El doble poder de estar solos



Productividad & bienestar personal

La soledad no tiene muy buena prensa. Recuerdo las reacciones en cadena cuando el año pasado conté que me iba de viaje sola. ¿Cómo que sola? ¿Te peleaste con tu familia? ¿Por qué no con amigas? ¡Qué aburrido diez días sola! Un descreimiento coral de mi búsqueda, que no tenía más intención que un tiempo de introspección, silencio y ? eso, soledad.

Días sin los más mínimos acuerdos ni negociaciones, días de escucharme con la intuición de que podía emerger una mirada nueva o al menos renovada sobre mi presente y los planes para adelante. El psicoanalista Adam Phillips habla de “soledad fértil” y dice que es absolutamente esencial no solo para nuestra creatividad, sino también para el tejido básico de nuestra felicidad: “sin el tiempo y el espacio, sin la carga de lo externo y la tensión social, no podríamos habitar por completo nuestra vida interior, que es la materia prima de todo arte”, dice.

Facundo Arena, especialista en creatividad y autor del libro Crear o reventar, repasa mientras charlamos la preferencia por la soledad de grandes creativos de la historia, que parecen coincidir en una realidad bastante peculiar: “las mejores ideas aparecen en el momento menos pensado. La ciencia lo confirma, al comprobar que nuestro cerebro procesa la información en múltiples niveles. Y sucede que cuando “soltamos” un poco el pensamiento consciente, aparecen cosas muy creativas. A todos se nos ocurrió una idea en la ducha, dando un paseo, meditando o incluso en sueños, momentos de soledad e intimidad donde la voz propia surge”, dice Arena. Desde las largas caminatas al alba de Nelson Mandela o su vida en prisión, hasta la soledad de Van Gogh en su asilo, han sido espacios prolíficos. Aunque esos eran espacios extraordinarios, podemos intentar generar horas, días o momentos de soledad intencional que propicien la introspección y que le suban el volumen a la voz interior.

Todos estos momentos tienen un denominador común: son momentos de baja presión mental y alta conexión interior. Ambos factores facilitan los procesos de asociación y asimilación que generan las grandes ideas, o al menos las más originales. Pero, poder estar solos sin entrar en gran tensión con eso (padecerlo, sufrir ansiedad o depresión) no es algo accesible o fácil para todos. “La capacidad para estar a solas es un indicador de salud mental, no todas las personas saben o pueden estar solas. Como seres sociales buscamos estar con otros. Pero ya en la infancia se da una idea paradojal que habla de salud mental: cuando el niño puede estar a solas aún en presencia de la madre o que luego un adulto pueda estar a solas aún cuando hay otros alrededor sin mayor conflicto”, explica Jorge Catelli, psicoanalista, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e integrante de la comisión directiva de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Según Catelli, cuando se logra la capacidad de estar a solas, esa capacidad de introspección de poder mirarse es un indicador de salud, pero se ve en los pacientes mucha incapacidad para lograrlo. “En esta época en que está todo preparado para no estar nunca a solas, aburridos, a un punto de que lo más íntimo tiende a ser público, una soledad que se presenta como una media dada vuelta hacia el exterior, expuesta y muchas personas tiene terror de estar consigo mismos”, dice.

Si logramos cierta maduración psíquica vamos a poder estar a solas, vernos en nuestra integridad y esto genera una capacidad muy distinta, mejor, para estar con otros. “Mucha más diferenciada, productiva y cooperativa con otros, mucho más identificatoria con las diferencias del otro y más seguros de nosotros mismos”, dice el especialista.

A través del siempre interesante sitio de lecturas curadas Brainpicking.org, di con el libro de ensayos Para qué es la gente, del novelista y activista ambiental Wendell Berry en el que habla del poder de la soledad, en comunión con la naturaleza, para luego volver a comunicarnos con los demás. Y dice: “Entramos en la soledad íntima, en la que también perdemos la otra soledad. La verdadera soledad se encuentra en los lugares salvajes, donde uno no tiene obligación humana. Las voces internas de uno se vuelven audibles. Uno siente la atracción de las fuentes más íntimas. En consecuencia, uno responde más claramente a otras vidas. Cuanto más coherente se vuelve dentro de uno mismo como criatura, más plenamente entra en la comunión con todas las criaturas”.ß

Sonido recomendado para leer esta columna: Soledad, Jorge Drexler.

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Los pases & ascensos

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