En Chicago. La soja y el maíz tienen los precios más altos en 7 y en 8 años


Los precios de la soja y del maíz acentuaron hoy sus respectivas tendencias alcistas en la Bolsa de Chicago como consecuencia de una agresiva entrada en el mercado de los grandes fondos de inversión, que renovaron su apuesta por estos granos, en un escenario de escasez en la actual campaña 2020/2021, en la que se conjugan una fuerte demanda interna con exportaciones récord, y de incertidumbre sobre el ciclo 2021/2022, por condiciones climáticas adversas para el primer tramo de la siembra en Estados Unidos.

Al cierre de la rueda, en su sexta jornada alcista consecutiva, el contrato mayo de la soja subió un 1,5%, al pasar de 532,69 a 540,87 dólares por tonelada y se mantuvo en lo más alto desde junio de 2014, pero todavía a distancia del récord de 650,74 dólares alcanzado el 4 de septiembre de 2012. La posición noviembre noviembre, que marca la entrada de la nueva cosecha, crecío hoy de 471,79 a 477,48 dólares por tonelada.

En el caso del maíz, la suba resultó del 2,5%, dado que el contrato mayo pasó de 233,06 a 238,77 dólares por tonelada, nivel que ubicó al valor del cereal en lo más alto desde junio de 2013, pero también por debajo del récord histórico, de 326,86 dólares, alcanzado el 22 de agosto de 2012. La posición septiembre, puerta de entrada en el circuito comercial del grano nuevo, aumentó de 211,60 a 215,44 dólares.

Los cierres detallados quedaron abajo de los máximos vistos antes de la media rueda, cuando compras automáticas de los fondos de inversión disparadas en el mercado luego de superar determinados niveles técnicos llevaron a la soja y al maíz a negociarse con subas que rondaron los 12 y los 9 dólares por tonelada, respectivamente.

Para comprender la tendencia alcista de los granos gruesos estadounidenses hay que tener en cuenta dos fundamentos centrales: la firmeza del mercado disponible, donde fábricas, consumos y exportadores se disputan el poco grano que aún está sin dueño, y el clima, que se aleja del ideal que el mercado necesitaba para imaginar una campaña 2021/2022 sin la actual tensión entre la oferta y la demanda.

Cuando restan poco más de cuatro meses para terminar el ciclo comercial 2020/2021 Estados Unidos tiene comprometido cerca del 98% de su saldo exportable, que en el informe mensual publicado el 9 del actual el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) fue elevado de 61,24 a 62,05 millones de toneladas.

En el informe citado, el organismo debió racionar el consumo interno de soja para no ajustar una vez más el nivel previsto para las existencias finales, que son calculadas en 3,25 millones de toneladas, las más bajas desde la campaña 2013/2014, que dejó como remanente 2,50 millones. Esos 3,25 millones de toneladas que quedarían como stock inicial para el ciclo 2021/2022 implican una caída del 77,2% respecto de los 14,28 millones que dejó como remanente la temporada comercial 2019/2020.

Y mientras las existencias estadounidenses se agotan y Brasil exporta a todo vapor su cosecha, que ya progresó sobre el 91% del área apta, desde el lado de la demanda no aparecen signo de racionamiento por los elevados precios de la materia prima. Tanto es así que la semana pasada la Administración General de Aduanas de China relevó las importaciones de soja de marzo en 7,77 millones de toneladas, que elevaron el total comprado en el primer trimestre del año hasta los 21,20 millones y lo ubicaron un 19% arriba del volumen importado en igual segmento de 2020.

En cuanto a la nueva campaña, luego del informe sobre perspectiva de siembras que el USDA publicó el 31 de marzo último a los operadores les quedó como concepto inexorable que el desarrollo de la campaña 2021/2022 debería estar cerca de los parámetros ideales, desde la siembra y hasta la cosecha, ya que, de no ser así, el alivio para la estrecha relación que existe entre la oferta y la demanda de soja, tanto interna como global, podría no llegar. Esa mirada respondió a una intención de siembra calculada por el organismo en 35,45 millones de hectáreas, contra los 36,42 millones previstos en promedio por los operadores.

Y ahora que las sembradoras comenzaron a moverse por el medio oeste –zona núcleo para la producción estadounidense de granos gruesos–, con un progreso sobre el 3% del área prevista, ese ideal comenzó a desdibujarse, producto de lluvias insuficientes y, sobre todo, de temperaturas extremadamente frías en el primer tramo de la primavera. Nevadas y heladas tardías sobre encendieron las alarmas del sector especulador, que con sus compras suma prima de riesgo climático sobre los precios, tanto de la soja como del maíz, por eventuales demoras en las tareas de siembra e, incluso, por posibles daños sobre los cultivos de siembras tempranas.

Para el maíz estadounidense rigen las mismas lógicas de la soja, con una ajustada relación entre la oferta y la demanda, y con condiciones de tiempo adversas para la siembra, por perspectivas de temperaturas inferiores a las marcas normales y lluvias también debajo de los registros promedio para el medio oeste, que algunos climatólogos se animan a extender hasta bien entrado el mes próximo.

Ayer en su informe semanal sobre el estado de los cultivos, el USDA relevó el progreso de la siembra de maíz estadounidense sobre el 8% de la superficie prevista, por encima del 6% del año pasado y del 8% promedio de las últimas cuatro campañas, pero por debajo del 10% previsto por el mercado.

Un dato a tener en cuenta, el organismo indicó que en Texas –siembra en modo muy temprano– ya emergió el 51% del maíz sembrado. Ocurre que sobre ese Estado se pronostican heladas muy fuertes hasta el miércoles, que podrían dañar los cultivos en una región que si bien no es de las más relevantes en el nivel país puede aportar entre 7 y 10 millones de toneladas, en momentos en los que cada tonelada cuenta, sobre todo aquellas que puedan entrar como primicia en el circuito comercial y hagan más suave el empalme entre las campañas.

Cabe recordar que en su último informe mensual el USDA ajustó el stock final estadounidense de maíz 2020/2021 de 38,15 a 34,34 millones de toneladas, un nivel que es el más bajo desde el ciclo 2013/2014 y que resulta un 29,6% inferior al remanente de la campaña 2019/2020, de 48,76 millones de toneladas. Ese ajuste respondió a incrementos en el consumo interno –mayor uso forrajero y en la industria del etanol– y en las exportaciones, que, como en el caso de la soja, ya están comprometidas en un 98 por ciento.

Como sucede todos los años, el período que actualmente se transita, conocido como “mercado climático” por la influencia que adquieren los reportes meteorológicos en la formación de los precios agrícolas entre mediados de abril y fines de agosto, es un tiempo de volatilidad para las cotizaciones, dado que las entradas y salidas (compras y ventas de contratos) de los grandes fondos de inversión especuladores se torna más agresiva por sus apuestas sobre el resultado de la cosecha de granos gruesos, que comienza con el maíz, entre fines de agosto y principios de septiembre, y sigue con la soja desde mediados de septiembre.

En esta oportunidad la tensión usual del “mercado climático” se ve potenciada por las escasas existencias de soja y de maíz que la campaña 2020/2021 legará al ciclo 2021/2022. Frente a ello, los especialistas recomiendan seguir con atención las variaciones de precios que se darán en Chicago y sus repercusiones sobre el mercado local para ejecutar estrategias comerciales que permitan fijar pisos de precios altos y que abran la posibilidad de usufructuar eventuales nuevas subas.

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