Fuegos artificiales, barra y cotillón. Los argentinos que exportan fiesta al mundo



Tomate algo nació en 2005 y hoy está en ocho países de la región

La capacidad de celebrar es algo que no se pierde ni aun en tiempos de crisis, lo que explica la cantidad de emprendimientos locales en este campo que triunfan cuando se animan a cruzar las fronteras

La capacidad de celebrar y organizar festejos es algo que los argentinos no pierden ni en los momentos más difíciles. El impulso festivo se combina con celeridad para ejecutar: en el mismo momento que surge la idea se reparten roles, se define locación, se organiza. Pero cuando se logra sistematizar esa efusión y transformarla en una oferta concreta aparecen oportunidades de negocios que pueden ser, incluso, tentadoras en el exterior. Barras móviles, fuegos artificiales y eventos originales son algunas de las cosas con que emprendedores argentinos construyeron marcas que hoy tienen franquicias en el mundo.

La empresa Tomate Algo fue una idea de Sebastián Policaro, que en 2005, con una inversión inicial de $500 pesos (US$160, por entonces), buscó darle una “solución en bebidas” a los eventos que organizaban en la facultad. Ahora es posible encontrarse con barras de tragos de origen argentino en fiestas de nueve países distintos, que van desde Colombia a Estados Unidos. “Lo que hacemos es montar en todo tipo de eventos sociales y corporativos un bar móvil totalmente equipado, donde nuestros bartenders sirven una amplia gama de cócteles clásicos y de autor”, explicó Policaro.

Hace 10 años la empresa empezó a expandirse en la región a través del modelo de franquicias, lo que les permitió desarrollar el negocio en ocho países además de la Argentina: Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia, México y Estados Unidos.

Según Policaro, cada franquicia atiende en promedio unos 300 eventos anualmente, con un promedio de 115 personas por fiesta. “Son, según la densidad poblacional y la cultura de la región, entre 30.000 y 50.000 personas atendidas por año. Cambia en cada lugar porque en Asunción o Quito, por ejemplo, las bodas son multitudinarias y suelen tener no menos de 500 invitados”, explica.

Respecto de los gustos, también varían de país a país. “El consumidor argentino es un amante del buen beber y obviamente eso lo hace un experto en cócteles -dice-. Es muy común que otros países de la región el cóctel solo sea consumido por un grupo reducido y la mayoría prefiera una cerveza o un whisky”. Sin embargo, esa tendencia está cambiando y la coctelería empezó a ganarse un lugar en todo Sudamérica, lo que significa que hay mucho terreno para conquistar en el rubro.

Si bien implica resignar los fines de semana con familia o amigos, para Policaro el de las celebraciones es un rubro “fantástico”. “Poder trabajar con personas que están festejando es increíble y sin dudas un desafío y satisfacción constante, a pesar del estrés que genera saber que cada evento es único e irrepetible y no hay margen para el error”, señala.

Incluso en Brasil, tierra de alegría, una firma argentina es la que tiene la planta de producción de fuegos artificiales y cotillón más grande del país. Está ubicada en Mina Gerais y es uno de los tantos centros de producción que tiene Cienfuegos en la región.

La empresa nació hace más de 45 años, fundada por Luis Borca, su actual presidente. Según cuenta, su idea era “formar parte de los festejos de las familias argentinas” y sobre la piedra angular de los fuegos artificiales, comenzó el crecimiento de la empresa, que hoy ofrece shows de fuegos artificiales, máquinas de efectos de escenario, pirotecnia y cotillón.

En 1983 inauguraron su primera planta de fabricación propia en Santa Fe y luego siguieron las de Pilar, San Miguel del Monte, Brasil, Chile, Paraguay y Guatemala. Hoy venden más de 10 millones de unidades por año de productos y son líderes en Latinoamérica. De hecho, en 2019 fueron la única empresa de la región que participó en el festival de fuegos artificiales más importante del mundo, que se realiza en la ciudad rusa de Moscú.

“A los argentinos nos gusta mucho festejar y lo hacemos continuamente: cumpleaños, casamientos, fiestas empresariales, despedidas de soltero, carnavales”, enumera Borca. “En países más desarrollados y con mayor poder adquisitivo, los productos son más sofisticados y más caros, ya que las inversiones para esos festejos suelen ser mucho mayores”, agrega.

Para Borca, el consumidor argentino se diferencia por querer tener “su propio show”, es decir, por comprar los productos de pirotecnia y utilizarlos por cuenta propia en su casa reunido con su familia, “con tendencia a utilizar show de fuegos artificiales lumínicos”. En Latinoamérica ocurre algo similar, pero no así en Europa, donde es más común que esa celebración se comparta en lugares públicos.

De cara a las críticas a la pirotecnia que se acrecentaron en los últimos años por el malestar que le generan a las mascotas, la firma se está adaptando: lanzó la línea Friendly Fires, compuesta íntegramente con productos de bajo impacto sonoro.

Así como la marca argentina recorre el mundo con sus productos y participa de shows en países como Rusia, Francia o Canadá, también acompaña a quienes pasan por la Argentina recorriendo el mundo. Cienfuegos participó, por ejemplo, del show en el país de los Rolling Stones, Coldplay, U2, Paul McCartney y Disney On Ice, entre otros.

Armar una fiesta de casamiento con novios, torta y vals, pero sin matrimonio real es otra iniciativa festiva argentina con éxito en el exterior. Falsa Boda es un producto ideado por Trineo Creativo, la empresa del publicista Martín Acerbi, el ingeniero Joaquín Alterman y otros cuatro amigos de la ciudad de La Plata aburridos de esperar que alguno se casara para ser parte de la fiesta.

En las “falsas bodas” hay novios, familiares y padrinos pero todos son actores, mientras que los invitados pagan una entrada para ser parte del evento. Por lo demás, es exactamente igual a cualquier boda auténtica. Hay mesa dulce, barra libre, cotillón y hasta conflicto: en la primera boda, por ejemplo, la futura esposa le avisaba por carta al novio que lo dejaba por otro y, a pesar de eso, él decidía hacer la fiesta.

Los invitados de ese primer evento, en noviembre de 2013, fueron los propios amigos de los creadores, pero la propuesta tuvo tanto éxito que empezó a replicarse en otras ciudades del país y fronteras afuera. “Para el exterior, vendemos la franquicia y damos asesoramiento”, cuentan los emprendedores, que hoy tienen franquicias en Chile y Uruguay y han organizado bodas falsas en lugares remotos como Rusia. “La idea es hacerla en todo el mundo”, dicen.

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