué es un placebo, y no te llevo a una cuestión de definición técnica, sino lo que está pasando constantemente en nuestra bendita Argentina.Placebo es una sustancia que carece de acción curativa. Esa sustancia no te cura, pero produce cierto efecto terapéutico. Se trata de esa idea de que si la tomás convencido o convencida de que es eficaz, para vos va a serlo. Tiene un aspecto, un gusto y una forma similar, casi idéntica, a un medicamento que realmente te cura, pero está hecha de productos inertes y que no tienen ningún principio activo para resolver los problemas de fondo. Y la Argentina está llena de placebos. Basta recorrer lo que pasa en el Congreso Nacional con el impuesto a la riqueza donde se busca instalar que van por lo ricos, que es para el presupuesto de las personas que tienen un patrimonio mayor a 200 millones de pesos. Se busca instalar que se trata solamente de un grupo de personas muy pequeño en nuestro país, pero no se están viendo las verdaderas consecuencias. Tal vez, si se instala el relato de que esto es solamente para el 1% que tienen que hacer un aporte extraordinario de manera significativa, decís que hay que hacerlo. Pero lo que tenés que mirar en el fondo es qué efectos y contraindicaciones genera ese placebo en el mundo de las inversiones, donde la Argentina no es una isla, sino que es parte de un continente competitivo que pelea a nivel global.Hay otro placebo, que tiene la firma de Máximo Kirchner y habla concretamente de las tierras que fueron incendiadas. Dice el proyecto: “Tierras que fueron incendiadas de manera intencional o no intencional”. Tierras que tienen que ver con lo que está ocurriendo en los últimos días en algunos campos de la Argentina. También dice: “Voy a prohibir de 30 a 60 años el cambio de uso para las propiedades que hayan sido afectadas por incendios intencionales o no, para evitar el desarrollo, entre otras cosas, de emprendimientos inmobiliarios”.Últimamente, lo único que se ve es que a todo proyecto le podés poner “para evitar” o “para impedir el desarrollo de”. A esta altura, yo diría que es para impedir el desarrollo de la economía, si uno ve lo que pasa con la riqueza y con los proyectos que afectan directamente a la propiedad privada y que tienen que ver con esos incendios. Y estamos hablando de no intencionales también, porque los intencionales tienen que caer en las generales de la ley.Pero tal vez el placebo más importante fue el que se dio en las últimas horas con el tema de la educación. Se generó un debate, a partir de las declaraciones de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña. Declaraciones que, desde mi punto de vista, fueron poco felices sobre todo en cuanto a la trayectoria de los docentes, al hecho de que dijo que dedicarse a enseñar era el plan B, C o D de las personas y a que, si bien utilizó datos objetivos, vinculó esta cuestión al poder socioeconómico. Pero también dijo varias verdades respecto de lo que está ocurriendo hoy con la educación en nuestro país. ¿Por qué es un placebo? Porque no vamos a la cuestión de fondo si nos quedamos en las declaraciones poco felices de Acuña, como podrían haber sido poco felices las palabras de Cristina Kirchner cuando les dijo a infinidad de docentes (más de un millón que tiene la República Argentina) que “solo trabajaban cuatro horas”, cuando se desloman muchas y muchos de esos docentes para llegar con las tareas en tiempo y forma. Si instalamos estos dichos, obviamos aquellos que se dice -y está comprobado- de que los niños y las niñas a nivel mundial son menos propensos al contagio y ayudan a la detención temprana cuando van a los colegios. Se dice también que, en la Argentina, la escuela es mucho más -y sobre todo en los segmentos de menor poder adquisitivo- un refugio, un comedor, un lugar de pertenencia o una defensa al narcotráfico. Es una forma de cuidar a los chicos para que no los lleven al trabajo infantil. Y es también una manera de decir que la sociedad va por un lado y no por otro.Un millón y medio de estudiantes en la Argentina perdieron ya el vínculo con la escuela. Eso es