Emprendimientos: cómo son los inversores ángeles en la Argentina



Quienes optan por invertir parte de sus ahorros en impulsar empresas eligen principalmente a sectores como el software y la agricultura

Detrás de muchos de los emprendimientos que ven la luz hay una figura, muy popular en el mundo, que contribuyó para que esos proyectos pudieran pasar de ser solo una idea a convertirse en realidad: ese eslabón tan importante en el nacimiento de una empresa es el llamado inversor ángel, que en los últimos años ha cobrado impulso en la Argentina, con una fuerte preponderancia en los sectores del software y servicios y de la agricultura.

La figura del inversor ángel surgió hace ya algunos años en la industria y hace referencia a individuos que desembolsan capital en startups argentinas, más allá de su propia nacionalidad, aunque 98% de quienes se vuelcan a esta forma de inversión son locales. El 2 % restante está compuesto principalmente por uruguayos y estadounidenses.

La segunda edición de la Encuesta sobre el Inversor Ángel Argentino 2020 realizada por OLFE (una iniciativa conjunta del IAE Business School y de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral), en alianza con la Asociación Argentina de Capital Privado (Arcap), y con el apoyo de AWS, muestra que, en promedio, el inversor ángel argentino destina entre el 10-20% a este tipo de inversión en emprendimientos y la mediana se mantiene en el primer rango, 0-10 %. Solo el 11% de los participantes de la muestra destina más del 40% del total de sus inversiones financieras a la inversión ángel.

Carolina Dams, directora de Programas e Innovación del IAE Business School e investigadora del OLFE, comenta que este tipo de inversiones, si bien sigue siendo algo de unos pocos, va tomando forma y desarrollándose de la mano de la inversión de venture capital o capital emprendedor. “Esto tiene mucho sentido, porque para que se desarrolle el mercado de inversores ángeles es necesario que existan los jugadores que siguen luego en la cadena de financiación de startups, de lo contrario, la gran mayoría de las inversiones hechas por los inversores ángeles estaría destinada al fracaso, por no contar con el capital necesario para seguir desarrollándose”, explica la especialista.

Juan Giner González, director ejecutivo de Arcap, señala que la mayor cantidad de inversiones en startups durante los últimos tres años se concentró en los sectores de software y servicios (42%), y en la agricultura (36%). Cada encuestado pudo marcar más de una opción. “Le siguen el comercio (retail, e-commerce, marketplaces, consumer tech, entre otros) que recibe el 29% de las inversiones, y el sector de fintech (27%). En quinto lugar está la categoría ‘otros’ con 21%, en la que comienzan a distinguirse sectores incipientes como las industrias satelital y aeroespacial y la biotecnología”, dice.

El perfil del inversor en la Argentina presenta varias similitudes con los de mercados más desarrollados: el porcentaje de capital destinado, que es bajo dado el nivel de riesgo; la manera de identificar y seleccionar a las empresas, a través de conocidos o de redes de inversores ángeles, y las industrias en las que invierte, que son las que tienen alto potencial.

Santiago Pinto Escalier es un inversor ángel y dice que la Argentina tiene un potencial enorme en ese campo. ¿Por qué invierte en eso?, se le preguntó. “Para diversificar portfolio con inversiones de alto riesgo y retorno posible; también, para devolver a la comunidad de emprendedores los aportes recibidos previamente; para ampliar la red de contactos y para apostar a compañías que puedan internacionalizarse y disminuir el riesgo argentino, entre otras razones”, responde.

Luciano Nicora es un emprendedor que creó una compañía, la hizo crecer, después vendió y ahora es un inversor ángel. Él mismo explica su motivación: “Quiero devolverle a la comunidad todo lo que me dio para que yo pudiera emprender en su momento. Había muchas formas de hacerlo, pero creo que la más propicia es acompañar a emprendedores que están en un proceso de desarrollo bien temprano y que necesitan experiencia, redes y dinero para empezar su proyecto. Trato de elegir proyectos que tengan triple impacto: económico, ambiental y social”, comenta.

El inversor ángel argentino invierte en promedio entre US$30.000 y US$40.000 anuales. Asimismo, el 75% de la muestra tomada por la encuesta invierte menos de US$70.000, mientras que solo 14% desembolsa más de US$100.000.

En términos de desempeño de inversiones, el 57% de los inversores encuestados afirma haber logrado al menos un retorno positivo de sus inversiones y el 43% reporta que solo obtuvieron retornos negativos. “La difusión que se ha dado de las distintas iniciativas y los casos de éxito tanto locales como internacionales, hacen que las startups sean vistas como una alternativa de inversión válida, aunque no exenta de grandes riesgos”, afirma Pablo Sola, inversor ángel de la Ciudad de Buenos Aires.

Claro que también hay que poner atención en aquellos casos en los que no se tiene éxito. En ese sentido, Dams remarca que, según surge de la encuesta mencionada, el primer motivo de fracaso de startups en la Argentina son los problemas con el equipo fundador. “Le siguen en importancia la dificultad para vender el producto/servicio desarrollado (falta de mercado) y la dificultad para encontrar financiación adicional. En los mercados más desarrollados, el tema de los problemas con el equipo fundador está tercero en el ranking, siendo los dos primeros la falta de un mercado y la falta de opciones de financiamiento”, indica la experta.

Hay que tener en cuenta, también, que la industria de startsups local es muy joven y tiene mucho por ajustar. “Los mercados más desarrollados han encontrado formas de resolver los conflictos entre fundadores de distintas maneras, por ejemplo, con esquemas de vesting de acciones para permitir alinear mejor los intereses y ser más justos a la hora de asignar capital entre socios. Acá, estamos empezando a introducir este tipo de acuerdos, que seguramente ayudarán a terminar con el problema”, refiere Dams.

Según la encuesta mencionada, la edad promedio del inversor ángel argentino es de 50 años, con un mínimo de 18 y un máximo de 78 años. El 75% de los encuestados tiene menos de 57 años. El intervalo de edad más común es entre 41 y 50 años (41%). En términos de educación, del total de los consultados, el 53% alcanzó el nivel de posgrado (49%, maestría y 4%, doctorado). La mayoría tiene un título en negocios (62%); siguen en el ranking los títulos en economía (41%) e ingeniería (31%).

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