Fashion victim. Ascenso y caída de Topshop



Era abril de 2009. Vestida de largo y de verde, como no podía ser de otro modo, Kate Moss entraba del brazo de sir Philip Green en la primera y muy esperada tienda que la cadena Topshop abría en Nueva York, la primera también de todo el país. Todo un hito para la moda británica de consumo popular. La cadena estaba ya presente en 31 países, pero les faltaba la joya de la corona. Esa noche fue una fiesta, figurada en la tienda (que había costado 24 millones de libras y contaba con 200 empleados) y literal en el famoso restaurante Balthazar, en la que no faltaron Anna Wintour o Jennifer Lopez. El siempre excesivo Green, todo un personaje en el Reino Unido, declaraba ufano que pretendía abrir pronto otras 15 tiendas en los Estados Unidos, continuando el éxito de esta boutique, que buscaba seguir la estela del emblema de la marca, situado en la calle Oxford de Londres.

Casi 12 años después, el sueño de Green más que esfumarse se ha hecho pedazos. Desde el 1 de febrero, Topshop es el pasado. De hecho, Arcadia lo es. Ese era el nombre del grupo que tenía bajo sus alas a las tiendas Topshop, Topman, Miss Selfridge y HIIT. Por apenas 265 millones de libras, un hombre mucho más rico y bastante más discreto que Green y los suyos, ha venido a hacerse con ese ya pequeño imperio. Es Anders Holch Povlsen, el empresario danés apasionado en Escocia y poseedor de casi 10.000 millones de euros, según la revista Forbes.

Joya perdida

El éxito de Holch Povlsen se ha convertido en todo un drama para la economía británica, que pierde a una de las joyas de la corona de sus calles. En el Reino Unido, Topshop llegó a tener más de 300 tiendas antes de la pandemia. Todas ellas serán cerradas, a excepción, quizá, de la de Oxford Street; según el director ejecutivo de Asos, la cuestión “no es una prioridad”.

Muchos de los trabajadores de la firma aseguraron que se enteraron de sus despidos apenas un par de horas antes o directamente cuando se anunció la compra y se prevé que se conservarán unos 300, según los cálculos de la prensa británica. Solo en Reino Unido han cerrado 4000 tiendas de moda desde el arranque de la pandemia, y ya son 40.000 en total los locales vacíos, la cifra más alta desde 2012, según el British Retail Consortium.

Los titulares unen lo que la vida real separa. Poco tienen que ver los Green con los Holch Povlsen. Los primeros hacen gala de escándalos, paraísos fiscales y fiestas sin fin; los segundos son puro espíritu de trabajo y de recogimiento, y vivieron una tragedia insuperable. Pero ahora este pacto monetario les ha colocado frente a frente.

Philip Green, de 68 años, es, además de sir, un personaje habitual de la prensa económica, pero también de los tabloides sensacionalistas. Entre semana vive en el hotel Dorchester, uno de los más lujosos de Londres, para volar los fines de semana a Mónaco, su residencia fiscal, en su avión privado.

En octubre de 2018, tras más de siete meses de investigación parlamentaria, se destapó que era objeto de acusaciones sobre supuestos abusos sexuales y ataques racistas contra trabajadores, algo que él negó “categórica y completamente”. Antes de eso era conocido por sus exclusivas e increíbles fiestas. No había cumpleaños redondo que no acaparara titulares, como sus 55 en Maldivas durante más de cinco días, que le costó 22 millones de euros y donde hubo actuaciones de Jennifer Lopez o George Michael. Los 50 fueron en Chipre, disfrazado de Nerón y con 250 invitados que dieron buena cuenta de 1000 botellas de vino, 400 de champagne y 40 kilos de caviar. Sus 60 fueron en Cancún junto a su querida Kate Moss y con actuaciones de Stevie Wonder o Robbie Williams. Y así un suma y sigue. Tampoco queda fuera de ese mundo su hija Chloe, convertida en titular tras unirse con el que se llamó “el preso más guapo del mundo”, Jeremy Meeks, y tener un hijo juntos.

Desde abajo

Green es un hombre hecho a sí mismo que empezó comprando las sobras de empresas textiles en quiebra para venderla en tiendas de oferta y outlets. De ahí a una fortuna que se llegó a estimar en 2.00 millones de euros y que le valió en 2006 el título de sir por parte de Tony Blair, que apreció su “contribución a la industria minorista textil de Reino Unido”.

En eso sí se parece al danés que creo Asos en el año 2000. Un cuarto de siglo antes, sus padres habían fundado en Dinamarca una pequeña cadena de ropa, Bestseller, donde el hijo aprendió el oficio. A los 28 años heredó la empresa y poco a poco fue adquiriendo y creando diversas marcas textiles. Ahora posee Only, Jack&Jones y Vero Moda, además de casi el 30% de ASOS, y hace dos años se estimaba que tenía 15.000 empleados. Además, su padre, Troels, también le inculcó otra pasión: la compra de edificios para restaurar (tiene varias casas reconvertidas en hoteles rurales) y de terrenos. De ahí que, además de acumular 10.000 millones de euros, Holch Povlsen sea también el poseedor del 1% de todas las tierras de Escocia y su mayor terrateniente (tiene allí también 11 residencias y un castillo) y que la prensa británica le apode “el gran danés”. Trata de conservar sus terrenos y para ello fundó en 2007 Wildland Limited con su esposa, Anne.

Drama familiar

Su nombre saltó a la luz hace casi dos años cuando perdió a tres de sus cuatro hijos, Alma (de 15 años), Agnes (de 12) y Alfred (de cinco), en los ataques terroristas de Sri Lanka del Domingo de Pascua de 2019. Solo sobrevivió la tercera de los cuatro, Astrid, que entonces tenía 10 años. Pero Holch Povlsen, por aquellas fechas contaba 46 años, y su esposa, de 40, no se rindieron. Tras el concurrido funeral -al que asistieron los príncipes Federico y Mary de Dinamarca, grandes amigos suyos- mantuvieron su discreción, pero añadieron unas notas de luz a sus vidas. Un año después anunciaron que habían sido padres de gemelas.

Conforme a los criterios de

Más información

ADEMÁS





Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *