Gabriel Rubinstein:”La política fiscal para llegar a una inflación de 29% no está a la vista”



Gabriel Rubinstein Fuente: LA NACION

Estudió Economía en la UBA e hizo cursos de posgrado en Macroeconomía, Microeconomía y Crecimiento Económico en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES). Fue miembro del comité de riesgo soberano DCR-Fitch Ratings, asesor del exministro de Economía Roberto Lavagna en temas de política monetaria, director ejecutivo de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y representante del BCRA. Desde 2006 dirige GRA Consultora.

Gabriel Rubinstein dirige desde hace 15 años la consultora que lleva su nombre. El año pasado fue destacada por el Banco Central entre 55 instituciones, como la que mejor performance tuvo en las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que publica cada mes la entidad.

-Las proyecciones del mercado estuvieron en el centro de la discusión la semana pasada, luego de que el ministro de Economía, Martín Guzmán, le dijera a los líderes empresarios y sindicales que no miraran el REM, porque últimamente las consultoras se equivocaron en sus las estimaciones. ¿Es correcto hacer esa lectura?

-Guzmán enfatizó que en la época de Mauricio Macri las consultoras fueron optimistas en sus proyecciones cuando, en realidad, el promedio fue bastante más pesimista. Cada vez que Federico Sturzenegger [expresidente del Banco Central] establecía metas específicas de inflación, nosotros decíamos que no se iban a cumplir. El REM se mantuvo siempre pesimista. Lo que no pudo predecir es la dinámica de la crisis, cuando se desencadenó. Después, si hay un sesgo en las proyecciones actuales, porque en general las consultoras podrían simpatizar más con la política de Macri que con la de este gobierno, es algo difícil de evaluar. Nosotros veníamos bien con las estimaciones y no hemos sobrestimado lo que iba a pasar. De hecho, somos de los más optimistas en términos de inflación para este año: esperamos un 38%, cuando todavía la mayoría proyecta entre 45 y 55%.

-Guzmán dijo que la inflación será del 29%, cuando el promedio del REM da 50%.

-Sí. Deben estar bajando ahora las proyecciones de las consultoras privadas. Cuando nosotros vimos que era poco probable un escenario de maxidevaluación, bajamos mucho nuestras estimaciones de inflación. En septiembre pasado, las cosas parecían que se le iban de las manos al Gobierno, y parecía que una maxidevaluación era muy probable para bajar la brecha, y que eso iba a ser una exigencia también del Fondo Monetario, con el cual al Gobierno le interesaba cerrar un acuerdo. Esas cosas van pesando. Ahora, el Gobierno dice que van a devaluar 25% anual, lo que implica 1,5% mensual de acá en adelante. Es muy probable que el REM no lo crea. Es probable que vuelva a pasar como en la época de Sturzenegger, cuando el gobierno decía que la inflación iba a ser 15% y las consultoras decíamos que iba a ser 20%. No le terminamos de creer en promedio a lo que dice Guzmán porque lo vemos muy difícil.

-¿Cuál es el objetivo de Guzmán de estimar una inflación menor? ¿Cerrar paritarias con esa proyección?

-Ellos dijeron que el presupuesto para este año se hacía con la estimación del 29% de inflación. Nosotros evaluamos, dadas las circunstancias fiscales, monetarias y cambiarias, que eso es un objetivo sumamente improbable. Es lógico que ellos traten de defender lo que hacen. Pero también cambiaron su postura. Antes decían que no querían que se retrasara el dólar y ahora dicen que quieren cumplir con la inflación del 29%. Se acordaron un poco tarde. Además, la política fiscal para llegar al 29% no está a la vista. Una cosa era cuando Guzmán planteó un déficit de 2% del PBI hace tres meses, que nosotros sabíamos que el equipo económico lo había resuelto, que lo habían hablado con la Jefatura de Gabinete y que estaba todo aprobado. Pero después fueron a hablarlo con Máximo Kirchner y los sacó por la ventana. El presupuesto con un déficit de 4,5% del PBI surge de una decisión del kirchnerismo, no del ala económica del Gobierno.

-Y Guzmán lo aceptó…

-Lo aceptó y lo empezó a defender con -palabras de él- sarasa. Pero defender el 4,5%, que implica una gran emisión monetaria, es complicado. Es más realista pensar en una inflación hacia el 40%, que en una inflación del 29%, porque esa inflación se puede lograr con mucha represión. Para eso, hay dos problemas: que el sobrante de dinero vaya a bienes, donde se puede encontrar cierto desabastecimiento, o que se vaya al dólar y aumenten las brechas. Hay un equilibrio que el Gobierno tiene que manejar. Es lógico que trate de frenar expectativas de inflación, y especialmente en un año electoral, pero si se les va la mano con eso, pueden crujir más las cosas.

-¿El Gobierno tiene herramientas para que el dólar no aumente más de 25%?

-Sí, tiene herramientas porque el dólar es fijado por el Banco Central. Como hay control de cambios, si las importaciones empezaran a subir, las pueden prohibir directamente, como hicieron con los bienes suntuarios. Si el Gobierno ve que pierde reservas, porque devalúan al 1,5%, tal vez aumentan el ritmo de depreciación y dejan de cumplir con la meta del 25%, que creo que es finalmente lo que sucederá, o pueden prohibir más importaciones. El Gobierno puede ser siempre más represivo y tener ciertos resultados, pero si quiere poner precios máximos, las empresas directamente no van a producir eso y habrá desabastecimiento. Y si emite, por ejemplo, al 55% o al 50%, crecerá también la emisión neta de letras de liquidez (Leliq), que están por llegar al récord de 10% del PBI que había en la época de Macri.

