El lado A y el lado B de la sustitución de importaciones



La sustitución de importaciones es, para algunos, sinónimo de oportunidad para aumentar la producción local y, para otros, equivalente a altos precios y baja calidad de los bienes. Confunde el hecho de que la misma expresión se utiliza para referirnos a un par de fenómenos diferentes: las etapas en la vida útil de los bienes y la relación entre el valor de las importaciones y el producto bruto interno (PBI) total.

En busca de clarificación consulté al estonio Ragnar Nurkse (1907-1959), quien estudió en Tallinn, Tartu, Edimburgo y Viena. Entre 1934 y 1945 trabajó en la Liga de las Naciones, y desde entonces y hasta su fallecimiento enseñó en la Universidad Columbia. Es considerado uno de los “padres” de la economía del desarrollo, junto a Albert Otto Hirschman, William Arthur Lewis, Gunnar Myrdal, Raúl Prebisch y Paul Narcyz Rosenstein Rodan. Este enfoque fue eclipsado por los pioneros de la teoría del crecimiento, como Roy Forbes Harrod, Evsey David Domar, Robert Merton Solow y Trevor Winchester Swan. En los últimos tiempos el campo de estudio aparece más equilibrado, porque mejoró la modelización de algunas de las intuiciones de los pioneros del desarrollo, y es más apreciado el valor de los estudios empíricos.

-En 1953 usted publicóProblemas de formación de capital en los países subdesarrollados, donde planteó la doctrina del crecimiento balanceado. ¿Cuál es la idea?

-En un país donde cada productor puede encontrar de manera aislada que su emprendimiento no es rentable, una expansión coordinada de las actividades puede volverlas rentables a todas. La idea es diferente de la propuesta keynesiana de “cebar la bomba” para reactivar la economía, y está más cerca de la noción de equilibrios económicos múltiples, donde una acción coordinada de las acciones privadas le permitiría a la economía de un país pasar de un equilibrio peor a otro mejor. A la mano invisible de Adam Smith hay que ayudarla un poco.

-La doctrina del crecimiento balanceado se contrapone a la estrategia del desarrollo desequilibrado, que Hirschman planteó en 1958.

-Así es. El esquema de Hirschman se basa en que en los países en vías de desarrollo el factor más escaso no es el capital, sino el talento empresario. Cuando esto es cierto, hay que concentrar las escasas energías empresarias en impulsar los proyectos más difíciles, los cuales, al llevarse a la práctica, facilitan a otros empresarios asumir costos y correr riesgos. Si en un país falta capital o talento empresario, es una cuestión empírica.

-En la Argentina 2020 se vuelvea hablar de sustituir importaciones. ¿Qué le parece?

-Es importante aclarar de qué estamos hablando. En Soberanía acorralada, que publicó en 1971, Raymond Vernon planteó la teoría del ciclo de vida de los bienes. Las empresas multinacionales inicialmente elaboran los nuevos productos en sus casas matrices, pero con el tiempo dicha producción se traslada a las sucursales, localizadas en países con menor costo de mano de obra, reteniendo la casa matriz la iniciativa en materia de nuevos productos. Piense, en la Argentina, en el caso automotriz: primero importaban unidades desde Europa, luego las ensamblaron y recién desde fines de la década de 1950 las produjeron. En este sentido, el proceso de sustitución de importaciones es una realidad permanente, que continuará en el futuro.

-Pero éste no es el único sentido.

-Efectivamente. En el otro sentido, la idea es producir localmente para reducir la relación importaciones/PBI. Al respecto, enfatizo el hecho de que en un gráfico en cuyo eje horizontal se mide el tiempo, y en el vertical la referida relación, en el caso argentino aparece una curva descendente durante la primera mitad del siglo XX, y horizontal desde entonces. De manera que los debates referidos a los beneficios y los costos de la sustitución de importaciones fueron posteriores a los hechos objetos de debate.

-¿Qué causó la referida reducción de la relación importaciones/PBI?

-Las circunstancias. La Primera Guerra Mundial mostró de manera dramática que toda especialización genera beneficios, pero también riesgos. A comienzos de la década de 1920 Italia encaró la “batalla del trigo”, pero no fue el único país que redujo su dependencia de los alimentos importados. Las dificultades que aún hoy tienen países como la Argentina cuando en la Organización Mundial de Comercio se negocia la reducción de las barreras comerciales a distintos tipos de productos, tiene que ver con esto.

-¿Cuál sería el sentido de la sustitución de importaciones en el mundo actual?

-A mediados del siglo pasado se razonaba así: si el valor de las exportaciones no puede aumentar, si el país no cuenta con reservas de divisas ni posibilidad de endeudamiento, y si la producción local requiere insumos importados, la única manera de aumentar el PBI pasa por reducir la relación entre importaciones y PBI. Ejemplo: la política petrolera implementada a partir de 1958: las de petróleo insumían 30% del total de las importaciones; el aumento de la extracción local posibilitó que las divisas se pudieron aplicar a la compra de otros insumos y de maquinaria.

-A quienes hoy propugnan la sustitución de importaciones, habría que preguntarles: ¿no cambió nada entre 1958 y 2020?

-Tanto el sector agropecuario argentino como los mercados mundiales para sus productos primarios se desenvuelven en condiciones bien diferentes a las de aquella época. Si hoy ustedes no aumentan las exportaciones no es por culpa de los productores, sino por los impuestos a las exportaciones, los tipos de cambio múltiples, la destrucción de algunos silobolsas, etcétera.

-¿Cuál es el inconveniente de producir localmente lo que se está importando?

-En el corto plazo, los mayores costos, y en el largo, la demora con la cual se incorporan las mejoras tecnológicas. ¿Se imagina recomendarle a Arabia Saudita que en vez de exportar petróleo e importar de todo, solo extraiga el petróleo que necesitan sus habitantes y fabriquen todos los productos que demandan? Algo parecido piensan quienes califican de “maldición” a la pampa húmeda argentina. En el largo plazo, una economía cerrada les plantea menos desafíos a los productores locales. Cuando a fines de la década de 1970 la Argentina importó autos, ustedes descubrieron que los nuevos modelos tenían aire acondicionado. Los modelos que se producían en la Argentina no eran exportables.

-¿Estamos condenados a producir solo bienes primarios?

-Bienes primarios, secundarios, etcétera, son categorías estadísticas. La realidad son las personas, las empresas y los productos individuales. La Argentina produce y exporta todo tipo de productos, pero esto tiene que surgir de las oportunidades, no de las distorsiones estatales.

Don Ragnar, muchas gracias.

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