La revancha de SoftBank. El ave fénix de los negocios



De la mano de Son Masayoshi, SoftBank volvió a seducir a inversores de todo el mundo Crédito: archivo

Hace apenas unos meses la pandemia del Covid-19 puso de rodillas al grupo SoftBank. Al huir los tenedores de títulos de firmas fuertemente endeudadas, el conglomerado tecnológico japonés, cuyos bonos son calificados como basura, se veía muy débil. En marzo su extravagante patrón, Son Masayoshi, anunció una venta de activos por US$41.000 millones para recuperar la estabilidad.

Desde entonces Son ha recuperado su equilibrio señalando lo positiva que ha sido la cuarentena de coronavirus para su firma. La “nueva normalidad” en la que las reuniones, la venta de alimentos, la educación, la atención médica, las compras y el entretenimiento se volvieron digitales, dijo en septiembre, es un gran beneficio para SoftBank. La empresa que siempre tuvo su estrategia centrada en la transformación digital y la inteligencia artificial descubrió que el mundo que estaba esperando llegaba más rápido de lo pronosticado.

El auge digital está ayudando a la recuperación de Vision Fund, un vehículo de inversiones en tecnología por US$99.000 millones, que hasta hace poco había tenido un muy mal desempeño.

El fondo comenzó a invertir capital en 2017 en una nube de exageraciones y optimismo, pero perdió el rumbo como resultado de unos pocos fracasos espectaculares, de los cuales el más notable fue la implosión de WeWork, una firma de alquiler de oficinas que se enmascaraba como una plataforma tecnológica.

Aunque SoftBank contribuyó sólo con US$28.000 millones del capital del Vision Fund (equivalente a alrededor del 12% de los activos de la firma japonesa en aquel momento), los problemas afectaron el precio de sus acciones y la reputación de Son como inversor brillante.

Esa reputación había sido adquirida luego de su compra, a partir de 2000, de una participación del 34% en una startup de comercio electrónico china llamada Alibaba, que ahora es la compañía china de valuación más elevada en la bolsa. La pandemia ha perjudicado la valuación de algunas firmas del Vision Fund en sectores como el turismo y el transporte. Son ha tenido dificultades para obtener financiación externa para una segunda versión, Vision Fund 2, que apuntaba a obtener capital por US$108.000 millones, pero que ahora se las arregla con pequeñas sumas de SoftBank.

No deja de sorprender entonces que en estos tiempos la firma japonesa trate de desviar la atención del Vision Fund. Esto plantea un misterio respecto de hacia dónde dirigirá Son su energía y su dinero a continuación. Su corrida de ventas no terminó con las ventas de activos anunciada en marzo. Este año SoftBank ha completado una cantidad sin precedentes de descartes.

La empresa liderada por Son Masayoshi había sufrido un duro golpe con la debacle de WeWork

La firma se ha desembarazado de la mayoría de sus activos en telecomunicaciones móviles, incluyendo otra tajada de su negocio de celulares en Japón, SoftBank Corp, y la totalidad de Sprint, el cuarto operador móvil de Estados Unidos, y Brightstar, un distribuidor de equipo inalámbrico. En septiembre Son anunció la venta de Arm, un diseñador de chips con sede en Gran Bretaña, por US$40.000 millones, a Nvidia, un gran fabricante de chips estadounidense. Arm era la pieza central del inmenso ecosistema imaginado por Son con startups de inteligencia artificial.

Sin contar la venta de Arm, que tardará meses en completarse, SoftBank se alzó con US$52.000 millones con sus ventas de empresas. Los inversores no creen que el hiperactivo Son se quede sentado mucho tiempo sobre esa suma. Parece tener abiertas tres alternativas. Un escenario es activar los planes largamente discutidos de convertir a SoftBank en una compañía de capital privado. Segundo, puede estar preparándose para comprar una gran participación en uno o más gigantes tecnológicos que cotizan en bolsa. En septiembre SoftBank generó otra sorpresa cuando emergió como la misteriosa “ballena de Nasdaq” que se había quedado con miles de millones de dólares de opciones de acciones que cotizan en bolsa como Amazon, Microsoft y otras estrellas tecnológicas. Una nueva rama de administración de activos ya había comprado casi US$4000 millones en acciones de varios gigantes tecnológicos. Tercero, podría insistir con el modelo del Vision Fund poniendo más dinero en el segundo fondo.

