Dólar: creen que el programa de estabilización oficial atenta contra las exportaciones



El saldo comercial de US$15.990 millones en 2019 se logró por la caída de las importaciones Fuente: Archivo

Varios economistas afirman que tiene un sesgo que desincentiva las ventas al exterior; el Gobierno lo defiende

Tras la caída en la actividad económica y la suba del dólar, el año pasado cerró con un superávit comercial de US$15.990 millones. Ese balance positivo entre exportaciones e importaciones se asienta principalmente en el derrumbe anual de lo que los argentinos le compran al mundo (-25%). Lo que se vende afuera, en cambio, solo logró avanzar 5,4%. Las exportaciones están aún 21,5% por debajo del pico que lograron en 2011.

Pese al intento de “motorizar las exportaciones” que expuso Alberto Fernández en su discurso de asunción, el plan de estabilización que presentó el Gobierno -más allá del contexto mundial- desincentiva el crecimiento de las ventas de productos argentinos en el exterior, como también la liquidación de dólares en el mercado oficial. En ese camino, varios economistas consultados por LA NACION afirman que, hasta que surja un plan de mediano plazo, el foco de la nueva administración para cuidar el superávit comercial parece estar puesto en limitar las importaciones.

Entre las medidas que buscan frenar la inestabilidad generada en los últimos dos años, pero que podrían afectar el comercio exterior, está el congelamiento del dólar comercial en un contexto de elevada inflación mensual. Sin embargo, para muchos hay aún un colchón.

El Gobierno decidió además un aumento de las retenciones al campo, el sector más competitivo, y dejó sin efecto el consenso fiscal, lo que habilitó subas del impuesto a los ingresos brutos en las provincias, en un contexto de alta presión tributaria. La ley de solidaridad social frenó varias reducciones de impuestos.

También surgieron cambios regulatorios que generan incertidumbre entre los exportadores, como la resolución que dejó sin efecto la ley de economía del conocimiento, un sector clave en la generación de divisas, así como el turismo receptivo, que sigue creciendo, pero que -con brecha cambiaria entre dólar oficial e informal- incentiva a turistas a vender dólares en el mercado negro.

En ese contexto, la aplicación de nuevas licencias no automáticas se suma al nuevo impuesto al dólar para morigerar importaciones.

Sin poder lograr las reformas estructurales de largo plazo para motorizar exportaciones, el Gobierno prioriza impulsar un superávit basado en el control de las ventas al exterior.

La visión oficial

En el Ministerio de Desarrollo Productivo no coinciden. Según la mirada oficial, un plan ordenador de la economía, de estabilidad cambiaria y de reducción de las tasas de interés que permita producir y crecer es el primer paso para exportar. “Ningún empresario vino a pedirnos por los impuestos. Nos piden que bajen las tasas”, comentaron cerca de Matías Kulfas, donde remarcaron además que enviarán un proyecto para fomentar las exportaciones de hidrocarburos y remarcaron que aún se hallan en esa fase de “estabilización”.

“Las primeras medidas muestran cierta responsabilidad fiscal y voluntad de pago, pero son cortoplacistas”, afirmó Gabriel Zelpo, economista de la consultora Seido. “Están ganando tiempo y el mediano plazo eventualmente llega. Tienen que moverse rápido. Con esto se castigaron fuertemente las exportaciones, porque hay más impuestos, controles de capitales y de importaciones. Todo esto tiene un efecto negativo e incrementará el sesgo antiexportador en una economía que es de las más cerradas del mundo”, afirmó el experto.

“Sigue observándose que se privilegian el enfoque cortoplacista y la corrección de los síntomas, más que de las causas”, indicó Gabriel Caamaño, economista de Estudio Ledesma. “Todo esto justifica los parches sobre las reformas estructurales y medidas que buscan resultados rápidos por sobre esquemas consistentes que prioricen la sustentabilidad de los procesos. Hay dos ideas rectoras: estabilización y consolidación fiscal, con el esfuerzo clave por el lado de los impuestos”, comentó.

“El Gobierno está enfocado en mejorar el consumo del sector de ingresos bajos, pero la inversión en bienes transables y exportaciones brilla por su ausencia”, estimó Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina. “La mayor presión tributaria, a través de retenciones e Ingresos Brutos, tiene un sesgo antiexportador. El Gobierno busca cristalizar o congelar el superávit comercial por el lado de las importaciones porque sabe que las exportaciones son un tema de largo plazo. Por eso aparecen las trabas y los impuestos”, agregó el economista. Para Sigaut Gravina, un dólar mayorista anclado en $60, con brecha en torno al 30% y suba de retenciones, dice una sola cosa: desestímulo a las exportaciones. Pero sí hay incentivo a importar.

“Reprimir la demanda de divisas en el mercado tiende al atraso cambiario. Si subsisten las presiones inflacionarias, ese atraso puede darse de forma más rápida”, dijo Jorge Vasconcelos, economista del Ieral. “Hay evidencia clara de los problemas de competitividad”, dice, y cierra: “En la recesión de Brasil, el país no pudo desplazar exportaciones industriales a terceros mercados. Y en nuestra recesión, la salida exportadora fue a cuentagotas. En los números hay gran capacidad ociosa, pero lo que podrían producir esas fábricas tiene poco éxito en el mercado exterior”.

Guido Lorenzo, director de LCG, coincide, pero matiza. “Hace ocho meses que las exportaciones crecen en volumen. Es razonable tener el dólar quieto unos meses para calmar la inflación. El riesgo de la inestabilidad es alto. El problema es el enamoramiento de estas herramientas. Respecto de las retenciones, estuvieron más altas. El agro es un sector poco elástico en su producción respecto de un rango de retenciones razonable”, concluyó.

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