La pesca busca su lugar entre los motores de la economía



La pesca busca su lugar entre los motores de la economía

La actividad pesquera es la que más creció en la última década y media, y en 2019 exportó por US$1863 millones; cómo impactan los costos internos, la presión impositiva y la caída de los precios globales

La Argentina tiene un tesoro inmenso bajo sus aguas: en el extenso territorio sumergido bajo su plataforma marítima hay espacio fértil para el desarrollo de la pesca, una actividad con un alto potencial, que en 2019 concretó exportaciones por US$1863 millones, pero que también está sujeta a las dificultades propias de la macroeconomía local, como alta presión impositiva, el aumento de costos internos y la falta de crédito, entre otros.

El sector pesquero no es un eslabón menor en la economía argentina, puesto que exhibe un superávit de US$1700 millones en su balanza comercial, ocupa la octava posición como complejo exportador del país, emplea a más de 23.000 personas en forma directa, exporta a más de 100 países y tiene un tiene un fuerte impacto en la economía regional de la zona patagónica y el litoral sudeste de la provincia de Buenos Aires, según datos de la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina (Capeca).

Carlos Liberman, subsecretario de Pesca y Acuicultura de la Nación, cuenta que, pese al coronavirus, este año se lograron niveles de captura similares a los de años anteriores. “La pandemia plantea un enorme desafío, se trabaja bajo nuevas reglas y protocolos sanitarios, y surgen problemas logísticos, pero hay un enorme reconocimiento a los trabajadores y a las empresas del sector por el esfuerzo y el compromiso que implica que hayan trabajado y producido en niveles comparables con los de años de normalidad”, dice.

Si se observa el detalle del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), se observa que esta actividad tuvo el mayor crecimiento en los últimos 16 años, al superar a la agricultura y ganadería, la industria manufacturera y las minas y canteras.

Las oportunidades para el sector pesquero son enormes, pero requieren de un esfuerzo conjunto de toda la cadena. Mariano Pérez, presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Pesca Argentina y directivo del Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas, opina que habrá un aumento en la demanda mundial que vendrá acompañado de la exigencia de mayores estándares de calidad, tanto del producto como del proceso productivo. “Estas cuestiones ya hoy son aspectos que determinan el ingreso (o no) a los principales mercados mundiales”, acota.

En este sentido, hoy el sector está bien posicionado, con una elevada proporción de establecimientos acreditados con los máximos estándares (certificación Unión Europea). “Aun así, el desarrollo de nuevas tecnologías de producción, los cambios en tendencias de consumo y el dinamismo en las exigencias de estándares de calidad cada vez más elevados, obligan a una innovación constante”, advierte.

Un mapeo rápido de lo que nutre a este sector desde las aguas arroja que en el primer semestre de este año las capturas se distribuyeron así: 43,8% de calamar Illex; 34,9% de merluza Hubbsi; 16,7% de langostino; 3,6% de merluza de cola; 0,7% de merluza negra, y 0,4% de centolla.

En cuanto a la distribución por puerto de esas capturas, Mar del Plata está en lo alto del podio, con 61%, seguido por Puerto Madryn (12,8%), Puerto Deseado (10,6%), Rawson (10%) y Ushuaia (5,6%). “Estos puertos representan el 89,8% de las capturas totales”, se destaca en el informe El sector pesquero como motor del desarrollo de la economía argentina, elaborado por el economista Fabián Pettigrew, de Capeca.

Ahora bien, la pesca enfrenta ciertas complicaciones derivadas de la política económica local, como la existencia de derechos de exportación, que restan competitividad; alta presión impositiva; falta de crédito; aumento de costos internos; plazos exiguos por parte del Banco Central para la liquidación de divisas, y demoras en el pago de reintegros y en la devolución del IVA, entre otros.

También enfrenta nubarrones del contexto externo, como la caída de los precios internacionales, algo que, tal como destaca, Liberman, hizo que, pese a haberse pescado más en el primer semestre de este año que en igual período de 2019, el ingreso de divisas por exportación sea menor. A esto hay que agregarle las restricciones paraarancelarias en algunos mercados, como por ejemplo las que impone Brasil para el langostino.

Sin desconocer que fue un año duro para la pesca ni ignorar el impacto de la caída de los precios internacionales, Diego Glikman, director de Newsan Food. que se ha convertido en el gran grupo pesquero del país, hace hincapie en un aspecto positivo. “Las empresas están intentando hacer mayor valor agregado en sus productos, dado que se ha abierto una importante demanda en supermercados en varios países. Esto sucede porque el confinamiento ha aumentado el consumo de estos productos en los hogares. De cara al futuro, somos optimistas y esperamos que para el año próximo, en el caso del langostino, los precios retornen a los niveles previos al Covid19”, afirma.

Eduardo Boeiro, presidente de Capeca, también tiene una visión optimista. “En general, el mar argentino y su caladero se encuentran en buen estado de explotación. No hay especies sobreexplotadas y existe una buena administración de los recursos y coordinación entre el área científica (Inidep), la administración pesquera y el sector”, subraya.

Liberman también comenta que en los últimos meses su subsecretaría se centró en resolver cuestiones que, en el contexto de pandemia, afectaban a los principales índices productivos. “Se lograron acuerdos entre empresarios y gremios, para preservar los puestos de trabajo y dar continuidad al ritmo productivo. Con eso, se pudieron mantener activas la cadena pesquera y las exportaciones”, enfatiza el funcionario.

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