El argumento en favor de convertirla en una compañía de capital privado, que sería una de las mayores transformaciones de la historia, es la fuerte desvalorización en el mercado de SoftBank comparado con el valor de sus activos que cotizan en bolsa. Eso se ha reducido gracias a una gran suba del precio de las acciones de SoftBank este año.

Una compra de la empresa para convertirla en una compañía de capital privado, dice un gran inversor en SoftBank, sería factible si se estructurará como un crédito puente financiado con la venta de una parte mayor de la participación de la firma en Alibaba y otros activos. Pero encogería a SoftBank, enriqueciendo a su patrón multimillonario y reduciendo su capacidad de invertir en nuevas áreas en crecimiento, señala Oliver Matthew de la consultora CLSA. Siendo así, dice Matthew, se ve bastante improbable.

Invertir en gigantes tecnológicos que cotizan en bolsa podría ser más atractivo. Estas firmas están recaudando grandes ganancias del auge digital. En cambio las tecnológicas que no cotizan en bolsa en muchos casos aún están definiendo su modelo de negocios o disputando una participación en el mercado. La visión de Son, según fuentes cercanas al inversor japonés, es que “lo grande atrae a lo grande y las grandes compañías son las que tienen éxito en este ambiente”. Son menos abundantes las oportunidades en los mercados privados, en parte porque el Vision Fund ya ha financiado a la mayoría.

Debuts en puerta

La tercera vía es menos loca de lo que sugiere el estallido del primer fondo. Sus resultados se ven mejor que hace unos meses. Hasta ahora ha desplegado US$82.600 millones de capital en 92 firmas. Para fines de junio su valor había aumentado en US$3500 millones. Para fines de septiembre, dice gente cercana a él, había ganado otros US$4500 millones. Esto suma una ganancia del 10%, que no es precisamente estratosférica: el índice tecnológico del Nasdaq ha dado ganancias de diez veces superiores en los últimos tres años. Pero representa una recuperación respecto de comienzos de 2020 cuando el fondo causó a su empresa madre una pérdida anual récord de US$8800 millones. El fondo tiene nueve años de vigencia más por delante. Hace seis meses redujo las valuaciones a niveles conservadores y ahora prevé aumentos de las mismas.

Ahora las apuestas de SoftBank pasan por la inteligencia artificial y la transformación digital

Un mercado caliente para nuevos lanzamientos iniciales de acciones tecnológicas ayudarán al fondo. Desde el inicio del fondo nueve de sus firmas han comenzado a cotizar en bolsa. Apuestas destacadas como la de Uber fueron una desilusión. Pero tomadas en conjunto las ganancias por los lanzamientos accionarios han sido decentes. Y hay más debuts por delante. DoorDash, una firma de delivery de alimentos piensa hacer su oferta inicial de acciones en noviembre con una valuación de alrededor de US$25.000 millones. Eso quintuplicaría el valor de la inversión del Vision Fund de US$600 millones.

Su participación del 27% en Coupang, el Amazon de Corea del Sur, podría demostrarse igualmente jugosa si lanza acciones al nivel al que algunos han estado buscando invertir. Según inversores en Asia, Coupang ha recibido ofertas con una valuación que ha llegado hasta los US$30.000 millones. Y la cartera de SoftBank contiene tenencias en algunas de las grandes estrellas tecnológicas de China, incluyendo Bytedance (la dueña de TikTok) y Beike, una plataforma de propiedades residenciales que recientemente cuadruplicó su valor.

Otro motivo para el optimismo es que parecen haberse aprendido las lecciones de los primeros tres años del Vision Fund llenos de errores. El segundo fondo no está tratando de volcar demasiado dinero a compañías jóvenes. Mientras el primer fondo de Son no estaba dispuesto a mover un dedo por cualquier oportunidad de inversión menor a los US$100 millones, ocho de las 13 inversiones de su sucesor son menores a esa cifra. Una de ellas es apenas de US$20 millones. Se ve mucho menos riesgosa.

Lo que no ha cambiado es la fuerza y la impredecibilidad de Son. Bajo presión de Elliot, un fondo de alto riesgo activista, ha hecho ajustes en el directorio de la empresa, agregando una mujer. Pero Glass Lewis, otra firma, se opuso a otro nombramiento. Aliados con capacidad para desafiarlo, como Jack Ma, cofundador de Alibaba, se han ido. Cualquiera sea la próxima acción de Son, seguirá fundamentalmente su propio impulso.

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