La “ciencia del colapso”: lecciones de más de 3000 años de antigüedad para entender 2020



La pandemia de Covid-19 es estudiada junto a los grandes momentos críticos de la humanidad Fuente: LA NACION

Una forma de tomar perspectiva sobre la verdadera entidad de la crisis de 2020 es recorrer las noticias desde el inicio de la pandemia y ver con qué debacles anteriores se fue comparado la actual. Al principio, en marzo, se aludía a casos contemporáneos: 2008, 2001, la crisis del petróleo en los 70 o la Segunda Guerra, como mucho.

Luego, eso no alcanzó y hubo que ampliar el rango a la Gran Depresión, especialmente por la cantidad de puestos de trabajo perdidos. Esta semana, el gobierno de Inglaterra confirmó un anticipo de su Banco Central de mayo: será la peor crisis en 300 años, recién superada por la hambruna de 1706, provocada por el gasto de la guerra contra Francia combinada con malos años de cosecha. Otros países de Europa están yendo aún más atrás, hasta la “Pequeña Edad de Hielo” de 1580.

Pero tal vez con este rango de casi 500 años nos quedemos todavía cortos. La combinación de pandemia, recesión económica y cambio climático (aquí le podemos agregar la muerte de Maradona) le dio protagonismo en este segundo semestre a los investigadores y divulgadores de “la ciencia del colapso”: historiadores, antropólogos y arqueólogos que se dedican a averiguar cómo se desintegraron civilizaciones del pasado.

“Creo que podemos aprender lecciones valiosas para el presente analizando colapsos de la antigüedad”, cuenta a la nacion Eric Cline, un arqueólogo y académico estadounidense que escribió el best seller 1177 A.C: El año en el que la civilización colapsó. Con más de 30 excavaciones -principalmente en Medio Oriente- en su haber, Cline sostiene que “es cierto que cada colapso fue causado por distintos motivos, pero si notamos que hoy está presente alguno de esos ?estresores’ (como el cambio climático), creo que debemos sentarnos y tomar nota.”

Cline es un experto en la denominada “Edad de Bronce Tardía”, un período en el cual florecieron civilizaciones como la cretomicénica, la egipcia, la asiria y la de otros grupos de la Mesopotamia. Fue una era de globalización y comercio internacional: en 1177 A.C… hay historias como la del rey Hammurabi (1810 A.C -1750 A.C) de Babilonia, que pidió unos zapatos de cuero a Creta y los mandó a devolver porque no le quedaban bien, 3800 años antes de Amazon o Mercado Libre. Pero a partir de 1177 A.C, una combinación de invasiones de los “pueblos del mar”, terremotos, erupciones volcánicas, malas cosechas y tensiones internas hicieron que en el transcurso de pocos años estas civilizaciones se derrumbaran con su cultura, su escritura, sus rutas comerciales y su arquitectura monumental. “De la historia podemos aprender que no somos inmunes al colapso hoy en día, porque todas las sociedades anteriores en la Tierra colapsaron más temprano o más tarde”, completa Cline por correo electrónico.

La “ciencia del colapso” se nutre hoy en día del análisis histórico, de nuevas tecnologías que pueden precisar, por ejemplo, el clima de hace miles de años (los estudios paleo-climáticos) y de los sistemas complejos, que ayudan a describir estas dinámicas en las que las civilizaciones se caen rápido, como un castillo de naipes de una fragilidad que nadie, o muy pocos, advierten ex ante. Además de Cline, un precursor es Joseph Tainter (El Colapso de la Civilizaciones Complejas, 1988); pero el grupo también incluye al geógrafo Jared Diamond (Colapso, 2004) y a Guy Middleton, que en 2017 publicó Entendiendo el Colapso. Todos tienen a la complejidad en el corazón de sus análisis.

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“Creo que es un error pretender que se puede predecir el futuro sobre la base del pasado. Lo que los historiadores tenemos para aportar en esta época es cautela, decir: ?cuidado que las cosas son más complejas de lo que parecen’; la historia no tiene fin ni avanza en un sentido predecible”, explica a la nacion Roy Hora, historiador, investigador del Conicet y profesor de varias universidades.

Buena parte de esta sensación de que predecir puede ser más fácil de lo que resulta en la realidad está dada por los relatos que se arman ex post: siempre es más sencillo unir puntos hacia atrás que hacia adelante. “Por ejemplo: los especialistas en esta disciplina en pandemias fueron siempre muy pocos, casi una capilla; y en los próximos diez años seguramente tendremos miles de tesis y libros sobre la historia de las pandemias”, dice Hora. Lo mismo sucede con los medievalistas, hoy de moda por las similitudes de virus mortales, cuarentenas y tiempos oscuros en general. “Esto ya lo había planteado Umberto Eco en su momento. Los medievalistas, como hacemos todos los historiadores, tenemos un conocimiento sobre un período corto y tratamos de promover la idea de que eso en lo que nos enfocamos se puede generalizar y es muy importante para entender otras cosas”, matiza Hora, que es doctor en Oxford.

Como sea, los historiadores parecen estar de moda. “Cada cambio de década en la posguerra trajo una crisis global con aspectos inesperados; y con ello, el surgimiento de nuevos expertos a los que acudimos por respuestas (economistas, especialistas en geopolítica, etcétera). Ahora que la pandemia y la desglobalización dejaron nuestra capacidad de comprender al borde del precipicio, queda una voz para ayudarnos a entender lo que está pasando: la de los historiadores. Y cuanto más ?ratas de biblioteca’ sean, mejor todavía”, dice el economista y periodista Gabriel Burín.

No todos los grandes nombres de la “ciencia del colapso” o del análisis del pasado en “grandes arcos” son historiadores. De hecho, muchos de los principales no lo son: Diamond, Yuval Harari o Steven Pinker vienen de otras disciplinas. Lo mismo ocurre con otro “Nostradamus” que ganó popularidad en 2020: el zoólogo ruso, radicado en los Estados Unidos, Peter Turchin, que diez años atrás pronosticó que en 2020 sobrevendría una “era de la discordia”.

Turchin, cuyo padre fue en Rusia uno de los pioneros de la inteligencia artificial, mezcla matemática y big data con el estudio de la evolución de civilizaciones en “grandes arcos”. Es lo más parecido en la actualidad al personaje de La Fundación, de Isaac Asimov, Hari Seldon, quien mediante técnicas de “psicohistoria” podía predecir el auge y caída de civilizaciones.

Tampoco todos los analistas de procesos históricos largos son pesimistas (Pinker sería el caso contrario). La semana pasada, en su espacio de Exponential View, Azeem Azhar comentaba que el tiempo récord en el que se está logrando la vacuna contra el Covid es un ejemplo de que la humanidad tiene la capacidad de cooperar y afrontar desafíos complejísimos con éxito.

¿Qué pasaría si esta energía, conocimiento y productividad se pusieran, con la misma intensidad, al servicio de solucionar otros grandes problemas globales, como el cambio climático, la desigualdad, las migraciones, etcétera?, se preguntaba Azhar. Parte de la respuesta seguramente está en las dificultades de equilibrio intertemporal. Lo que el tecnólogo Marcelo Rinesi llama “problemas que van demasiado rápido y demasiado lento a la vez”: lentos como para no forzar incentivos a actuar en el presente, pero rápidos en el sentido de que veremos las consecuencias en vida. Esa trampa lleva a que cuando se quiera accionar ya sea demasiado tarde, como le ocurrió a las civilizaciones de la Mesopotamia en 1177 A.C.

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