-Justamente, cuando era candidato el presidente Alberto Fernández criticó el déficit cuasi fiscal que generaban las Leliq.

-Las Leliq son la necesidad que tiene el Banco Central de emitir bonos por la alta emisión monetaria. Para que toda esa emisión no vaya al mercado y no produzca más aumento de la inflación y del dólar, se retira parte con letras. El mercado ve que hay desequilibrios. Pero como están las elecciones, no se espera que haya una maxidevaluación; después de eso, se verá. Hay también un acuerdo con el Fondo dando vueltas. Si con Macri fue contemplativo y le prestó más de lo que debía, a lo mejor puede serlo ahora. Pero en algún momento dejará de serlo.

-¿Se puede esperar una suba de tasas de interés en el corto plazo?

-No van a subir, sobre todo con esta idea de que el dólar aumentará poco. Van a mantener el nivel de tasas actuales y, si llegaran a tener éxito, las van a bajar.

-Se habla de que el Banco Central podría recibir fondos extras de derechos especiales de giro (DEG), que llegarían gracias a un acuerdo del G-7. A la Argentina le correspondían US$3350 millones. ¿Cree que esto podría ayudar para fortalecer las reservas de la entidad o para pagar los vencimientos que hay con el Fondo este año?

-Sí, puede pasar. Y con eso ganan unos meses, pero no cambia la situación de fondo que hay que arreglar. No se va a entrar en un default con el FMI. Ni el Gobierno ni el kirchnersimo creen que convenga hacerlo, menos con este Fondo, que es uno bueno para negociar. Además, la Argentina está en una posición de fuerza, en el sentido de que el organismo ya prestó la plata. Se va a llegar a un acuerdo, pero puede ser difícil, porque la Argentina no presenta un plan consistente. Convivir con brechas muy altas, aunque el Gobierno haya sido exitoso en bajarlas, es muy complicado porque hace difícil que el BCRA compre reservas. Además, para bajar las brechas, entre otras cosas, el Gobierno vende bonos y eso hace que bajen las paridades y suba el riesgo país. Eso aleja toda posibilidad de roll-over. La idea del Fondo es hacer un acuerdo con la Argentina para que en dos o tres años vaya al mercado, coloque deuda y, con esa deuda, le empieza a pagar al Fondo. Pero con estas tasas de interés la Argentina no puede ir nunca al mercado, y no hay una estrategia clara para bajar el riesgo país.

-¿Cómo logró el Gobierno bajar las brechas?

-Se usaron tres herramientas. Una es amedrentar a los operadores, llamar a las Agentes de Liquidación y Compensación (ALYC) y decirles que no operen ni ellos ni sus clientes, lo que significa en el fondo llamar indirectamente a las empresas y decirles que no operen con el CCL. El otro elemento es la venta de bonos en pesos del Banco Central y la Anses, que genera una pérdida de reservas, porque compran esos bonos primero en dólares en el exterior. Nosotros estimamos que perdieron US$6000 millones de reservas entre octubre y enero para defender que no se escape la brecha. Es todo muy poco transparente, porque la Anses no da cifras. Al ofrecer permanentemente bonos destruyen el mercado, llevan las paridades muy bajas y las tasas de retorno son del 17%. El Estado, a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, por una cifra que no podemos conocer porque no la publican, se está endeudando al 17% anual. Guzmán decía que el 7% no era sustentable, y ellos se endeudan al 17% anual. El objetivo es bajar la brecha. Se logró hasta cierto punto, porque quedó en 70%, pero no llegó al 30%. Se logró algo, pero es con cierto costo y no se puede sostener en el tiempo. Sobre todo, porque se venden reservas que no hay.

-¿Qué se debería hacer?

-La brecha tendría que bajar por mejores expectativas, o por un déficit fiscal mucho más bajo, que implique una emisión monetaria menor. Pero si se emite a estos niveles, parte de esos pesos van al dólar, suben las brechas y después se venden bonos para volver a bajarla vendiendo reservas. El sistema actual no es consistente en el tiempo. Toda la política general del Gobierno no es consistente. Pueden bajar todos los años un poquito la inflación, pero hay problemas serios. La Argentina tiene una tasa de inversión bajísima y no se puede crear empleo en estas condiciones. No hay políticas para que eso cambie, porque permanentemente hay un gobierno que tiene todos los amenazantes contra el capital.

-¿Qué pasará con la inflación cuando se descongelen las tarifas de luz, gas y transporte?

-Si el Gobierno decide que la tarifa aumenta 9%, con una inflación que sea del 35%, será un problemón para el futuro, porque van a tener que aumentar permanentemente los subsidios y nunca van a poder bajar el déficit fiscal como corresponde. Esas son las inconsistencias que hacen que el hecho de que no haya una crisis abierta hay que tomarlo con pinzas, porque siempre está latente que la situación desbarranquen si no se hacen las cosas lo suficientemente bien. Como cuando la cantidad de dinero crece al 35% o 40% y ellos pretenden bajar la brecha cambiaria. Todas esas cosas son poco compatibles, especialmente para el FMI cuando tenga que hacer un acuerdo con la Argentina.

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