una tragedia educativa que va a ser el saldo de nuestro país cuando hagamos las cuentas y realicemos nuestras propias pruebas Aprender y no las de 2019, que daban que el 72% terminaba la secundaria sin conocimiento de matemática.Hablo de las pruebas Aprender de lo que no aprendimos del Covid. Y eso no es placebo. Hablo de Argentinos por la Educación, quienes hicieron un estudio que les dio que la salud emocional de los chicos es la prioridad y lo que más los desvela respecto de la vuelta a los colegios. Hablo de Ángela Merkel, que muchas veces la cita el propio Gobierno nacional y que dijo que, si algo aprendieron de la primera ola de contagios del coronavirus, es que “tienen que mantener las escuelas y las guarderías abiertas”. En Europa no abrieron los casinos primero. Hubo prioridad para volver a las clases.En el mundo también hay otras evidencias que a veces no queremos ver para marearnos con el sinfín de palabras de las declaraciones de cabotaje. La educación claramente debe ser un servicio esencial. Procrastinar la solución llevó a que la Argentina se haya quedado sin clases desde el 15 de marzo. ¿Y qué se hizo en estos ocho meses para preparar los protocolos de regreso? No hablo de las escuelas privadas que tienen la ventaja de tener otro poder adquisitivo, una cuestión más desigual en un Gobierno que plantea la igualdad.Esto decía el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, hace un tiempo en Mesa Chica: “Tenemos que asumir ese desafío de que la brecha no se extienda en este momento. Si son dos semanas, o un mes, el tiempo que sea, podamos lograr que los que empiezan primer grado empiecen a transitar los primeros pasos en la lectura y escritura”. Dos semanas, mes y medio. Pasaron más de ocho meses. El año se perdió. El año no vuelve. La educación no vuelve. La sociabilización no vuelve.¿Quién acondicionó las escuelas durante este tiempo? No estoy hablando de los maestros ni de las maestras, que se rompieron el lomo durante este período para tratar de actualizar la manera en la cual contactaban a los chicos y los educaban. Me refiero al sistema educativo que no acondicionó las escuelas, no planificó ni ayudó concretamente a esa vuelta. Los gremios se peleaban por la vacuna, en lugar de ver cómo se podía solucionar el regreso a las clases para infinidad de familias que lo necesitan.Hay otra realidad de la que se habla muy poco y es fundamental que tengas en cuenta en esta tragedia educativa de la Argentina. Durante este período, en el cual se planteaban algunas dicotomías totalmente inverosímiles como salud o economía, o también se puede meter que la educación podía oponerse a defender a la salud, en esa avenida del medio, muchas escuelas privadas tuvieron lo peor de los tres mundos. Lo peor de la pandemia porque no pudieron educar; lo peor de la economía porque se fundieron; y lo peor de la educación porque no tuvieron la posibilidad de conectar con infinidad de alumnos.El 70% de los colegios de la provincia de Buenos Aires ya admitió que planea cierres totales o parciales. ¿Se planificó desde el Gobierno quién va a absorber a los chicos que dejan de pagar esa cuota en el sector privado y cuál es la capacidad que tiene la escuela pública para absorberlos? ¿Se planificó en el Gobierno cuál es la posibilidad con la cantidad de jardines maternales que han cerrado durante el último período? ¿Cómo van a cubrir esa situación cuando el mundo vuelva a ser el que supimos tener?En Europa, con la segunda ola, hubo restricciones, pero las escuelas siguieron abiertas. Solo hubo dos excepciones por pocas semanas en Bélgica y Alemania, que ni bien las cerraron dijeron que lo antes posible iban a reabrirlas.Trotta le respondió a Acuña, le exigió un pedido de disculpas, le dijo que era “injusta e incoherente”, entre otras cosas. ¿Por qué no vamos al debate de fondo? ¿Cuál es la Argentina que queremos? Te repito una frase que lamentablemente la dijimos hace cinco meses: ¿Es la Argentina de las escuelas cerradas y los casinos abiertos? ¿A quién querés educar así?

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