Economía sustentable: cuando “ser B” es jugar en primera











En estos días en los que la crisis social y medioambiental están tan presentes, vale la pena considerar el rol que las empresas pueden tener en la tarea de construir un mundo mejor y sustentable.









































Cada vez más empresarios se proponen ser actores de un cambio positivo. Para hacerlo no es necesario renunciar a los cargos ejecutivos y dedicarse a la política o fundar una ONG. Se puede contribuir al desarrollo social y al cuidado del medio ambiente desde la propia actividad empresarial, sin dejar de obtener un rendimiento por el capital invertido.

Esta idea es superadora de lo que se entiende por responsabilidad social empresaria, que habitualmente consiste en realizar acciones benéficas que no forman parte del corazón del negocio. El enfoque superador plantea usar el negocio mismo como una fuerza para el bien, como de algún modo propone también el papa Francisco en la encíclica Laudato Si’.

























Son cada vez más las empresas que se proponen ser sustentables, buscando simultáneamente impacto económico, social y ambiental. De ahí, el nombre de empresas de “triple impacto”. Muchas lo hacen buscando obtener la certificación de empresas B (por Benefit Corps en inglés), que otorga la organización global B Lab (Sistema B en América Latina). Ya son más de 3000 las empresas B certificadas, en 64 países. En la Argentina son poco más de 100, pero la inquietud se expande, como se vio reflejado en el Encuentro +B que se celebró en Mendoza en septiembre, al que asistieron más de 1300 personas.

















Entre las empresas de triple impacto se pueden identificar dos modelos: en primer lugar, están aquellas que tienen una misión directamente social o ambiental (producción de alimentos orgánicos o saludables, reforestación, dar microcréditos a personas de bajos recursos, etcétera). Son muchos los emprendedores que se orientan en esta dirección, dando lugar al denominado “emprendedorismo con propósito”.

Y hay un segundo modelo, mucho más abarcativo, que es el de las empresas que, sin importar el tipo de bienes o servicios que proveen a sus clientes, intentan enfocar todos sus procesos y actividades de modo tal de favorecer al medio ambiente y a las personas involucradas. Es decir, ponen las variables sociales y ambientales en la toma de decisiones y en los reportes al mismo nivel que las variables económicas. En este segundo grupo encontramos que son B Corps empresas como Natura (cosméticos), Patagonia (indumentaria), algunas divisiones de Danone (alimentación), etcétera. Toda empresa puede proponerse tener un triple impacto o incluso certificar como empresa B, si realiza los cambios necesarios.

















Sin embargo, este cambio de paradigma de la economía y los negocios llevará tiempo y esfuerzo. Quienes trabajamos en el ámbito académico sabemos que trabajar en esta dirección va a contracorriente de las teorías económicas predominantes. Sin embargo, ya se empiezan a ver cambios concretos. Por ejemplo, el uso de la palabra
sustainability (“sostenibilidad” o “sustentabilidad”) en artículos de revistas científicas con referato en el ámbito de los negocios, se ha multiplicado por 30 en menos de 20 años. También se ha constituido una red de Académicos B, cuyo objetivo es promover este modo sustentable de hacer negocios desde las universidades, a través de la enseñanza y la investigación.









En definitiva, estamos siendo testigos de una revolución silenciosa y pacífica, que no busca destruir todo lo bueno del modelo económico vigente, sino mejorarlo de modo que sea sostenible en el tiempo, contribuyendo al desarrollo de las personas y respetando el derecho de las futuras generaciones a seguir gozando de un planeta maravilloso. Podemos “verla pasar” o ser agentes activos de un cambio que haga del mundo un lugar mejor para vivir.



Profesor de la Universidad Austral















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