Galpones de estancias: símbolos de eternidad y constancia



Galpón casi centenario de la Estancia El 29 (J.B. Alberdi) Crédito: De Ridder

Tito Saubidet en Vocabulario y refranero criollo define al galpón como: “Cobertizo, extenso, techado y con paredes para almacenar máquinas, cueros, aperos, vehículos, etc.”.

Ya el 12/12/1667 encontramos mención al galpón: en el Cabildo de Buenos Aires se leyó la petición del procurador general Fernando de Astudillo para que se intime al capitán Alonso Guerrero de Ayolas para que hiciera el galpón que allí tendría la carne del abasto.

José Hernández en “Instrucción del Estanciero” (1881) trata las construcciones de galpones como indispensables; para el galpón de acopio aconseja construirlo de material, puertas anchas y seguras y buenas llaves.

También Godofredo Daireaux, en “La cría del ganado vacuno en la estancia moderna” (1908), decía que al menos un galpón era indispensable en toda estancia y aconsejaba, para esa época, la construcción con techo de hierro.

Lucio V. Mansilla en “Una excursión a los indios Ranqueles” utiliza varias veces la palabra galpón para algunos toldos: en las Tolderías de Mariano Rosas definió el toldo como un galpón de madera y cuero; las cumbres, horcones y costaneras son de madera; el techo y las paredes de cuero de potro cosido con vena de avestruz.

También cuando estuvo con Ramón el Platero menciona el toldo donde tenía la fragua para sus trabajos en platería, como galpón.

Algunos usos y denominaciones: galpón de esquila, utilizado para esquila y acopio de lana. El más representativo es el de la “Estancia María Behety” en Tierra del Fuego, construido en 1935 con capacidad para 7000 ovejas y 40 tijeras.

En ciertas ocasiones los galpones se utilizan como establos, por eso son llamados Galpón de los Toros, Carneros, etc.

De allí resulta frecuente la frase “Animal a galpón”, que indica que algunos animales de raza se cuidan bajo techo. También los galpones han protegido, y aún lo siguen haciendo, estibas de bolsas de cereal, fardos y carruajes, entre otros. Es habitual encontrar la denominación “galponcito” con una construcción bastante más chica que la de un galpón y que se utiliza como monturero, cuarto de sogas, de herramientas, etc.

Hilario Ascasubi en Santos Vega al describir la Estancia la Flor refiere: “…una tahona, dos cocinas, / el granero y el galpón / del uso de la pionada; / y en seguida otro mayor / para apilar el cuerambre, / y en cierta separación / el sebo, la cerda y lana / con toda ventilación”.

Muchos propósitos han tenido los galpones, si hasta en horario nocturno no ha faltado ocasión para armar algún baile, y no es de extrañar que allí sonara el chamamé de Tarragó Ros, con letra de Ramón Estigarribia (El yaguareté de las selvas correntinas), “El Galpón”:..está la farra bajo el techo del galpón, mientras Tarragó toca, Yaguareté zapatea al compás del acordeón.

José Larralde comenta que compuso “Galpón de ayer” en recuerdo de aquellas épocas en esos brutos galpones donde con el sol de noche se festejaba la terminación de las cosechas y la fiesta terminaba cuando se acababa el vino tinto, la harina para hacer empanadas o algún gaucho salía juntándose las tripas con el poncho para el pueblo.

Y, como bien cantaba Alberto Merlo, la cifra “Galpón de estancia” con letra de Charrúa (Guadalberto Gregorio Márquez): “Como en los tiempos primeros / y lindamente plantados / cuando se hallaba atestao / de bolsas, lanas y cueros / dando frente a los potreros / y con dejo de arrogancia / está el galpón de una estancia / contemplando la ladera, / como si un símbolo fuera / de eternidad y constancia /”.

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