Guernica y el dilema que plantean las ayudas sociales del Estado



La enorme mayoría de las personas que viven hacinadas no ocupan tierras que no les pertenecen. El gobierno de la provincia de Buenos Aires les entregará $300.000, en 6 cuotas, a algunas de las familias que ocuparon un terreno en Guernica, ocupación que no tuvo nada de espontánea. A la luz de esta decisión, ¿qué “mensaje” reciben quienes viven en idénticas condiciones que los beneficiarios de la referida transferencia?

Sobre esta cuestión conversé con el americano John Rees Harris (1934-2018) quien, junto a Michel Paul Todaro, nacido en 1942, publicó en 1970 un trabajo titulado Migración, desocupación y desarrollo. La monografía fue elegida una de las 20 más importantes entre las publicadas en los primeros 100 años de American Economic Review, y la única referida a la economía del desarrollo. Harris y Todaro integran mi lista de “Los Leoncavallos de la economía”, porque al igual que don Ruggero escribieron varias obras pero se inmortalizaron por solo una de ellas.

-¿Cuál fue el punto de partida de sus investigaciones?

-La migración del campo a la ciudad comenzó hace siglos. Como en las ciudades no se producen alimentos, su tamaño depende del excedente agrícola, es decir, de lo que les sobra a los agricultores y sus familias, por encima de lo que necesitan para subsistir. Es impensable mantener la actual distribución de la población entre los sectores rural y urbano, si volvemos a producir alimentos “con la mano”. Nuestro aporte se ubica dentro de este proceso.

-Explicítelo, por favor.

-Observamos que en muchos países en vías de desarrollo se presentaba un hecho curioso: a pesar de la existencia de rendimientos marginales positivos en la agricultura, y de significativos niveles de desocupación urbana, existía migración de los campos hacia las ciudades. La explicación tiene que ver con un salario mínimo urbano, fijado por razones políticas a un nivel sustancialmente superior al de los ingresos agrícolas. La migración, consiguientemente, es un hecho racional, más allá de que se trata de un fenómeno de desequilibrio. Esta explicación contradijo a la sostenida por William Arthur Lewis en 1954, quien sostenía que la migración del campo a la ciudad se debía a rigideces institucionales existentes en el sector rural; para nosotros, se originaba en las fricciones que existen en el mercado laboral.

-¿Cuáles son las implicancias de vuestra explicación?

-Que los esfuerzos gubernamentales por crear empleo en el sector urbano de la economía agravan el problema porque alientan la migración. Ésta debe imaginarse como un “tubo”, que está permanentemente lleno. Por una punta ingresan quienes pretenden migrar hacia las ciudades; en la otra se ubican quienes están por radicarse fuera del tubo. Todos tienen celulares, con los cuales les trasmiten información a sus parientes, quienes todavía no ingresaron al tubo.

-¿Cuál es el mensaje que reciben los familiares y cuál es el que deberían recibir?

-Las autoridades no les tienen que mejorar las expectativas a quienes están en la punta final del tubo, porque éstos les dirán a sus parientes: “Metete en la fila y bancate la transición, porque al final vas a mejorar”. Tienen que lograr que quienes están en la punta final del tubo, a sus parientes les digan: “Ni se te ocurra venir a este infierno, sé que allí la vida es dura, pero mejor rebuscátela en un ambiente conocido”.

-¿Sólo eso?

-No, además tienen que adoptar medidas para que las personas puedan mejorar sus condiciones de vida, en sus lugares de origen. Hoy, en su país, constituye una tragedia que la mejor opción de muchos hombres y mujeres sea tener un puesto público; y digo tragedia porque en muchas localidades las remuneraciones que ofrece el Estado hacen inviable el desarrollo de actividades productivas. Llevando esto al extremo, cuando 100% de la población sea empleado del Estado, como éste no genera el producto bruto interno (PBI), sino que se ocupa de recaudar, emitir y gastar, quedará claro que el esquema es inviable.

-En la Argentina 2020, más que de trabajo urbano hay que hablar de planes sociales, electricidad que se consume y no se paga, etcétera.

-En el análisis que publicamos en 1970 nos concentramos en el trabajo, pero el esquema rige cualquiera sea la fuente de ingresos en los sectores urbanos. No hay que ser graduado en economía, o tener el cerebro lavado por lo que enseñan en Harvard, Estocolmo o Moscú, para advertir las consecuencias de que, no trabajando y protestando, se puedan conseguir mayores ingresos que trabajando y cuidando los recursos con la prolijidad que fuerza la pobreza.

-¿Usted tiene corazón?

-Como el resto de los seres humanos. Pero usted me está consultando como economista y, por consiguiente, tengo que aplicar la máxima planteada por Alfred Marshall, quien dice que hay que poner la cabeza fría al servicio del corazón caliente. ¿Acaso tiene corazón el médico que nos informa que las vacunas que se están inventando para neutralizar el coronavirus todavía no están listas para ser aplicadas de manera masiva? El médico que me sirve es el que se sobrepone a mi dolor, para curarme. Los economistas tenemos que actuar con el mismo criterio.

-Pero, entonces, ¿la ayuda social no debería existir?

-Por el contrario. Le recuerdo que en Gran Bretaña las denominadas Leyes de pobres existen desde 1349; y tal como era de esperar, fueron muy discutidas, no solo por los dirigentes políticos y otros intelectuales, sino también por los economistas. Estos últimos discreparon, porque toda ayuda social plantea un dilema.

-¿Cuál es?

-Que soluciona transitoriamente un problema, al tiempo que envía una señal. Difícilmente usted deje morir de hambre a un ser humano, pero al asistirlo éste encontrará que no es necesario “ganarse el pan con el sudor de su frente”. Le estoy poniendo un ejemplo límite para que se entienda, pero, en el caso argentino, ¿cuántos planes sociales hay?, ¿qué monitoreo se hace del otorgamiento y de su seguimiento?, ¿qué verificación se realiza de la posibilidad de que algunos beneficiarios obtengan recursos de varias fuentes, en el nombre de que la pobreza es un fenómeno “multifacético”? Y no solo eso.

-¿Hay más?

-Me parece importante distinguir entre las acciones individuales y las organizaciones. Como bien explicó María Florencia Arietto, el comienzo de la toma del predio usurpado en Guernica, el hecho no tuvo nada de espontáneo. Ahí hubo organización, motivada por razones políticas y/o económicas y, luego, desplazamiento de familias. Una cosa es el Estado planteando un sistema de ayuda, sobre la base de ciertas reglas, con beneficiarios que se anotan de manera directa; y otra cosa es la existencia de organizaciones que no solo cobran bien caro sus servicios, sino que terminan desarrollando sus propias dinámicas.

-Don John, muchas gracias.

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