Economía circular: el poder transformador de la soja


Para agregar valor a la producción primaria no necesariamente hay que tener una escala considerable; se pueden desarrollar emprendimientos a partir del comportamiento emprendedor, independientemente de la superficie del campo o del capital disponible. El caso de cuatro productores santafesinos ilustra la última situación: se reunieron para montar una planta de producción de biodiésel a partir de la soja cosechada, con el propósito de abastecerse de combustible con seguridad y a menor costo.

Además, producen aceite metilado, un insumo necesario para las aplicaciones de agroquímicos, con un costo también menor que el que presenta el producto comercial.

Diego Lescano (48 años, ingeniero agrónomo, casado, dos hijas) es propietario de 300 hectáreas en el departamento de Castellanos, a 140 km de la ciudad de Santa Fe, y alquila 1300 hectáreas más en la misma zona desde hace 20 años, en las que desarrolla planteos cien por ciento agrícolas. Sus padres fueron tamberos durante muchos años, pero los problemas en los caminos los obligaron a abandonar esa actividad, para la cual también cuesta conseguir gente dispuesta al sacrificio.

De las 1600 hectáreas, cultiva 1000 con trigo (con un rinde promedio 28 quintales por hectárea) y soja de segunda (26qq/ha), por las ventajas de poder utilizar semillas propias y controlar más fácilmente las malezas. También hace 300 hectáreas de girasol (24qq/ha) y 300 de maíz (75qq/ha, pero con alto costo de implantación y poca estabilidad de rendimientos a lo largo de los años). Es miembro del CREA Elisa- Humberto Primo, del cual fue miembro fundador en 2006.

A partir de un proyecto que procura el desarrollo de la zona, diseñado en forma conjunta entre los CREA del centro de Santa Fe, la cooperativa Guillermo Lehman y la Universidad Nacional del Litoral, Lescano y tres productores más comenzaron explorar las posibilidades de las energías alternativas. Así, visitaron plantas de biodiésel en producción, fueron cocinando la idea y finalmente decidieron realizar la inversión.

Diego Lescano y sus hijos Paula y Francisco

El propósito era producir 300.000 litros de biodiésel por año para satisfacer las necesidades de los cuatro integrantes del emprendimiento (dos requerían 100.000 litros y dos, 50.000) utilizando como materia prima la soja producida en los campos.

Los objetivos planteados fueron asegurar el abastecimiento permanente de combustible (en el pasado habían sufrido problemas por escasez); agregar valor a la soja y diversificar la oferta de productos.

La inversión inicial fue del orden de 64.000 dólares e incluyó un galpón, reactor, tanques, surtidor, computadora y herramientas menores. El proceso de producción es así: los cuatro productores venden el poroto de soja a una aceitera de la zona; luego esta firma les vende el aceite de soja desgomado por centrifugación. Este aceite purificado entra la planta de producción de biodiésel, donde se mezcla con un reactivo que rompe las cadenas carbonadas del aceite y lo aliviana. Como resultado de esa reacción química se obtiene biodiésel (85%) y glicerol (15%). Ambos productos van a un tanque cónico de decantación donde se elimina el glicerol por gravedad al ser más pesado.

La planta es operada por una persona que trabaja 45 horas semanales, que controla su funcionamiento y monitorea las características del aceite utilizado como insumo (acidez y densidad) y del producto final (densidad).

El biodiésel se utiliza puro en los vehículos y máquinas agrícolas de los socios sin problemas desde hace más de un año. “Tanto mi camioneta como los tractores y cosechadoras funcionan con el combustible producido en la planta sin ninguna mezcla con combustibles fósiles”, destaca Lescano.

“La única precaución que tomamos es agregar un aditivo que evita que se formen impurezas en los sistemas de inyección de combustible, sean mecánicos o electrónicos, aunque esta prevención no es imprescindible”, aclara.

Al glicerol que se genera como subproducto no es fácil encontrarle un destino. Dos asociados que tienen feedlots lo incluyen en la ración como fuente de energía, con buenos resultados de ganancia diaria y sin producir disturbios digestivos. No obstante, su manipulación no es sencilla en un mixer al tratarse de un producto líquido.

La planta comenzó a funcionar en marzo de 2020 y sufrió los inconvenientes provocados por la pandemia en el abastecimiento de insumos y en la asistencia del operador, por lo que produjo 180.000 litros en los últimos 12 meses en vez de los 300.000 planificados, pero “se logró agregar valor a la materia prima en origen y eludir el componente impositivo y el flete del combustible comercial”, destaca Lescano. También se derribó el mito que decía que “el biodiesel no se puede usar como combustible puro”.

El balance de un año de trabajo mostró que una planta con una capacidad de producción de 1300 litros diarios como la de los productores santafesinos requiere una inversión baja y resulta conveniente para el abastecimiento de combustible de agricultores chicos y medianos que trabajen con maquinaria propia y que produzcan soja o girasol.

El costo promedio del biodiésel en los últimos 12 meses alcanzó los 72 centavos de dólar por litro entre aceite, reactivo, mano de obra, electricidad, amortizaciones, etc. (aproximadamente 67$/l).

En los últimos meses subió el precio de la soja y, por carácter transitivo, el del aceite, lo que determinó que el costo final de biodiésel subiera a 80 centavos de dólar por litro y se acerque al valor del gasoil comercial. A partir de esa realidad, los propietarios de la planta exploraron otras posibilidades, como la producción de aceite metilado.

“Los agricultores compramos aditivos para mejorar la calidad de las aplicaciones de agroquímicos”, explica Diego Lescano. “Se puede usar el aceite metilado comercial, que cuesta alrededor de 3US$/l más IVA o se puede producir en la planta que montamos con un costo de 1US$/l”, compara.

Economía circular El poder transformador de la soja

El aceite metilado se usa como coadyuvante para aplicación de herbicidas, fungicidas e insecticidas. Básicamente, actúa como penetrante y antievaporante. Para faciltar la penetración, incrementa la superficie de contacto entre la pulverización y la superficie vegetal. Además, por su carácter oleoso, mejora la adherencia y atenúa la evaporación, sobre todo en aplicaciones que exigen gotas chicas en verano.

“En mi empresa demando 5000 litros de aceite metilado por año, por lo que debería gastar aproximadamente 15.000US$ más IVA; con la planta el producto me cuesta 5000”, diferencia Lescano. Así, la producción de aceite metilado agrega ahorros en las empresas integrantes del emprendimiento, más allá de la producción de biocombustible.

El proceso de producción de aceite metilado es similar al del biodiésel. El aceite refinado provisto por la fábrica se mezcla con un reactivo específico y sale un producto un poco más pesado que el biodiésel, que se aplica a razón de 1l/ha.

En los campos de los productores propietarios de la planta se hicieron numerosas mediciones de toxicidad del producto en los cultivos y no se observaron problemas de ningún tipo.

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