La Argentina y su histórica necesidad de dólares



El fin del auge del precio de la soja encuentra a la Argentina sin dólares imprescindibles para salir de la crisis y volver a crecer.

El Banco Central dispone de muy pocas reservas netas liquidas para afrontar los pagos de la deuda pública. El valor de nuestras exportaciones actuales es casi la mitad de lo que disponíamos en 2011, año en que se instaura el cepo.

La Argentina no dispone nuevamente de crédito internacional para renovar las amortizaciones de deuda como cualquier país normal. Asimismo, como los argentinos no confían en su moneda, en consecuencia, no se dispone de mercado de capitales profundo que permita renovar deuda a tasas razonables. En efecto, una de las consecuencias de haber licuado la deuda pública interna en manos de ahorristas argentinos durante el kirchnerismo y el macrismo, abonó aún más la desconfianza ya dañada por las crisis bancarias y confiscaciones de 1982, 1990 y 2001.

Esta situación de restricción externa máxima sucede llamativamente en un contexto financiero internacional favorable, dado que la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal de EE.UU. es casi nula.

La Argentina necesita dólares para crecer y desarrollarse. ¿Como puede nuestra economía satisfacer la sed de dólares sin ahogarse en un vaso de agua? En primer lugar, para crecer sin crisis de balance pagos, la industria necesita importar insumos y bienes de capital. Asimismo, esos dólares provienen del sector agroindustrial que sigue contribuyendo con el 50% del valor de nuestras exportaciones.

Paradojalmente, el aumento de las retenciones a las exportaciones afecta la generación de dólares genuinos que el campo provee a la industria. Asimismo, el impuestazo a la clase media y el desagio a los ingresos jubilatorios medios reducirá el mercado interno disponible sobre todo para las pymes, destruyendo empleo privado. Los intereses sectoriales del campo y la industria son complementarios, no contrapuestos como popularmente se cree.

Las necesidades de importación de la industria manufacturera son aún mayores que décadas anteriores. En efecto, durante el kirchnerismo, las importaciones de insumos y bienes de capital del sector industrial crecieron notablemente con respecto al valor de producción, a pesar del control de cambios y las restricciones cuantitativas a las importaciones. Afrontar los desafíos del desarrollo de Vaca Muerta, implica también la necesidad de importar equipos, tecnología e insumos. La Argentina necesita imperiosamente un boom exportador que hace décadas no generamos, a pesar de las continuas devaluaciones. El auge de exportaciones de la década pasada fue más por precios que por cantidades, mientras que el importante crecimiento del volumen de exportaciones durante comienzos de la década del ’90 fue más por cantidades que por precios.

La Argentina debería duplicar el crecimiento del volumen de exportaciones respecto de la dinámica que tuvieron durante el auge de los precios de las commodities. Mas aún, si el objetivo fuese alcanzar el ingreso per cápita de Australia en una generación (30 años), entonces la exigencia sobre la capacidad de exportación sería mayor aún: el crecimiento del volumen de exportaciones debería triplicarse respecto de su desempeño histórico.

La exigencia sobre la capacidad exportable argentina es aún mayor si se toma en cuenta que también se necesitan dólares para atender los pagos de la deuda pública y la demanda de dólares de los argentinos a los fines precautorios, evitar confiscaciones y mantener el poder adquisitivo de sus ahorros.

En los años venideros, el boom de exportaciones deberá ser más por volumen que por precio, dado que la sociedad ya no resistiría nuevas licuaciones de sus ingresos y ahorros vía devaluaciones y aumento de impuestos y no se espera un nuevo auge de precio de nuestras commodities exportables. Bajo estas condiciones, la Argentina debería aprender a vivir de su propio esfuerzo sin esperar que la renta de un recurso natural nos salve. Para encarar el desarrollo económico y social, el país necesita imperiosamente un boom de exportaciones de todos sus sectores productivos que permita financiar las importaciones que el crecimiento de la economía argentina, la industria manufacturera y Vaca Muerta necesitan.

Para que el crecimiento económico sea con sustentabilidad social resulta imprescindible la generación de empleo privado. Esto exige una reorientación de la economía argentina hacia la mayor competitividad genuina, sin devaluaciones abruptas. De lo contrario, el país seguirá exportando impuestos y comprimiendo la rentabilidad de las pymes impidiendo la generación del empleo.

La demanda excedente de dólares para ahorrar solo se podrá reducir estructuralmente si la Argentina logra por fin la estabilidad macroeconómica permanente, respetando los contratos y el poder adquisitivo del ahorro local que es la única fuente sustentable para financiar las inversiones y las exportaciones.

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